El jardín del exilio

3 mayo, 2012

La última ratio

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 7:16 pm
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Las crisis son caldo de cultivo propicio para hacer germinar y propagar todo tipo de populismos baratos. La incertidumbre genera desde la oscuridad de los tiempos, desde que la conciencia prendió en los seres humanos, una acuciante angustia que se resume en un temor atávico ante un supuesto futuro plagado de infortunios, enfermedad y muerte. Lo cierto es que somos capaces de aceptar cualquier cosa con tal de tener acceso a una vida segura y previsible —lo que se dice una vida regalada—, a veces incluso a costa de renunciar a nuestra libertad. De hecho lo estamos haciendo, los poderes económicos están sacando tajada del miedo que la crisis económica nos está inoculando. (Los más miedosos y cobardes, por supuesto, estamos siendo nosotros, los que nos hemos criado en la abundancia y malcriado en el uso de unos recursos que desde siempre han sido limitados.)

A veces, sin embargo, estos populismos adquieren una forma muy sutil y van horadando los pilares de nuestra sociedad sin que apenas nos demos cuenta. Es el caso de la tolerancia social, la sensibilidad de los individuos hacia los problemas que afectan a colectivos minoritarios o excluidos, que se ha vuelto claramente más restrictiva y severa, incluso egoísta y abiertamente hostil a conceder oportunidades. Es algo que puede apreciarse en la evolución que ha experimentado la legislación penal en los últimos años, cuyo cuerpo ha ido engrosándose de forma lenta pero constante con conductas que, hasta no hace mucho, sólo eran contempladas como faltas administrativas. También podemos apreciarlo en la dramática disminución de la infraestructura pública asistencial, propiciando que colectivos con cuadros específicos de exclusión (enfermedades mentales, analfabetismo, drogadicción) se vean abocadas a terminar sus días en instituciones penales que lo único que consiguen es agravar el problema y aumentar la conflictividad social a largo plazo. (Nos cuesta muchííísimo pensar a largo plazo.)

En la universidad de Derecho lo primero que nos enseñan es que el Derecho Penal es la última ratio. Se trata de algo fundamental. Significa que su aplicación está sujeta a un régimen muy estricto de excepción: el Derecho Penal sólo debe aplicarse como último recurso y en escrupulosa exclusión de todos los demás intentos que se puedan realizar. El uso de la fuerza y el castigo son la peor solución posible. Así se recoge, ¡desde hace siglos!, en los principios que rigen el Derecho Penal moderno.

Sin embargo hoy en día esta situación, como queda dicho, se ha vuelto del revés. Ya no existe ese “todo lo demás”, esa red de cortafuegos (programas de intervención, instituciones) que impida en muchos casos llegar al extremo de tener que aplicar una sanción penal. En definitiva, ya no se hace ningún intento por contener la “violencia” institucionalizada del Derecho Penal (la privación de libertad es un tipo de violencia, no cabe duda), sino que incluso se traiciona su propia naturaleza fomentándose su aplicación en primera línea. Y es que ha cundido entre la clase política y en muchos sectores de la sociedad una especie de demagogia punitiva, del tipo “quien la hace la paga” o “todos los años que le puedan caer a un delincuente son pocos”, etc., sin tenerse en cuenta la extraordinaria complejidad del fenómeno delictivo y sus causas (con raíces que llegan a los recovecos más insospechados).

La Historia es una larga y aburrida sucesión de acontecimientos que se repiten una y otra vez con los mismos y monótonos resultados, desatados una y otra vez por las mismas y monótonas causas. ¿Somos los humanos incapaces de aprender de nuestro pasado? En todo caso basta con que nos presionen un poco, con que por ejemplo nos suban los tipos de interés, para que en dos días renunciemos al saber que hemos acumulado a lo largo de los siglos y perdamos el juicio y nos dé por echarnos al monte o fomentar hogueras para quemar a los judas.

En época de crisis no nos hace ninguna falta cerrarnos en banda, apelar al egoísmo extremo o al radicalismo. Eso ya lo hemos hecho anteriormente con funestos resultados. Lo que necesitamos es una sociedad cada vez más solidaria y comprometida. No se trata de una cuestión moral, como muchos podrían pensar. Se trata de simple supervivencia, el único camino viable en el largo plazo. En el largo plazo.

1 comentario »

  1. Es cuestión de supervivencia. Pero la de todos, no sólo la de unos pocos, sino la supervivencia de los que somos y la de los que serán.

    Comentario por Ricardo — 8 mayo, 2012 @ 4:55 pm | Responder


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