El jardín del exilio

23 enero, 2012

Megaupload y una pregunta en el aire

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 10:25 pm
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Megaupload, para quien aún no lo sepa, es una archiconocida página web de descargas y almacenamiento de datos a los que se puede —o más bien se podía— a cuyos contenidos se accede a cambio de una cantidad de dinero mensual o anual, no lo sé con certeza, o gratuitamente por medio de enlaces patrocinados. Es una de esas sorprendentes páginas de la que puedes descargar películas que se acaban de estrenar y esas cosas. El caso es que el FBI llevaba tiempo intentando echarle el guante a los responsables de la misma, hasta que hace pocos días les cayeron encima con todo el peso de la ley (y del enorme poder del gobierno americano). Una operación compleja, ya que Megaupload es hija de estos tiempos y presentaba una de esas intrincadas estructuras que intenta por todos los medios burlar las celosas leyes nacionales con que muchos países protegen la propiedad intelectual, entre ellas las leyes de los EE.UU., como es lógico. Tenía su sede en Hong Kong, pero parece ser que operaban desde Nueva Zelanda; además, según indican algunas fuentes, muchos de sus dudosos enlaces, para despistar, los colgaban en webs de terceras compañías. Lo que se dice un embolado de tres pares de narices.


El cabecilla de Megaupload es un señor de aspecto ceboso y, si me lo permiten, algo repulsivo que se hace llamar Dotcom. Este señor ha ganado con el mencionado negocio —pero también con otros, y no necesariamente limpios— cantidades astronómicas, lo cual le ha permitido llevar una vida a todo tren. Y todo, en buena media, aunque no exclusivamente, a costa de los hoy por hoy tan vapuleados derechos de autor, aunque esto es muy discutible en más de un caso. Lo cierto es que en otros muchos casos no es nada discutible y lo que ocurrió es que el señor Dotcom, o como quiera que se llame, se puso el mundo por montera y se pasó la legalidad y la ética por el arco del triunfo. Dicen que por culpa de su actividad la industria musical y cinematrográfica dejó de ingresar miles de millones de dólares en concepto de derechos de autor (¡ay, ay, lo derechos de autor!). Bueno, digamos como poco que estas industrias tienen montado alrededor de muchos gobiernos poderosos grupos de presión (lobbies), es decir, la intervención del FBI no es que se trate precisamente de una casualidad…

Una derivada de esta intervención es la tremenda indignación que ha levantado en el seno de ciertos sectores de corte anarquista que abogan por un Internet absolutamente libre de injerencias gubernamentales. Se ha dicho de todo. Que el cierre de Megaupload ha supuesto un duro golpe a la libertad de todos los ciudadanos del mundo, que es una victoria más del poder absolutista e imparable de las élites financieras, patatí y patatá. Incluso se han producido serios ataques cibernéticos por parte de algunos de estos grupos a páginas webs del gobierno de los EE.UU. y empresas que supuestamente salen beneficiadas con el cierre de esta página (digo supuestamente porque NADIE, por mucho que se quiera, puede parar las descargas de Internet… De hecho, las películas que muchos se bajaban de Megaupload se pueden descargar desde otro centenar de webs. Es como una de esas bestias mitológicas a las que le crecen siete cabezas por cada una que cortas.). En mi opinión, ningún tipo de libertad puede fundamentarse en la tolerancia de prácticas ilegales, sean las que sean. A priori, no estoy totalmente en contra del cierre de una empresa como Megaupload. Pero, esperen, todavía hay mucho que matizar.

Otra derivada más, que incita a una muy seria reflexión: En Megaupload existían cientos de miles de archivos absolutamente legales almacenados por usuarios que poseían una cuenta particular pagada de su propio bolsillo, y que ahora no saben si podrán recuperar… Me pregunto: ¿no será eso una flagrante violación del derecho a la intimidad, de la propiedad (derecho que, curiosamente, es el que se trataba de proteger) y de la seguridad jurídica? Vamos, el FBI se ha pasado por el forro todas estas “minudencias”, de modo que deja abiertas muchas incógnitas en el futuro de la red, y un rastro de “sangre” difícil de disimular. ¿Y si un día se meten en la empresa donde tengo abierta mi cuenta de correo electrónico y se quedan con todos mis mensajes almacenados? Menuda broma, ¿eh? Ese tipo de atropellos no se pueden consentir ni aun en nombre de los más elevados principios, en caso de que el FBI tenga alguno digno de mención… Estemos alertas, está muy en la línea de ciertos gobiernos aprovechar este tipo de coyuntura para meter tijera sobre nuestros derechos.

Y ahora, la conclusión. ¿Veremos alguna vez al FBI intervenir con tanta contundencia una entidad bancaria en un paraíso fiscal por operar con cantidades inimaginables de dinero ilícito procedente de las más diversas actividades criminales y evasiones masivas de impuestos, algunas de ellas perpetradas en suelo americano?

¿A que es una buena pregunta?

Sí, sí, a mí también me entra la risa.

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