El jardín del exilio

3 enero, 2012

La factura energética de España

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 1:22 pm

Existe la perentoria necesidad de, a nivel general, adquirir algo más de cultura económica; resulta sangrante nuestra ignorancia al respecto y el modo en que, a consecuencia de esta carencia, nos manipulan o no atinamos a formarnos una opinión mínimamente fundamentada acerca de ciertos asuntos que nos afectan de lleno. Si somos sinceros, debemos admitir que no manejamos ni los conceptos más básicos. Hay que decir también que buena parte de la culpa la tienen los economistas y banqueros, han logrado confundirnos durante demasiado tiempo. Luego te das cuenta de que la economía de un país difiere en pocos detalles de la economía doméstica, y es entonces cuando todo empieza a encajar con una sencillez asombrosa.

Intentemos arrojar un poco de luz sobre lo que está sucediendo con la economía española. Para facilitar la comprensión y, asimismo, la explicación resulte más amena, vamos a crear un personaje. Le llamaremos Joselito. Es joven y se ha aburrido pronto de sus estudios. Hay que decir que la culpa no es toda suya; el sistema educativo español hace tiempo que se ha quedado obsoleto en muchos aspectos y es incapaz de motivar a una gran cantidad de jóvenes y de formarlos correctamente.

Joselito opta por el camino fácil: se va a trabajar a la construcción. Durante un tiempo las cosas le van bien, su empleo le alcanza para pedir una hipoteca y hasta para comprarse un coche. Pero resulta ser que la actividad que desempeña como albañil está sumamente sobrevalorada, tanto como los propios edificios de viviendas que ayuda a levantar. Como resultado Joselito se ha endeudado más de la cuenta, y ahora tiene dos opciones ante sí:
1-. Adaptarse a las condiciones reales que su poca formación educativa y profesional pueden proporcionarle. Joselito deberá asumir una vida muy pero que muy modesta, podría decirse incluso que espartana (por si la referencia a Grecia no fuera suficiente).
2-. Volver a los estudios y completar su formación, de modo que pueda aspirar a un empleo mejor remunerado y mantener en lo posible su actual nivel de vida.

Pero hay una consecuencia que Joselito no ha sabido valorar: él no ha sido demasiado solidario con el resto de los ciudadanos españoles. Éstos han pagado una barbaridad de impuestos para que obtuviera una formación decente y ayudara a incrementar la riqueza del país, de modo que TODOS pudiéramos vivir mejor. Sin embargo, Joselito ha tirado ese dinero por la borda. Vamos a dejarlo aún más claro: España se ha endeudado terriblemente en previsión de que, entre otras cosas, su inversión en educación le reportara beneficios futuros. Pero, como ya se ha dicho, gran parte de ese dinero, miles de millones de euros, sujetos como Joselito lo han dilapidado alegremente. Esta situación nos pone a todos contra la espada y la pared, porque:
a) Si Joselito decide asumir una vida modesta, lo cual está muy bien para él, va a generar muy poco valor añadido a la economía del país, de modo que apenas va a contribuir a saldar la tremebunda deuda que el estado, en parte, ha contraído en nombre de personas como él.
b) Si Joselito decide volver a estudiar, resulta que van a hacer falta más recursos financieros, unos recursos que el estado ya no dispone, sin tener en cuenta que hasta que consiga su cualificación posiblemente tendrá que vivir de alguna subvención, etc.

Ahora bien, haga lo que haga Joselito debe tener en cuenta el siguiente concepto económico básico: si España no consigue vender en el extranjero más de lo que importa NUNCA logrará saldar su deuda. Piénsalo bien: tú tienes un negocio en el cual las compras a tus proveedores superan a las ventas que realizas a tus clientes. ¿Cuál crees que va a ser el resultado? Pues que vas a terminar endeudado hasta las cejas. Es simple de entender. Con los países sucede lo mismo. Si España, cuya deuda también es fruto de su extrema generosidad a la hora de salvarle el culo a los bancos, no consigue tener una balanza comercial favorable, es decir, exportar más de lo que importa, vender más de lo que compra, no podrá salir del atolladero en el que está metida. Jamás de los jamases.

Si lo pensamos detenidamente entenderemos enseguida que Joselito, en realidad, sólo dispone de una opción: debe completar su formación y hacerse un profesional especializado. España debe volver a endeudarse un poco más para lograr este objetivo, pero vale la pena. Al cabo de un tiempo, resulta que Joselito está suficientemente formado y listo para dar un salto cualitativo en el mercado laboral. Incluso accede a un buen empleo; sin embargo, para sorpresa de todos, las cosas siguen sin mejorar en España. ¿Qué está sucediendo?

Aquí hay otro aspecto que Joselito no ha tenido en cuenta. Veamos en qué consiste. Joselito debe realizar grandes desplazamientos en su vehículo para llegar a su puesto de trabajo. No sólo eso. La empresa para la que trabaja tiene una gran dependencia respecto a los continuos desplazamientos de sus proveedores y su equipo logístico. Todo ello se traduce en un consumo de energía muy considerable. ¿Qué tiene esto que ver?

Volvamos al principio. Hemos dicho que la economía española, o la que sea, sólo puede crecer y pagar sus deudas si sus exportaciones son mayores que sus importaciones. Pues bien, España tiene una de las balanzas comerciales más deficitarias de los países desarrollados, y en buena media se debe a que la mayor parte de la energía que consumimos la importamos de otros países. ¿Por qué? Pues porque incomprensiblemente los sucesivos gobiernos de este país, en conjunción con la escasa conciencia que existe entre la población acerca de este problema, han obviado de forma escandalosa esta lacerante carencia de la economía española. España es uno de los pocos países desarrollados del mundo que no cuenta con un plan energético. Ahí queda eso. Pero hay más. ¿Cómo se ha intentado tapar este agujero en la balanza comercial? A que no lo adivinan… pues sí, aumentando nuestra deuda.

Veamos si podemos explicarlo mejor. España no produce petróleo, luego debe importarlo, miles de millones de barriles; no tiene uranio, posee muy pocas reservas de gas y el poco carbón que extrae es de muy mala calidad y muy contaminante. En cambio, nuestro clima y situación geográfica nos sitúa como uno de los países más privilegiados de Europa y del mundo de cara al aprovechamiento de las energías solar y eólica. Sin embargo, nuestro país lleva décadas de retraso en la implementación de este tipo de energías. Para hacernos una idea, Alemania, que cuenta con muchísimas menos horas de luz al año, está muy por delante de España en producción de energía solar. Ellos sí se han puesto las pilas o, mejor dicho, han desplegado los paneles…

Financiar con deuda el agujero en la balanza comercial como consecuencia, principalmente, de nuestra gran dependencia energética es lo más parecido al fraude que se me ocurre. En última instancia refleja el fracaso de una sociedad que no ha sabido o no ha querido enfrentarse al verdadero problema. Y en esto consiste:
1-. España debió haber iniciado desde hace mucho una apuesta decidida por las energías renovables. No se trata sólo de una cuestión ecológica, se trata de una cuestión de supervivencia: es el único tipo de energía que podemos generar de manera autónoma.
2-. No tiene sentido que un país como España fomente de forma tan irresponsable un modelo social y productivo basado en el vehículo particular y los grandes desplazamientos, en los que se invierte un tipo de energía energía que, repito, no producimos.
3-. El modelo social español debe adaptarse de forma urgente a las posibilidades energéticas que es capaz de ofrecer el país. Debe fomentarse de forma dramática el uso del transporte público, bicicletas y los vehículos movidos por energía eléctrica derivada de fuentes renovables y alternativas. Debemos adaptar nuestras ciudades de modo que se efectúen los menos desplazamientos posibles. Seguramente deberíamos vivir cerca de nuestros centros de trabajo, comprar en las tiendas de nuestro entorno, reorganizarnos para una vida de carácter más localista.

En caso contrario, vuelvo a repetir, NO CONSEGUIREMOS PAGAR NUESTRA DEUDA.

Joselito empieza a entender estas cosas. Se plantea mudarse cerca de la empresa en la que ha empezado a trabajar, pero no puede hacerlo sin un gran perjuicio para su bolsillo. Joselito, como todos los españoles, se ha comprado un piso y, como se ha dicho, paga una hipoteca. En definitiva, está atado a su vivienda, por lo que deberá seguir desplazándose en su vehículo. Sin embargo decide hacer uso del transporte público y la bicicleta siempre que le sea posible. Pero descubre, para su sorpresa, que el transporte público de buena parte de las ciudades españolas no ofrece una alternativa real al vehículo particular; tampoco encuentra suficientes carriles bici, o incluso ninguno; igualmente se queda horrorizado cuando comprueba que en ocasiones hasta ir a pie puede convertirse en un acto heroico.

Joselito se echa las manos a la cabeza: se da cuenta de lo mucho que queda por hacer para que España retome la senda del crecimiento y pueda ofrecer a sus ciudadanos un estado de bienestar digno de tal nombre. Se da cuenta de que los recortes salvajes anunciados por el Gobierno sólo son una parte de la ecuación, y ni siquiera la más importante. Porque el quid de la cuestión está en que HAY QUE CAMBIAR EL MODELO ECONÓMICO Y DE CRECIMIENTO DEL PAÍS. Nada menos. Y eso, en el fondo, lo que implica es cambiar el modelo de vida de la gente, sus costumbres y hasta su manera de pensar…

Cuando Joselito asume la verdadera dimensión del problema, se deprime mucho. Entiende por fin que la grave crisis que padece España se debe a la tremenda ignorancia de toda su población.

1 comentario »

  1. A Joselito no le motiva excesivamente el sistema educativo español porque, si un dia llega a dominar 5 idiomas y se licencia en tres carreras, con algo de suerte la empresa privada le ofrecerá un sueldo miserable. Excelente el artículo. Muchas gracias, Iván.

    Comentario por Juanjo — 15 enero, 2012 @ 12:44 pm | Responder


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