El jardín del exilio

9 febrero, 2012

Desatemos una crisis real ya

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 10:51 pm

Los índices de desempleo se han disparado en los países del sur de Europa, con España a la cabeza, y el continente entero se ha echado a temblar ante la cada vez más cercana perspectiva de una recesión. La ecuación es tan simple que es fácil prever el resultado: si entráramos en recesión se destruiría aún más empleo, por lo que es urgente, aseguran los expertos, revertir la situación. Europa necesita reencontrar la senda del crecimiento económico, porque sin crecimiento no hay empleo, si no hay empleo los estados no recaudan impuestos, y si los estados no recaudan impuestos para mantener las instituciones y las pocas coberturas sociales que van quedando, todo se va al garete. Luego, no hay como escapar a la necesidad de crecer económicamente. O eso parece…

Pero es que no sólo hace falta crecer económicamente para crear nuevos puestos de trabajo, el crecimiento debe incrementarse cada año para mantener los que ya se han creado… Es una lógica demencial, pero es así como funcionan las cosas. Necesitamos crecimiento constante, producir cada vez más, sin importar las consecuencias o los motivos. Esa es la fórmula para que un país como España, por ejemplo, salga de la crisis. Crecer. Producir. Trabajar más… Dice el Premio Nobel de Economía Paul Krugman que si Europa creciera lo necesario para crear los puestos de trabajo que demanda habría que buscar otro planeta para exportar los productos y servicios resultantes de dicho crecimiento (aparte de otros planetas suplementarios para suministrarnos materias primas).

Amigos, ¿qué más se puede producir? ¿Más coches? ¿Más ordenadores o artilugios electrónicos? ¿Más productos agrícolas? ¿Más productos textiles? ¿Más petróleo? ¿Más hoteles? ¿Más armas? Incluso, ¿más población? El mundo está saturado de cada una de estas cosas, un asunto bien distinto es que estén mal repartidas. Nos estamos dando contra una muro, pretendemos eludir lo inevitable.

Y lo inevitable es esto: ninguno de los planes económicos que se están aplicando en la actualidad van a dar resultado, ni los de corte neoliberal (políticas restrictivas, disminución del déficit) ni los de corte keynesiano (políticas expansivas, inversiones estatales que implicarían mayor endeudamiento). La razón es sencilla: los dos modelos económicos se apoyan en la idea de un crecimiento constante e ilimitado como condición previa a su éxito. Y no, por favor, grabemos de una vez esto en nuestros cerebros:

YA NO ES POSIBLE SEGUIR CRECIENDO.

Cabe la posibilidad de que las reformas económicas que se están poniendo en marcha consigan impulsar un débil crecimiento que nos permita seguir agonizando durante unos años más, posponiendo de nuevo las ineludibles y profundas reformas que este mundo necesita para funcionar de una forma mucho más racional. Pero nada podrá salvarnos de la verdadera crisis que terminará por desatarse un día más bien cercano: el inevitable colapso de todo el sistema económico tal y como lo conocemos hasta ahora. Es más, esa crisis de la que hablo no tiene por qué ser considerada como algo negativo; podría servir como revulsivo para un cambio verdadero en el orden del mundo. Es decir, la crisis que se avecina es tan inevitable como necesaria, hasta tal punto que quizás deberíamos provocarla nosotros mismos, antes de que el caos nos empuje irremisiblemente hacia ella y nos arrolle sin contemplaciones. Porque, no señores, las cosas no acaban ni comienzan con la crisis económica. Todo lo contrario, ese es el menor de nuestros problemas. El futuro nos aguarda desafíos de muchísima mayor entidad: desarrollar energías sostenibles, planificar las necesidades de un planeta con el doble de habitantes de los que hay en el presente allá por el 2050, enfrentarnos al cambio climático, a la extinción masiva de especies, etc. Todo esto, como digo, está a la vuelta de la esquina.

Y quizás lo más racional y digno que podríamos hacer en estos momentos es eso: provocar una crisis. Pero una de verdad.

3 comentarios »

  1. Gran artículo,la verdad es que yo tb presiento que algo no va bien y por cierto,hay un uso abusivo de la palabra crisis,yo creo que muchos no estamos preparados para lo que parece inevitable.Se sigue sin hablar de una crisis de valores profunda,pero eso ya es otro articulo.Besos

    Comentario por caco — 11 febrero, 2012 @ 6:38 am | Responder

  2. Aún estando de acuerdo, el precipicio es tan grande que da miedo sólo con pensarlo. ¿Cómo plantear a un mileurista que debe compartir su empleo -o rebajar su jornada laboral y por lo tanto su salario- con una persona desempleada?. Y más cuando este mileurista tiene hipoteca y dos hijos en edad escolar. El planeta no soporta más… pero ¿cómo presentar este necesario cambio de modelo sin recibir una repulsa generalizada? .

    Comentario por Ricardo — 12 febrero, 2012 @ 10:42 pm | Responder

    • Tienes razón, Ricardo, el sacrificio que tendremos que hacer todos será muy grande. Pero en cuanto a los mileuristas, y a todos en general, piensa que el precio de la vivienda, alquiler o propiedad, es artificialmente alto, que no vivimos cerca de nuestros puestos de trabajo y realizamos gastos innecesarios de desplazamiento, que nuestras prendas de ropa, nuestros electrodomésticos y otros productos no tienen la durabilidad que deberían tener y nos vemos obligados a reponerlos con más frecuencia de la necesaria, que en general, como sociedad, consumimos muchísima más energía de la que necesitamos (iluminando las ciudades de noche como si estuviéramos en pleno mediodía, por ejemplo), que muchos productos se encarecen porque incorporan materiales o prestaciones innecesarias, que producimos demasiada basura que luego hay que reciclar o tratar, y no es que nos salga precisamente barato… Y tantas y tantas cosas más.

      Por supuesto que podemos vivir con muchísimo menos, y no necesariamente peor.

      Un saludo.

      Comentario por Iván Bethencourt — 13 febrero, 2012 @ 9:56 am | Responder


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