El jardín del exilio

17 marzo, 2017

La igualdad, el pastel y el hambre

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 7:54 pm
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Reparto del pastelEn estos días está teniendo lugar uno de esos debates que no conducen a nada, de esos que vienen con el sello inconfundible de esta modernidad —líquida, que diría Zygmunt Bauman que nos ha tocado vivir: sin matices, sin perspectiva histórica y flotando en la más absoluta superficialidad de los datos (lo que, ni más ni menos, viene a ser la tan mentada post-verdad). En estos días la gente se pregunta, no sin algo de razón, por qué el gobierno —de las comunidades autónomas en este caso, aunque con la complicidad del gobierno central— se ha sacado de la manga la ocurrencia de que las herencias deben estar gravadas con impuestos. Y, bueno, ha prendido la indignación. Dicen, «no tiene sentido, los bienes que yo lego a mi muerte ya se llevaron en su día la mordida correspondiente de Hacienda, ¿a santo de qué nos vienen ahora con eso de que debemos volver apagar por ellos?, ¡es una medida confiscatoria!»

Quemados por la llama insaciable de los recortes sociales y presupuestarios al uso, ya lo que nos faltaba —se sigue escuchando por ahí— es que nos crujan por dejarle una pequeña herencia a nuestros hijos, castigados como están, y como si fuera poco, por el paro y la precariedad laboral. La cosa se ha ido calentando y ya han surgido campañas de recogidas de firmas en Internet y hasta se ha convocado una manifestación.

Inhalo profundamente y, a continuación, no puedo evitar soltar un largo y fatigado suspiro. No, la cuestión que subyace a este asunto no puede ventilarse en dos líneas, por mucho que así lo demande la cultura (in)mediática del titular fácil y la crónica irreflexiva. Fíjense por dónde, haría falta recuperar ese arte milenario, ya casi olvidado, de tomar cierta distancia de las cosas y, en el silencio del amor —como diría el inolvidable rey del desierto de Ciudadela, de Antoine de Saint-Exupéry—, sopesar cuidadosamente los elementos que se presentan a juicio, sin restar un ápice a sus contradicciones intrínsecas. Qué lujo.

Tomemos distancia, pues. (more…)

8 enero, 2017

No, la renta básica no te va a caer del cielo

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 10:25 pm
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multinacionalesNunca se dirá lo suficiente para combatir esa autocomplacencia a la que tiende de forma irremisible el ser humano, como si de una droga anestésica se tratara. La autocomplacencia no es más que otra manifestación de ese pensamiento débil distorsionado del que les hablaba en mi anterior artículo. Seguimos en las mismas. Y seguiremos.

Al rebufo de los modismos informativos —ya se sabe cómo funciona la industria de consumo mediática—, en los últimos tiempos ha tocado hablar de la amenaza de los robots y la utomatización y el modo en que nos van a quitar el empleo. Pero, nada, ya han salido los de siempre a tranquilizarnos, no hay nada de qué preocuparse. La lógica que siguen estos especímenes autocompacientes es muy sencilla, de hecho son verdaderas auotridades del reduccionismo ramplón. La idea es esta, les va a encantar:

Sí, van a venir los robots, sí, nos van a quitar el empleo, pero, ¡amigo!, si eso sucede, si todos nos quedamos sin trabajo y sin ingresos con los que consumir ¿quién le va a comprar los productos a los ricos, a las multinacionales o a los dueños del capital? ¡Ajá!, están atrapados, pobrecillos —hasta empiezan a darnos lástima, ¿verdad?—, no les va a quedar más remedio que repartir un buen bocado de su riqueza para que el sistema siga funcionando, porque si no, ¡aaamigo!, el chiriguito se viene abajo. Y eso ellos no lo desean, no son tontos, ¡a que no!, por eso se verán abocados al callejón sin salida de impulsar, ellos, así alegremente, una renta básica universal (en adelante RBU). Bum, solucionado. Y, lo mejor de todo: nosotros no vamos a tener ni que movernos del sofá, caerá tan oportunamente como el agua de mayo. Luego de lo cual ingresaremos en una especie de Shangri-La donde todos seremos felices y comeremos perdices (seguramente congeladas, trituradas con piel y hueso y embutidas en dos rodajas de pan rancio del McDonald’s) y bla bla bla… (more…)

28 diciembre, 2016

La era la post-verdad, el no a ser libres

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 10:31 am
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miedo-a-la-libertadEl mundo se está convirtiendo en un lugar cada vez más solitario, al menos para mí. Según se puede apreciar por el uso de los móviles y las redes sociales, las personas nos comunicamos más que antes, como suele decirse, nos pasamos el día enganchados. Seguramente me he quedado obsoleto, pero mi impresión es que la cantidad ha pasado por encima de la calidad, la comunicación se ha convertido en un batiburrillo masivo de las más variadas cosas, un demasiado de aquí y de allá, sin continuidad en los asuntos, sin profundidad en los contenidos.

No quiero darles pena pero, sí, me siento solo. Me invade una soledad inmensa cuando compruebo con más frecuencia de la que me gustaría la imposibilidad de entablar una conversación mínimamente enriquecedora con alguien. En tales ocasiones, me sucede depararme con todo tipo de vaguedades, indefiniciones, contradicciones y una multitud impresionante de presunciones gratuitas, dando al traste con cualquier posibilidad de una comunicación genuina. Será impresión mía, pero percibo en la mayoría de las personas una confusión aterradora acerca de la realidad que les circunda. Concretamente he detectado dos elementos principales que, a mi juicio, dan cuenta de este desconcertante fenómeno.

El primer elemento tiene que ver con desvirtuar de un modo torticero lo que se ha dado llamar el pensamiento débil, un concepto acuñado por el filósofo italiano Gianni Vattimo. El pensamiento débil aspira a ser una herramienta de entendimiento en un mundo globalizado en el que conviven simultáneamente diversos puntos de vista, haciéndose imprescindible, en aras del pluralismo, descartar los dogmas y las fórmulas restrictivas para abrirnos a la libre interpretación de los hechos y la realidad. 

Sin embargo, la versión del pensamiento débil que se ha acabado imponiendo es una especie de relativismo sin fondo que nos lleva a considerar que, por ejemplo, todos llevamos razón, o una parte de ella, aun en el caso de que defendamos posiciones contrapuestas; todos haríamos lo mismo en circunstancias similares; en última instancia todos somos igual de hijoputas; la humanidad no ha avanzado una pizca siquiera una relación de sujeción feudal es asimilable a un moderno contrato de trabajo—; desde que el hombre es hombre siempre han existido asesinatos, corrupción, ricos y pobres, por lo tanto no hay más que resignarse; mi opinión vale tanto como la de un premio Nobel en su campo de investigación, etc. El pensamiento débil, este último tipo al menos, es como una enorme cuchilla que sega todos los matices y pone cada cosa a la altura de las demás sin ningún tipo de pudor ni consideración. Una vez que entra en escena, el diálogo está muerto. (more…)

3 diciembre, 2016

El odio subyacente

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 10:06 am
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odioNo existe mayor perversión que aquella que niega la realidad asumiéndola como si ella misma no estuviera siendo negada, dándole una pátina superficial que la camufla de lo contrario. Así pues, cuando el poder que nos subyuga consigue convencernos de que tal poder no existe, de que sus prescripciones son en realidad un ejercicio espontáneo de nuestra libertad, podemos estar seguros de que ha alcanzado el mayor grado de perfección y victoria al que se puede aspirar. En ese momento el individuo queda totalmente aniquilado; es el fin de la existencia como acto sublime de la creación. El cinismo y la mentira han triunfado en toda su plenitud.

En este escenario desolador, el sucedáneo de individuo que cree ser tal se maneja por el mundo convencido de la solidez de una realidad cuya percepción apenas tiene substancia. Este individuo desposeído de sí mismo cree a pies juntillas que es libre, que ha superado el machismo, la xenofobia o el racismo. Cree incluso que su sistema de valores tiene algo que ver con la democracia. La realidad que le han prefabricado y lo envuelve hasta en sus actos más cotidianos e ínfimos así parece confirmárselo. Pero nada de cuanto le circunda y asedia de la mañana a la noche lo ha decidido él, todo le viene dado, es decir: pensado, producido y empaquetado para que pueda consumirlo y sentirse «libre».

Son muchos los que se asombran de la emergencia imparable de los fascismos por todo el mundo, o de la elección en EE.UU. de un personaje como Donald Trump. ¿Cómo es posible? ¿Cómo se explica que un negro le vote a un supremacista blanco, una mujer a un misógino, un extranjero a un xenófobo o un pobre a un multimillonario que se vanagloria de no pagar impuestos? Es de locos. Pero, por otro lado, es una consecuencia bastante previsible. (more…)

23 octubre, 2016

La muerte de la socialdemocracia

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 5:15 pm
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rosa-desangradaDespués de una virulenta, agotadora e infructífera batalla ideológica, librada ya desde los albores del Siglo XIX, se pongan como se pongan los más acérrimos defensores marxistas o socialistas, la dolorosa verdad no es otra que esta: la izquierda nunca ha sido capaz de ofrecer una alternativa real al capitalismo, a todas las injusticias y sufrimiento que provoca a millones de excluidos, a quienes niega el derecho a una existencia digna. La caída del Muro de Berlín en 1989 certificó de un plumazo lo que todo el mundo ya sospechaba: el comunismo estaba destinado a hundirse bajo el peso descomunal de su enorme e ineficaz maquinaria burocrática. Y lo peor de todo: no fue ni por asomo más justo que el capitalismo. Era el fin de la gran utopía de la clase obrera. Aunque… ¿fue algún día un sueño de la clase obrera? ¿Soñaba el proletariado de verdad con el comunismo? Lo pongo en duda. Quizá con una situación algo más justa, pero no necesariamente con el comunismo.

Así las cosas, aunque ya mucho antes de la caída del Muro, una izquierda realista se acogió a la socialdemocracia como último bastión de su discurso en favor de las clases medias y trabajadoras: su buque insignia, el estado de bienestar. La estrategia consistía en presentar una cara más amable y dulcificada del capitalismo, un capitalismo cuyos excesos serían corregidos por un estado democrático fuerte y al servicio de los ciudadanos. Más aún: se alentó la idea de que el capitalismo, bien regulado, obraba en beneficio de todos; era algo bueno y saludable, casi lo natural…

Entonces vino el segundo varapalo para la izquierda, de hecho, su tiro de gracia: la gran crisis del 2008. La dicotomía consistía en lo siguiente: el enorme tinglado del estado del bienestar dependía de que el gran capital pudiera seguir creciendo en manos de una minoría privilegiada. Porque, bueno, si tenemos hospitales, colegios, seguridad, prestaciones por desempleo y jubilaciones garantizadas para todos ¿a quién le importa? Ah, pero —algo que parecía impensable hasta no hace mucho— ¿y si el gran capital de repente se ve amenazado? Pues hay que rescatarlo, recuerda: tu bienestar depende de su buena salud… Entonces los gobiernos de todo el mundo, con los de signo socialdemócrata a la cabeza, detrajeron recursos que los estados destinaban a prestaciones sociales para salvar al sistema de la quiebra o, lo que es lo mismo, la posición de privilegio de las élites capitalistas. Para que quede claro: si un gobierno socialdemócrata, ese que defiende tan apasionadamente los derechos sociales y la igualdad, en última instancia se ve obligado a elegir entre una reducida minoría y millones de ciudadanos pobres y de clase media… la propia lógica de sus tesis lo empuja irremisiblemente a alinearse con los poderosos. La socialdemocracia está acabada. Lo cual también significa que es el final de esa bonita idea del estado del bienestar. (more…)

27 agosto, 2016

Las tres caras de los transgénicos

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 1:33 pm
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TransgénicosLa vida es un milagro de proporciones épicas. Viene abriéndose paso desde hace cientos de millones de años ante un mundo que la pone constantemente a prueba. La extraordinaria presión a la que está sometida por los estrictos dictados de la supervivencia la conmina a adaptarse sin paliativos, a abrirse a posibilidades insospechadas, a mezclarse, innovar, explorar a tientas caminos desconocidos, fracasar, volver a empezar, dar saltos evolutivos desconcertantes o llegar hasta el límite de sus fuerzas con tal de lograr un equilibrio precario con el entorno. Porque, al final, no existe nada más precario que la propia vida. Ni más precioso.

Las cosas no suceden porque sí. Los organismos vivos liberan todos los días millones de mutaciones genéticas que son filtradas por el fino colador de la supervivencia de las especies. Solo unas pocas mutaciones sobreviven y arraigan; es necesario que una misma mutación se produzca en varios organismos a la vez y que esta, en un espacio muy determinado, genere en sus descendientes una inesperada ventaja competitiva. Es como si habláramos de un gigantesco experimento científico basado en un procedimiento aleatorio y casi infinito de ensayo-error. En cierto sentido, la vida se asemeja a esa voluntad ciega y arrolladora que describía Schopenhauer. No hay una antorcha que guíe su camino, la vida progresa dándose cabezazos contra un muro.

Ahora bien, ¿cuál es el problema de consumir un alimento al que se le ha introducido una mutación genética, un alimento transgénico? Todos los alimentos han llegado hasta su estado actual a través de millones de mutaciones, por tanto resultaría difícil esperar que alguien elija objetar precisamente esta circunstancia a la hora de consumir un alimento. Pero, sí, contra todo pronóstico es lo que sucede. Así que, de una vez: ¿cuál es el problema? Se dice que los transgénicos producen cáncer u otros efectos adversos para la salud, o incluso que pueden provocar mutaciones genéticas inesperadas en nuestros hijos. «¡Pero si le ponen proteínas del cerdo a los cereales!», se escucha comentar por ahí. No obstante, si comemos cereales y no nos hacen daño, y comemos carne de cerdo y no nos hace daño, ¿por qué vamos a suponer que una combinación ínfima de ambos nos va a perjudicar? No. La suposición de que los transgénicos de algún modo menoscaban nuestra salud no tiene ninguna base científica. Ninguna. (more…)

23 julio, 2016

Sí, la igualdad

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 12:17 pm
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Igualdad IIImagínate que todos fuéramos iguales. Aguarda: aunque no te lo creas, es necesario hacer un ejercicio de imaginación, porque nunca, NUNCA, ha existido en el mundo algo parecido a la igualdad (bueno, quizá en los albores de la prehistoria o en las sociedades de cazadores-recolectores). Sí, ya sé que estás a favor de ella, que crees firmemente en sus principios y que te figuras que todos lo somos. No esperaba menos. Pero, así y todo… imagínate por un momento que todos somos iguales… A ver qué pasa.

Imagínate que tú eres, no sé, carpintero, y que yo soy, por ejemplo, albañil. Tú y yo somos iguales, de modo que intercambiamos servicios libremente, de igual para igual. Tu trabajo vale tanto como el mío; pongamos que tú me confeccionas y me montas una cocina y yo te hago una reforma del baño. Nos damos la mano y, después del intercambio, ni tú me debes nada ni yo te lo debo a ti. Porque, es lógico, somos iguales.

Eso no quiere decir que tú no puedas ser más rico que yo, o lo contrario. Habría dos maneras de que esto sucediera.

a) Tú eres más currante que yo. Empleas más horas de trabajo, luego sacas más beneficios.
b) Tu trabajo es más cualificado. Has invertido muchas más horas que yo en formación, luego tu trabajo vale más que el mío y sacarías más rendimientos aunque ambos trabajáramos las mismas horas.

Una sociedad donde imperara un tipo de igualdad radical como el que acabamos de describir estaría vacunada de plano contra los grandes desequilibrios sociales y de clases. Sería imposible que se dieran en una proporción que llegara a desestabilizarla. Aunque, insisto, las complejidades de cada individuo harían inevitables situaciones de conflicto y agravios comparativos. No estoy describiendo un mundo ideal, ni lo pretendo. De eso no hay quien nos salve. (more…)

3 julio, 2016

Yo, el fracaso de la democracia

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 12:38 pm
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urna-con-mecha-iranelectionNo cabe la menor duda de que, preguntados sobre si nos consideramos demócratas, nuestra respuesta será abrumadoramente afirmativa. Es evidente, solo alguien que esté mal de la cabeza contestaría lo contrario. Todos somos demócratas, el mundo está lleno de demócratas, de gente que respeta a los demás, los derechos humanos, que es dialogante, educada, sincera, guapa…

Pero no. Ojalá. La verdad, muy por el contrario, es esta: nuestros valores no valen un pimiento. Porque todo, absolutamente todo, siquiera para ser considerado, primero debe pasar por la gran trituradora de esa ideología imperante que ya nadie cuestiona y cuya máxima establece de forma inapelable que primero, segundo y tercero está lo que me sea más ancho, y luego ya veremos. Visto así, a bote pronto, tampoco parece una mala estrategia, siempre y cuando mi yo sea capaz de proyectarse hacia horizontes que vayan un poco más allá de mis propias narices. Pero, no, no es el caso. No puede serlo.

La medida es el yo inmediato, cortoplacista, provisional, efímero. No hay tiempo para más, el mundo se equilibra en una carrera a toda pastilla encima de un alambre de funambulista. Hay que andarse muy fino, se requieren muchos escorzos y requiebros. Claro que sí, soy demócrata, liberal, ecologista, lo que haga falta… pero eso lo dije hace un rato, qué se le va hacer, ahora mismo me asedian otros intereses. Viene a ser una nueva vuelta de tuerca a eso tan de moda que llaman «vivir el ahora». De tal modo que de lo que se trata más bien es de vivir el ya, sin ninguna referencia al pasado, me basta con saber a qué le puedo —yo— sacar tajada en este preciso instante —ya, deprisa—. ¿Un pasado? No dramaticemos: me lo puedo inventar —yo, ahora, ya—. Vivimos en lo que muy acertadamente el veterano pensador Zygmunt Bauman ha definido como realidad líquida, todo a nuestro alrededor se nos escurre entre los dedos: nuestra identidad, nuestras creencias, nuestras relaciones, nuestras certezas, nuestros valores. Todo lo que tenemos por delante es un inmenso erial de arenas movedizas, nada para en pie por mucho tiempo, todo se hunde sin remedio en el fango de la provisionalidad, del oportunismo, de lo fútil. De la carroña. (more…)

13 abril, 2016

De por qué deberías (intentar) usar un sistema operativo libre

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 5:14 pm
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Software libreImaginemos por un momento que un sistema operativo es como una casa en la que te instalas para vivir. Para que el símil nos proporcione más posibilidades narrativas, supondremos que la «casa» incluye el hardware, es decir, el propio ordenador en que viene instalado.

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Sales por ahí con la intención de comprarte una casa después de haber valorado las ofertas disponibles en el mercado. No hay color; la abrumadora mayoría de las viviendas que ves son Windows, están por todas partes, en todos los catálogos. La conclusión es inevitable: si casi todo el mundo tiene Windows ¿por qué voy yo a ser menos? Será por algo, será porque las casas Windows son las mejores.

En efecto, Windows ofrece una gama de viviendas casi ilimitada, las hay para todos los gustos, es imposible no encontrar una que se adapte a tus necesidades. Es más, descubres que los ingenieros que trabajan para Windows se desviven en la tarea de averiguar tus gustos, caprichos y apetencias, por mínimos que puedan parecer. Las casas Windows están diseñadas a conciencia para que entren por los ojos: los colores, la música, las sensaciones, las ingentes posibilidades de personalización, accesorios, muebles y juegos de todo tipo. No hay cómo resistirse. Ah, la gente de Windows empieza a caernos bien, nos cuesta creer lo enrollados que son. (more…)

12 marzo, 2016

Ni ser ni no ser (¿entonces qué?)

Ser o no ser

Fue quizá el príncipe Hamlet, el inmortal personaje creado por Shakespeare, quien mejor resumió la cuestión central de la existencia humana con su icónica y, podríamos añadir, desesperada frase: ser o no ser. Es decir, y ni más ni menos: ¿qué somos en realidad? O, lo que es lo mismo, ¿qué no somos? Más aún: ¿por qué deberíamos ser o, en su caso, no ser? De modo que, planteado en estos términos, queda claro que estamos abocados a una cosa o a la otra. He aquí la cuestión, he aquí nuestra condena inapelable.

El problema del ser (en definitiva, qué son las cosas en sí mismas y, por extensión, cada uno de nosotros) ha ocupado a la filosofía occidental desde sus inicios, fue el tema por excelencia del clasicismo griego. Son célebres las muchas disquisiciones y teorías de los filósofos clásicos alrededor de este espinoso asunto. Sin embargo, en mi humilde opinión, la filosofía oriental ha resuelto con mayor solvencia el dilema del ser. Para el Budismo, en concreto, los fenómenos no son más que una confluencia de causas complejas que emergen ante nuestros sentidos, adquiriendo de esta guisa una existencia aparente: aquella que le otorga nuestra percepción. Es decir, por detrás del ser no hay nada, no hay una entidad a la que podamos identificar, más que como una mera apariencia etiquetada por nuestra mente. (more…)

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