Hacerse rico es el sueño de todo ser vivo que se precie —por lo menos de casi todos (¡aunque hay algunos que son más “vivos” que otros!)—, una aspiración absolutamente legítima e irreprochable de la que todos participamos en la medida de nuestras posibilidades. Pero… ¿qué es realmente la riqueza? Normalmente asumimos que consiste en la acumulación de capital y bienes materiales concentrados bajo el dominio de un individuo particular. Sin embargo, no es ni de lejos la única forma de considerarla.
Pensemos, por ejemplo, en el aire que respiramos. La teoría económica nos dirá que el aire es un bien abundante cuyo usufructo no acepta ningún tipo de restricción. Es decir, el aire no puede ser comercializado, y con eso zanjamos la cuestión. Ahora bien, eso no significa que disponer de aire puro, o al menos respirable, no tenga un coste económico contante y sonante. En verdad, el hecho de que la humanidad y los demás seres vivientes cuenten con suficiente aire para poder subsistir posee un valor altísimo (sí, sí, en euros). Seguramente trillones y trillones y trillones (ningún libro de contabilidad sería capaz de recoger una cantidad tan astronómica de ceros). No existe ninguna empresa aseguradora, banco, ser humano alguno que pueda asumir el coste real que supondría. Pero claro, como el aire no puede ser almacenado bajo el colchón tendemos a pensar que es “gratis”, cuando en realidad lo que significa es que… pertenece a todos. (más…)








