El jardín del exilio

3 diciembre, 2016

El odio subyacente

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 10:06 am
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odioNo existe mayor perversión que aquella que niega la realidad asumiéndola como si ella misma no estuviera siendo negada, dándole una pátina superficial que la camufla de lo contrario. Así pues, cuando el poder que nos subyuga consigue convencernos de que tal poder no existe, de que sus prescripciones son en realidad un ejercicio espontáneo de nuestra libertad, podemos estar seguros de que ha alcanzado el mayor grado de perfección y victoria al que se puede aspirar. En ese momento el individuo queda totalmente aniquilado; es el fin de la existencia como acto sublime de la creación. El cinismo y la mentira han triunfado en toda su plenitud.

En este escenario desolador, el sucedáneo de individuo que cree ser tal se maneja por el mundo convencido de la solidez de una realidad cuya percepción apenas tiene substancia. Este individuo desposeído de sí mismo cree a pies juntillas que es libre, que ha superado el machismo, la xenofobia o el racismo. Cree incluso que su sistema de valores tiene algo que ver con la democracia. La realidad que le han prefabricado y lo envuelve hasta en sus actos más cotidianos e ínfimos así parece confirmárselo. Pero nada de cuanto le circunda y asedia de la mañana a la noche lo ha decidido él, todo le viene dado, es decir: pensado, producido y empaquetado para que pueda consumirlo y sentirse «libre».

Son muchos los que se asombran de la emergencia imparable de los fascismos por todo el mundo, o de la elección en EE.UU. de un personaje como Donald Trump. ¿Cómo es posible? ¿Cómo se explica que un negro le vote a un supremacista blanco, una mujer a un misógino, un extranjero a un xenófobo o un pobre a un multimillonario que se vanagloria de no pagar impuestos? Es de locos. Pero, por otro lado, es una consecuencia bastante previsible. (more…)

23 octubre, 2016

La muerte de la socialdemocracia

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 5:15 pm
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rosa-desangradaDespués de una virulenta, agotadora e infructífera batalla ideológica, librada ya desde los albores del Siglo XIX, se pongan como se pongan los más acérrimos defensores marxistas o socialistas, la dolorosa verdad no es otra que esta: la izquierda nunca ha sido capaz de ofrecer una alternativa real al capitalismo, a todas las injusticias y sufrimiento que provoca a millones de excluidos, a quienes niega el derecho a una existencia digna. La caída del Muro de Berlín en 1989 certificó de un plumazo lo que todo el mundo ya sospechaba: el comunismo estaba destinado a hundirse bajo el peso descomunal de su enorme e ineficaz maquinaria burocrática. Y lo peor de todo: no fue ni por asomo más justo que el capitalismo. Era el fin de la gran utopía de la clase obrera. Aunque… ¿fue algún día un sueño de la clase obrera? ¿Soñaba el proletariado de verdad con el comunismo? Lo pongo en duda. Quizá con una situación algo más justa, pero no necesariamente con el comunismo.

Así las cosas, aunque ya mucho antes de la caída del Muro, una izquierda realista se acogió a la socialdemocracia como último bastión de su discurso en favor de las clases medias y trabajadoras: su buque insignia, el estado de bienestar. La estrategia consistía en presentar una cara más amable y dulcificada del capitalismo, un capitalismo cuyos excesos serían corregidos por un estado democrático fuerte y al servicio de los ciudadanos. Más aún: se alentó la idea de que el capitalismo, bien regulado, obraba en beneficio de todos; era algo bueno y saludable, casi lo natural…

Entonces vino el segundo varapalo para la izquierda, de hecho, su tiro de gracia: la gran crisis del 2008. La dicotomía consistía en lo siguiente: el enorme tinglado del estado del bienestar dependía de que el gran capital pudiera seguir creciendo en manos de una minoría privilegiada. Porque, bueno, si tenemos hospitales, colegios, seguridad, prestaciones por desempleo y jubilaciones garantizadas para todos ¿a quién le importa? Ah, pero —algo que parecía impensable hasta no hace mucho— ¿y si el gran capital de repente se ve amenazado? Pues hay que rescatarlo, recuerda: tu bienestar depende de su buena salud… Entonces los gobiernos de todo el mundo, con los de signo socialdemócrata a la cabeza, detrajeron recursos que los estados destinaban a prestaciones sociales para salvar al sistema de la quiebra o, lo que es lo mismo, la posición de privilegio de las élites capitalistas. Para que quede claro: si un gobierno socialdemócrata, ese que defiende tan apasionadamente los derechos sociales y la igualdad, en última instancia se ve obligado a elegir entre una reducida minoría y millones de ciudadanos pobres y de clase media… la propia lógica de sus tesis lo empuja irremisiblemente a alinearse con los poderosos. La socialdemocracia está acabada. Lo cual también significa que es el final de esa bonita idea del estado del bienestar. (more…)

27 agosto, 2016

Las tres caras de los transgénicos

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 1:33 pm
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TransgénicosLa vida es un milagro de proporciones épicas. Viene abriéndose paso desde hace cientos de millones de años ante un mundo que la pone constantemente a prueba. La extraordinaria presión a la que está sometida por los estrictos dictados de la supervivencia la conmina a adaptarse sin paliativos, a abrirse a posibilidades insospechadas, a mezclarse, innovar, explorar a tientas caminos desconocidos, fracasar, volver a empezar, dar saltos evolutivos desconcertantes o llegar hasta el límite de sus fuerzas con tal de lograr un equilibrio precario con el entorno. Porque, al final, no existe nada más precario que la propia vida. Ni más precioso.

Las cosas no suceden porque sí. Los organismos vivos liberan todos los días millones de mutaciones genéticas que son filtradas por el fino colador de la supervivencia de las especies. Solo unas pocas mutaciones sobreviven y arraigan; es necesario que una misma mutación se produzca en varios organismos a la vez y que esta, en un espacio muy determinado, genere en sus descendientes una inesperada ventaja competitiva. Es como si habláramos de un gigantesco experimento científico basado en un procedimiento aleatorio y casi infinito de ensayo-error. En cierto sentido, la vida se asemeja a esa voluntad ciega y arrolladora que describía Schopenhauer. No hay una antorcha que guíe su camino, la vida progresa dándose cabezazos contra un muro.

Ahora bien, ¿cuál es el problema de consumir un alimento al que se le ha introducido una mutación genética, un alimento transgénico? Todos los alimentos han llegado hasta su estado actual a través de millones de mutaciones, por tanto resultaría difícil esperar que alguien elija objetar precisamente esta circunstancia a la hora de consumir un alimento. Pero, sí, contra todo pronóstico es lo que sucede. Así que, de una vez: ¿cuál es el problema? Se dice que los transgénicos producen cáncer u otros efectos adversos para la salud, o incluso que pueden provocar mutaciones genéticas inesperadas en nuestros hijos. «¡Pero si le ponen proteínas del cerdo a los cereales!», se escucha comentar por ahí. No obstante, si comemos cereales y no nos hacen daño, y comemos carne de cerdo y no nos hace daño, ¿por qué vamos a suponer que una combinación ínfima de ambos nos va a perjudicar? No. La suposición de que los transgénicos de algún modo menoscaban nuestra salud no tiene ninguna base científica. Ninguna. (more…)

23 julio, 2016

Sí, la igualdad

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 12:17 pm
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Igualdad IIImagínate que todos fuéramos iguales. Aguarda: aunque no te lo creas, es necesario hacer un ejercicio de imaginación, porque nunca, NUNCA, ha existido en el mundo algo parecido a la igualdad (bueno, quizá en los albores de la prehistoria o en las sociedades de cazadores-recolectores). Sí, ya sé que estás a favor de ella, que crees firmemente en sus principios y que te figuras que todos lo somos. No esperaba menos. Pero, así y todo… imagínate por un momento que todos somos iguales… A ver qué pasa.

Imagínate que tú eres, no sé, carpintero, y que yo soy, por ejemplo, albañil. Tú y yo somos iguales, de modo que intercambiamos servicios libremente, de igual para igual. Tu trabajo vale tanto como el mío; pongamos que tú me confeccionas y me montas una cocina y yo te hago una reforma del baño. Nos damos la mano y, después del intercambio, ni tú me debes nada ni yo te lo debo a ti. Porque, es lógico, somos iguales.

Eso no quiere decir que tú no puedas ser más rico que yo, o lo contrario. Habría dos maneras de que esto sucediera.

a) Tú eres más currante que yo. Empleas más horas de trabajo, luego sacas más beneficios.
b) Tu trabajo es más cualificado. Has invertido muchas más horas que yo en formación, luego tu trabajo vale más que el mío y sacarías más rendimientos aunque ambos trabajáramos las mismas horas.

Una sociedad donde imperara un tipo de igualdad radical como el que acabamos de describir estaría vacunada de plano contra los grandes desequilibrios sociales y de clases. Sería imposible que se dieran en una proporción que llegara a desestabilizarla. Aunque, insisto, las complejidades de cada individuo harían inevitables situaciones de conflicto y agravios comparativos. No estoy describiendo un mundo ideal, ni lo pretendo. De eso no hay quien nos salve. (more…)

3 julio, 2016

Yo, el fracaso de la democracia

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 12:38 pm
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urna-con-mecha-iranelectionNo cabe la menor duda de que, preguntados sobre si nos consideramos demócratas, nuestra respuesta será abrumadoramente afirmativa. Es evidente, solo alguien que esté mal de la cabeza contestaría lo contrario. Todos somos demócratas, el mundo está lleno de demócratas, de gente que respeta a los demás, los derechos humanos, que es dialogante, educada, sincera, guapa…

Pero no. Ojalá. La verdad, muy por el contrario, es esta: nuestros valores no valen un pimiento. Porque todo, absolutamente todo, siquiera para ser considerado, primero debe pasar por la gran trituradora de esa ideología imperante que ya nadie cuestiona y cuya máxima establece de forma inapelable que primero, segundo y tercero está lo que me sea más ancho, y luego ya veremos. Visto así, a bote pronto, tampoco parece una mala estrategia, siempre y cuando mi yo sea capaz de proyectarse hacia horizontes que vayan un poco más allá de mis propias narices. Pero, no, no es el caso. No puede serlo.

La medida es el yo inmediato, cortoplacista, provisional, efímero. No hay tiempo para más, el mundo se equilibra en una carrera a toda pastilla encima de un alambre de funambulista. Hay que andarse muy fino, se requieren muchos escorzos y requiebros. Claro que sí, soy demócrata, liberal, ecologista, lo que haga falta… pero eso lo dije hace un rato, qué se le va hacer, ahora mismo me asedian otros intereses. Viene a ser una nueva vuelta de tuerca a eso tan de moda que llaman «vivir el ahora». De tal modo que de lo que se trata más bien es de vivir el ya, sin ninguna referencia al pasado, me basta con saber a qué le puedo —yo— sacar tajada en este preciso instante —ya, deprisa—. ¿Un pasado? No dramaticemos: me lo puedo inventar —yo, ahora, ya—. Vivimos en lo que muy acertadamente el veterano pensador Zygmunt Bauman ha definido como realidad líquida, todo a nuestro alrededor se nos escurre entre los dedos: nuestra identidad, nuestras creencias, nuestras relaciones, nuestras certezas, nuestros valores. Todo lo que tenemos por delante es un inmenso erial de arenas movedizas, nada para en pie por mucho tiempo, todo se hunde sin remedio en el fango de la provisionalidad, del oportunismo, de lo fútil. De la carroña. (more…)

13 abril, 2016

De por qué deberías (intentar) usar un sistema operativo libre

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 5:14 pm
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Software libreImaginemos por un momento que un sistema operativo es como una casa en la que te instalas para vivir. Para que el símil nos proporcione más posibilidades narrativas, supondremos que la «casa» incluye el hardware, es decir, el propio ordenador en que viene instalado.

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Sales por ahí con la intención de comprarte una casa después de haber valorado las ofertas disponibles en el mercado. No hay color; la abrumadora mayoría de las viviendas que ves son Windows, están por todas partes, en todos los catálogos. La conclusión es inevitable: si casi todo el mundo tiene Windows ¿por qué voy yo a ser menos? Será por algo, será porque las casas Windows son las mejores.

En efecto, Windows ofrece una gama de viviendas casi ilimitada, las hay para todos los gustos, es imposible no encontrar una que se adapte a tus necesidades. Es más, descubres que los ingenieros que trabajan para Windows se desviven en la tarea de averiguar tus gustos, caprichos y apetencias, por mínimos que puedan parecer. Las casas Windows están diseñadas a conciencia para que entren por los ojos: los colores, la música, las sensaciones, las ingentes posibilidades de personalización, accesorios, muebles y juegos de todo tipo. No hay cómo resistirse. Ah, la gente de Windows empieza a caernos bien, nos cuesta creer lo enrollados que son. (more…)

12 marzo, 2016

Ni ser ni no ser (¿entonces qué?)

Ser o no ser

Fue quizá el príncipe Hamlet, el inmortal personaje creado por Shakespeare, quien mejor resumió la cuestión central de la existencia humana con su icónica y, podríamos añadir, desesperada frase: ser o no ser. Es decir, y ni más ni menos: ¿qué somos en realidad? O, lo que es lo mismo, ¿qué no somos? Más aún: ¿por qué deberíamos ser o, en su caso, no ser? De modo que, planteado en estos términos, queda claro que estamos abocados a una cosa o a la otra. He aquí la cuestión, he aquí nuestra condena inapelable.

El problema del ser (en definitiva, qué son las cosas en sí mismas y, por extensión, cada uno de nosotros) ha ocupado a la filosofía occidental desde sus inicios, fue el tema por excelencia del clasicismo griego. Son célebres las muchas disquisiciones y teorías de los filósofos clásicos alrededor de este espinoso asunto. Sin embargo, en mi humilde opinión, la filosofía oriental ha resuelto con mayor solvencia el dilema del ser. Para el Budismo, en concreto, los fenómenos no son más que una confluencia de causas complejas que emergen ante nuestros sentidos, adquiriendo de esta guisa una existencia aparente: aquella que le otorga nuestra percepción. Es decir, por detrás del ser no hay nada, no hay una entidad a la que podamos identificar, más que como una mera apariencia etiquetada por nuestra mente. (more…)

1 enero, 2016

Festejar la vida

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 11:30 am
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Vuelvo a casa de madrugada después de haber bailado y cantado todo lo que pude durante la fiesta de Fin de Año. Me acuesto, pero no tengo sueño, se me ha metido en el cuerpo una sensación de indignación de la que no puedo desprenderme.

Una cena especial de Noche Vieja como mandan los cánones, con buena comida y bebida. Alegría, ganas de divertirse y de pasarlo bien junto a los seres queridos. Bailamos, cantamos, reímos; los pequeños, los mayores; el espíritu es de fiesta. Se acercan las campanadas, con regocijo nos preparamos para recibir el nuevo año; las uvas, los abrazos, los buenos deseos, más motivos para la fiesta. ¿Qué nos falta? ¡Ah, sí, los fuegos! Abrimos las ventanas de par en par dispuestos a contemplar el espectáculo desde las privilegiadas vistas de las que disfrutamos; queremos ver el cielo iluminado de colores, dejarnos ensordecer por el fragor de las explosiones, embriagarnos con el olor de la pólvora, como si invocáramos a los dioses de la vida para que nos bendigan en un ritual pagano y transgresor. Pero al final nos damos de bruces con una gran decepción: solo dos o tres voladores irrumpen tristes y solitarios en el recién estrenado cielo nocturno del 2016; nos miramos entre nosotros, extrañados, incrédulos. “Es que estamos en crisis”, recuerda alguien, “el ayuntamiento ya no tiene dinero para cosas como estas”. (more…)

30 octubre, 2015

Generosidad

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 9:54 am
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GenerosidadDesde muy pequeños ya te lo dejan claro. En este mundo sólo hay lugar para dos clases de personas: los ganadores y los perdedores. No hay margen para el error o el despiste; si no espabilas terminas el último de la cola, pisoteado por todos y sin remisión, humillado y vilipendiado. En esa patria de inocencia perpetua que es la niñez resulta chocante el día menos pensado recibir a bocajarro la “dura realidad”, lo despiadado del mundo, en una especie de malévolo rito iniciático. Un escupitajo en toda la cara. “Es lo que hay”, oyes suspirar a alguien. Y ahí queda la cosa. Puede que hayas quedado marcado para el resto de tu vida, pero ¿qué se puede hacer? Ahí queda la cosa, es la historia que contaremos a nuestros hijos y la que éstos contarán a los suyos.

Uno llega a la adolescencia herido de muerte, y no es que esté prohibido practicar el bien, entiéndase: si es dentro del círculo más estricto de “los tuyos” o unos minutos después de la misa de los domingos; o llorar: si lo provoca un melodrama o la canción de Eurovisión. Ahora bien: “la realidad” es otra cosa, es decir, una especie de aparte donde los grandes principios han sido desterrados. ¿La filosofía? ¿La poesía? ¿El altruismo? Todo muy bonito y noble pero, nanai, milongas para hacer dormir a las vacas; aquí lo único que cuenta son las monedas que puedas hacer tintinear sobre la mesa, o nada. (more…)

3 julio, 2015

El cambio en estos tiempos que nos han tocado vivir

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 10:42 am
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serveimageEn mi época de estudiante a menudo me deparaba con un problema desconcertante respecto a la disciplina de Historia. No conseguía deshacerme de una sensación un tanto vaga de perplejidad, como si incomprensiblemente “algo” no terminara de encajar. Hasta que un día, por fin, me di cuenta de qué se trataba. Estábamos dando la época de la Roma Clásica, más concretamente su periodo final de decadencia, cuando, de una forma un tanto inusual, completamos el tema a mitad de clase para en seguida comenzar con la Edad Media. Cuando giré la página, de inmediato me invadió una profunda sensación de extrañeza. El libro de texto realizaba el paso de una época a otra de golpe, sin ninguna transición: pasaba de presentar imágenes típicas de la Edad Antigua Romana, con toda su parafernalia y estética características (gente con toga, templos soportados por grandes columnas cilíndricas al estilo ateniense, soldados con penachos rojos y espadas cortas), para a continuación ofrecer otras plagadas de castillos con altas torres almenadas y caballeros cubiertos de complicadas armaduras de acero. ¿Qué había sucedido? ¿Acaso debíamos suponer que la historia humana se desarrollaba como si nos encontráramos en un teatro, donde se corre el telón para en el acto siguiente, como por arte de magia, aparecer un escenario apenas coincidente con el anterior?

Mucho más tarde comprendí que es precisamente en esos procesos de transición donde se sustancian los elementos esenciales para entender de verdad el discurrir de la historia y que esas imágenes estandarizadas de cada momento (que muchas veces nos encontramos en los libros de texto o en las películas) apenas constituyen estereotipos para mentes perezosas, demasiado proclives a dar por sentada la complejidad del mundo que nos envuelve. (more…)

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