El jardín del exilio

17 febrero, 2012

La incertidumbre: una certera respuesta

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 6:55 pm
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Tendemos a pensar que la mayor parte de las personas viven ajenas a las grandes cuestiones fundamentales que afectan al ser humano: quiénes somos, qué es el tiempo (suponiendo que sea algo), la materia, el universo, en definitiva, qué es eso a lo que llamamos realidad y qué papel jugamos nosotros en todo ese entramado. Al fin y al cabo, el ciudadano medio suele ocuparse tan sólo de levantarse todos los días a una hora determinada para realizar ciertas tareas, de leer algunas noticias, enterarse de si sube o baja la bolsa, de comer, hacer el amor y disfrutar de su ocio en la medida de lo posible. ¿Qué nos puede interesar saber acerca de esos temas tan “metafísicos”?

Lo que muchos ignoran es que nuestra forma de pensar y actuar, nuestra cultura, incluso la estructura de la sociedad, están penetradas hasta el tuétano de una forma determinada de entender la realidad. Ya sé que muy pocos emplean su tiempo en construir una teoría que explique el mundo sensible, pero en eso consiste la ironía: aunque nos cueste reconocerlo, todos hemos asumido de forma inconsciente una teoría implícita de la realidad de la que participamos activamente, y de la que estamos profundamente convencidos.

Se viene hablando, al abrigo de la crisis económica y todas las demás crisis que nos acechan, de la necesidad de cambiar nuestro estilo de vida, nuestro sistema de valores, el modo de entender nuestra relación con el mundo y los demás. Todo esto implica cambios sustanciales en nuestra forma de pensar. Pero antes, para que eso sea posible, debemos cambiar primero los parámetros cognitivos con que interpretamos la realidad, debemos adquirir una comprensión más profunda del mundo que nos rodea, es decir, del universo. (Igual esto nos acojona un poco, pero no está mal que de vez en cuando nos veamos empujados a abandonar esa especie de abulia en la que estamos sumidos la mayoría.)

Por increíble que parezca —casi es de juzgado de guardia—, seguimos anclados en un modelo de interpretación de la realidad que quedó agotado a finales del S. XIX y que se construyó a partir de la primitiva cosmovisión judeo-cristiana. Ya nos vale. Dicho modelo considera, básicamente, que cada elemento de la naturaleza es una cosa en sí misma y no relacionada necesariamente con las demás o con unas relaciones, en todo caso, limitadas, de carácter muy local. Esto tiene una consecuencia muy importante: lo que este paradigma cognitivo nos está diciendo es que para entender un fenómeno determinado no hace falta complicarnos mucho la vida intentando estudiar al mismo tiempo una infinidad de muchos otros fenómenos que pululan a su alrededor o incluso en otros sitios distantes; podemos pasar olímpicamente de todo ello y quedarnos tan panchos. Se trata de una visión dogmática y reduccionista: la estructura del mundo es muy simple, por lo tanto podemos dominarlo y someterlo a nuestra voluntad sin temer ulteriores consecuencias; lo cual equivale a decir: tranquilos, no hay nada que temer, lo tenemos todo bajo control. En definitiva, el individuo puede vivir sin preocuparse por nada, con cuidar de sí mismo tiene suficiente, al fin y al cabo cada uno es un ente aislado y en sí mismo, no tengo por qué preocuparme demasiado por los demás ni por mi entorno. Resulta fácil entender ahora por qué el egoísmo y la indiferencia se han extendido por el mundo como un cáncer.

Esta visión positivista y tranquilizadora se vino abajo como un castillo de naipes cuando Heisenberg publicó su ya famoso y polémico principio de incertidumbre y estableció algo muy distinto: hay un margen de incertidumbre en el conocimiento del universo que jamás podrá ser despejado. Nunca conoceremos exactamente cómo se creó el universo, nunca sabremos del todo, hasta sus últimas consecuencias, qué es la materia, ni siquiera, de una forma fehaciente y absoluta, quiénes somos. Esta idea revolucionaria implica un cambio tan profundo en nuestra percepción que incluso Einstein se opuso a ella con todas sus fuerzas. Pero el tiempo demostró que estaba equivocado, y se convirtió en el último gran físico que soñó con vivir en un mundo confortable donde todo pudiera ser señalado e identificado sin la atenazante sombra de la duda. Einstein, por encima de sus asombrosos descubrimientos sobre la relatividad del espacio-tiempo, representa el fin de una era.

Ahora bien, el concepto de incertidumbre adquiere un significado pleno cuando entendemos sus profundas implicaciones, incluso en el ámbito privado de nuestra vida. Significa que ningún suceso (una vida humana, por ejemplo) pude existir por sí misma (aisladamente), sino que es el resultado de un “movimiento” que se produce por la interacción de todo el conjunto, de todo el universo. Nada es “inocente” o baladí, cada suceso, por pequeño que sea, imprime su propia huella en el todo. La incertidumbre difumina las fronteras entre el sujeto y el objeto: decir yo también es decir tú, y nosotros, y el entorno, y hasta las estrellas más distantes. Nada pude ser conocido, si no es dentro de un marco estricto de incertidumbre, porque ya no es posible mirar a los objetos desde el exterior, como si fueran ajenos a nosotros: el sujeto que observa está incluido en el objeto observado, y en ese sentido es como el ojo que intenta mirarse a sí mismo.

Esta imposibilidad última de conocer, sin embargo, no tiene por qué ser interpretada como una derrota, según creen algunos, al aceptar sin paliativos y con resignación un porcentaje intrínseco de ignorancia contra la que no hay modo de luchar (lo que nos conduciría al existencialismo). En realidad la “incertidumbre” sólo se produce cuando nos empeñamos en seguir interpretando el mundo según los parámetros de la física clásica, desde la radical separación del sujeto respecto al objeto. Porque si intentáramos entender el mundo desde su propio fluir, sin establecer categorías absolutas, con la mente despierta y abierta a la sorpresa, sin intentar aprehender “cosas”, todo cobraría pleno significado, aunque luego suspendiéramos un examen de física, aunque nos digan que nuestro saber es demasiado “indeterminado”. Porque es precisamente en esa indeterminación donde reside la llave que nos abre la puerta a un nuevo conocimiento.

En definitiva, el concepto de incertidumbre nos invita a una vida donde ya no basta adquirir conocimientos “cerrados” (dogmáticos) y echarnos a dormir, sino todo lo contrario: nos invita a no dar nunca nada por acabado, a la inquietud, a la curiosidad, a incluir a los demás en nosotros y a sentirnos plenamente parte integrante y responsables de nuestro entorno.

La incertidumbre nos invita a cambiar el mundo a partir de un cambio radical de nuestro pensamiento. Necesitamos evolucionar. Abandonemos de una vez el Siglo XIX.

7 comentarios »

  1. Hola Iván, lo que planteas en este relato es básicamente lo que estudié en mis 3 años de educación social. Si algo aprendí en la ULPGC en ese momento fue la noción de incertidumbre que nos rodea que no es mas que un desafío para lo bueno y lo malo. Si todo fuera tan matemático sería muy aburrido, una especie de mundo feliz a lo Aldous Huxley, pero evidentemente también se produce una suerte de desamparo sobre el día de mañana. La realidad de nuestros tiempos y mi experiencia vital me demuestran que la vida da muchas vueltas y no siempre sabemos en que sentido vamos. Mientras el tiempo pasa y lo dejamos escapar.
    Encontré un enlace que te puede resultar interesante sobre el pensamiento de Ken Wilber: http://www.concienciasinfronteras.com/PAGINAS/CONCIENCIA/wilbercambios.html

    Un saludo Iván

    Comentario por Luis — 17 febrero, 2012 @ 7:18 pm | Responder

    • En efecto, la incertidumbre puede generar sufrimiento, pero no menos que un “mundo perfecto”. Pero lo que sí creo es que no debe ser vista como una losa, sino todo lo contrario, como el germen mismo de la libertad.

      Buen aporte el enlace que dejaste, no conocía a este pensador.

      Un saludo.

      Comentario por Iván Bethencourt — 19 febrero, 2012 @ 10:20 pm | Responder

  2. Mecánica cuántica pura y dura. A mí esa indeterminacion me suena algo así como a una suerte de matemática nihilista. Para muchos espiritus no hay paz posible despues de ella, por tanto prefieren un mundo ordenado donde a una causa determinada le sigue un efecto subsiguiente demostrable experimentalmente de modo cientifico (La explicación del mundo que abrió Einstein con su relatividad absoluta está en la última frontera de esta categoría “Dios no juega a los dados”).
    Los hijos del siglo XXI estamos abocados a vivir en la indeterminación… Pero yo no lo veo como el final del camino, sino como un paso más dentro de una senda interminable. Si algo enseña la historia es que, como dijo Nietzsche, “La verdad de hoy es la mentira del mañana”. por tanto seguramente detrás del horizonte del mañana amanecerán otras teorías que abocarán al hombre del futuro a un constante replanteamiento del universo y sus leyes.
    Siempre habrá gente que encuentre que la respuesta ya estaba en el Génesis, mientras que otros hollarán la senda de la indeterminación y el nihilismo. Es una dura lucha que se desarrolla tanto en el campo de la ciencia como en el interior del hombre.

    Comentario por Juanjo — 18 febrero, 2012 @ 1:14 am | Responder

    • Hola, Juanjo, creo que el nihilismo que comentas surge cuando entendemos la incertidumbre desde una perspectiva equivocada, cuando nos acostumbramos a imaginar un futuro demasiado determinista. Por eso hay que cambiar la forma de pensar: debemos abandonar la costumbre de pensar que las cosas van a ser así o asado, que los tipos de interés, o lo que sea, van a subir o bajar en este o aquel porcentaje. Lo que hay que hacer, desde mi punto de vista, es mantener la mente despierta y receptiva. Como le comenté a Luis, creo que ése es el verdadero germen de la libertad.

      Comentario por Iván Bethencourt — 19 febrero, 2012 @ 10:27 pm | Responder

  3. Lo más lamentable de la la evolución de la humanudad, y per se del ser humano no solo como individuo sino como parte de un todo (de la sociedad y de toda la “realidad” que lo rodea) es el desarrollo y el alcance gradual, a través de lo largo de la historia, de un estado de complicación estúpida, ignorante e incomprensible. Hemos trazado unos límites, unas formas, una normas: un camino único e inquebrantable. Una verdad absoluta. Proyectamos una única visión de la realidad que vamos sembrando y que los nuevos van recogiendo. Una realidad de la que todos somos partícipes y obecemos como corderitos metidos dentro de un rebaño. Juzgamos al desviado, lo acribillamos, lo desterramos. Encontramos la riqueza en el materialismo, en los grandes lujos y excesos materiales; reconocemos la sabiduría en los libros, la inteligencia en la palebrarería, en las distintas teorías de, por ejemplo, filósofos, científicos o matemáticos, que algunos por cierto recitan de memoria para pavonearse e ilustrar de esta manera lo mucho que saben ante los demás…,

    Podría seguir extendiendo este discurso para comentar la triste e ineludible situación precaria emocional del ser; de la pérdida de su rumbo y de su naturalidad que es realmente de lo que trata la realidad. Es imposible captar y comprender la realidad, con la incertidumbre que acompaña, estando la humanidad en el limbo y encontrándonos en un estado mental enfermizo, atreviéndome a decir que llevamos arrastrando consciente e inconscientemente esta dura carga desde hace ya bastantes siglos atrás. No podría seguir extendiéndome, reitero, porque lo que trato de expresar aquí no va más allá de constatar que todo, todo, absolutamente todo se reduce en la sencillez y en la naturalidad de las cosas. No hay nada más verdadero que conectar con la naturaleza: con el aire, con el sol, con la luna, con las estrellas, con la flora, con la fauna, con la humanidad entera…, En definitiva, no hay nada más verdadero y más real que la conexión con todo el universo y el amor que ello provoca. Porque todos y todo, forma parte de un todo. Y todos formamos parte de ello. Dejémonos ya de dormirnos en la parra “¡Estúpido ser humano!”.- Somos todos. Conectemos con nosotros mismos y con todo lo que nos rodea. Aunque no queramos, aunque nos neguemos, todos y todo estamos conectados. Abramos el corazón; los ojos que aún portan vendajes. Despojémos de nuestros egos y de la realidad ficticia creada. Volvamos a nuestra morada, a nuestro ser, a lo natural, a lo que es realmente y veremos y sentiremos por fin de lo que trata la realidad.

    P.D.: Iván mami y yo pensamos que tu escrito es estupendo. Aunque estamos cansadas del viaje desde córdoba estamos embobadas con tus escrito! Te queremos mucho tus fans number one!

    Comentario por Yaiza Bethencourt — 19 febrero, 2012 @ 4:53 pm | Responder

    • Muy bien, Yaiza, has robado el protagonismo al artículo con tu respuesta, un mensaje luminoso y estelar. Tu riqueza interior es abrumadora.

      Muchos besitos.

      Comentario por Iván Bethencourt — 19 febrero, 2012 @ 10:17 pm | Responder

  4. Hola Ivan ya veo que has hecho participar a los lectores y amigos con este sorprendente artículo que espero debatirlo al vivo contigo. Grande como siempre¡¡¡¡¡¡¡¡¡Aunque esta vez me he estrujado los sesos un poco mas de lo habitual¡¡¡Besos¡¡

    Comentario por caco — 26 febrero, 2012 @ 11:03 pm | Responder


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