El jardín del exilio

11 noviembre, 2011

Oh, cielos, otra vez la economía…

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 6:11 pm

En estos tiempos en los que la economía parece ocupar el centro de todos los debates, como si fuera la única cosa de importancia en el mundo, el común de los mortales nos hemos lanzado a devorar todo tipo de información relativa a ella con la esperanza de poder entender algo de lo que está sucediendo. Es una pena, porque podríamos dedicarnos a reflexionar sobre asuntos de mucha mayor relevancia; por ejemplo, en el modo tan peculiar que tenemos la mayoría de desperdiciar nuestras vidas trabajando ocho o diez horas diarias en algo que odiamos y en lo que empeñamos una buena parte de nuestra salud, y, total, para producir cosas o prestar servicios cuya demanda posiblemente esté cubierta. También podríamos sustraer tiempo al debate económico para dedicar unos minutos a las miles de personas que se mueren de hambre en el mundo, pese a que la cantidad de alimentos que los países desarrollados desechamos bastaría para alimentarlos a todos, o incluso para preocuparnos por el negro futuro que le estamos construyendo a nuestros hijos.

Resulta incomprensible que nos hayamos cegado hasta tal punto y que ya no seamos capaces de vislumbrar nada más allá de esta supuesta crisis económica que tanto parece afectarnos. Y digo supuesta porque en el fondo de la misma no hay nada, excepto una estupidez monumental. A lo mejor te encuentras perdido y te sientes incapaz de entender la compleja trama financiera que nos ha conducido a tan desgraciada situación. Es lógico, pensarás para tus adentros, la economía se ha convertido en algo tan enrevesado que sólo alcanzan a dilucidarla unos pocos iluminados. Está bien, hablemos de economía.

Decir que el sistema económico actual es complejo es decir la verdad, pero es complejo en la misma medida que es ilógico, mejor aún, tremendamente irracional. No te culpes, llegar a entenderlo se asemeja al esfuerzo de comprender una mente psicópata. Podríamos devanarnos los sesos intentando rastrear las oscuras razones que han llevado a un enfermo mental a realizar determinado acto, pero eso no quita para que dos y dos continúe siendo cuatro, es decir, no estamos obligados a entender la mente del psicópata para ser capaces de juzgarle.

Empecemos por formular la siguiente pregunta: ¿qué harías si necesitaras dinero? Correcto, trabajar. Pero ¿de dónde crees que saca tu jefe el dinero para pagarte? Así es, de la actividad comercial de la empresa, es decir, de sus clientes. Pero, ¿y los clientes? Tendríamos que seguir indagando, pero al final de la cadena, por muy larga que ésta sea, iremos a dar en algún momento con una serie de personas que han puesto en circulación una cantidad determinada de dinero prestada por los bancos. La siguiente pregunta es obligatoria: ¿de dónde sacan los bancos el dinero? Pues, se lo imprime el Banco Central. Y aquí vamos a hacer una pausa. Está claro que el Banco Central no regala el dinero, lo que hace es venderlo… Sí, sí, como lo has oído. De forma que, resumiendo, si quieres dinero debes comprarlo… No importa que no seas tú quien lo haga personalmente, en última instancia es lo que sucede: para que puedas cobrar tu sueldo, un banco debe comprar dinero para luego ponerlo en circulación en forma de préstamos.

Comprar dinero. Es una idea sorprendente, ¿verdad? ¿Cómo se puede comprar dinero? Pensemos en ello. Si el dinero es el valor con el que compramos otras cosas, ¿cómo puede el dinero comprarse a sí mismo? Es como la pescadilla que se muerde la cola. Por ejemplo, pongamos que necesitas cien euros; voy al Banco Central y le pido que me los imprima, pero para poder hacerlo te exige algo tan sin sentido y absurdo como que le des a cambio ciento dos euros… lo cual te situaría en una posición peor de la que mantenías al principio: antes necesitabas cien euros, ¡pero es que ahora necesitas ciento dos! Es lo que se llama el tipo de interés, es decir, el valor del dinero. En este caso hemos supuesto que el tipo de interés está al 2%. Pero ¿cómo diablos podemos librarnos de ese círculo infernal? La respuesta es que nadie puede, ni siquiera los gobiernos. Es más, el caso de éstos últimos es todavía más difícil de entender. Verás, los gobiernos son los dueños de las máquinas de imprimir dinero —porque los Bancos Centrales dependen directamente de ellos— pero cuando necesitan de éste no lo cogen alargando la mano sin más, hacen algo mucho más extraño: se lo compran a los bancos. Para que nos entendamos: el gobierno imprime dinero, se lo vende a los bancos y luego los bancos se lo vuelven a vender al gobierno… No, no me mires con esa cara: ¡ya te advertí que la economía es algo rematadamente estúpido!

El callejón sin salida que supone comprar dinero con el dinero mismo sólo se puede resolver de una manera: haciendo trampas. Y es ahí cuando entran en juego los bancos. Veamos cómo lo consiguen.

Un banco compra cien euros del Banco Central. Reserva un porcentaje para el fondo de garantía y el resto lo dedica a la concesión de préstamos. Pero, atención, lo normal es que cada uno de los prestamistas no retire todo el dinero que se le ha concedido, por lo menos no de inmediato. Se trata de un dato estadístico. El banquero hace sus cálculos: hay una parte del dinero que previsiblemente no se va a mover de la cuenta, luego nadie lo echará en falta si se lo presta a otro… Y ahora es cuando viene la magia: pongamos que de los cien euros, una vez realizados los préstamos, queden sin utilizar por parte de los prestatarios treinta euros, de modo que el banco decide prestar esa cantidad a otros clientes. Pregunta: ¿cuánto dinero tiene en su haber el banco? No, cien no. ¡Tiene ciento treinta! Vaya, ¡pero si es mejor que el milagro de los panes y los peces! De modo que puede pagar lo que debe al Banco Central y quedarse con la diferencia, sin contar los intereses. ¿Lo entiendes? El banco coge TU dinero, se lo presta a OTRO, pero en la contabilidad bancaria ¡el dinero sigue figurando en tu cuenta! Es decir, el banco salda su deuda con el Banco Central con un dinero que, en parte, no existe. En eso consiste la trampa. Es como si el vecino te confiara el cuidado de su coche mientras está viajando pero tú decides alquilárselo a un tercero para sacar unas perrillas; cuando el vecino regresa y pregunta por su coche al ver la plaza de garaje vacía, tú le respondes: no tienes de qué preocuparte, aunque el coche no esté físicamente, desde el punto de vista contable sigue estando ahí. Y no sólo eso: ahora hay dos coches, el que está en la plaza de garaje (aunque nadie pueda verlo) y el que he alquilado… Imagínate la cara de tonto de tu vecino.

Pero es más, este sencillo ejemplo no es más que un pálido reflejo de lo que sucede realmente en la actividad financiera de los mercados. Valga como ejemplo las operaciones a futuro, en las que se incorpora a la contabilidad del banco o entidad financiera unos beneficios que no se sabe si un día llegarán a existir. Dichas operaciones son estimaciones gananciales sobre unos hechos que pueden llegar a suceder o no… pero lo graciosos de todo esto es que se opera con estos “beneficios” como si ya se hubieran producido, permitiendo a un puñado de inversores engrosar sus cuentas bancarias con el dinero de unas ganancias que aún nadie ha visto… Es cojonudo.

La vorágine de especulación financiera es tan descomunal que se estima en sólo un 5% la cantidad de dinero impreso en el mundo… Eso mismo. El resto es dinero que no existe, que sólo figura en los saldos contables o viajando de un lado a otro por Internet; nadie sabe dónde está, es una ficción, una leyenda como la de los unicornios. No intentes entenderlo: simplemente no tiene sentido.

De verdad, el mundo necesita que nos dediquemos a pensar sobre otras cosas más provechosas y urgentes…

6 comentarios »

  1. Amen hermano¡¡¡Eres la luz¡¡¡Gran escrito.Un saludo.

    Comentario por Caco — 11 noviembre, 2011 @ 9:59 pm | Responder

  2. I bow to your enlightening scribblings saludos

    Comentario por tom maher — 12 noviembre, 2011 @ 5:18 pm | Responder

  3. Excelente!!! Gracias amigo.

    Saludos.

    Comentario por Drakon — 16 noviembre, 2011 @ 6:41 pm | Responder

  4. Muy claro, y tan difícil que parece. Buen artículo.

    Comentario por GRCJ — 27 noviembre, 2011 @ 8:49 pm | Responder

  5. Mi profesor de economía política se armó un lío monumental para explicar a la clase como funciona el multiplicador bancario. Tu explicación es tan clara que parece difícil que alguien se pueda liar con ese asunto… Pero si de repente me hiciera falta explicarselo a alguien me encomendaría a Cristo bendito y me arrepentiría de no haber sacado una chuleta de este artículo.

    Comentario por Juanjo — 27 noviembre, 2011 @ 10:58 pm | Responder


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