El jardín del exilio

28 junio, 2012

Contémonos historias

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 12:03 pm
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La literatura, para ser franco cualquier clase de historia que pretendamos contar —ya se trate de un chiste—, debe tratar de la condición humana. Si no, en el mejor de los casos, lo único que haremos es fabricar artificios para pasar el rato. Y para pasar el rato ya hay demasiadas cosas, así es que ¿por qué no dedicarnos a la literatura, es decir, a la de verdad?

Suele afirmarse que el cine y la literatura misma atraviesan una crisis importante (basta con darle un repaso a la cartelera o a los escaparates). La cosa ha llegado a tal punto que ya hay quien esté dispuesto a pagar una auténtica fortuna por una buena historia, algo que todavía no se haya contado. Pero, ¿qué puede ser? Los géneros literarios y cinematográficos están más que machacados, casi podríamos caer en la tentación de proclamar una especie de “final de la Historia” (aunque en este caso sería más correcto hablar del final de todas las historias…) refiriéndonos con ello a la inutilidad, dado el agotamiento creativo al que hemos llegado, de seguir intentando introducir elementos novedosos en el arte, precisamente, de contar historias. Y cierto es que en los últimos tiempos lo que vemos es una lista interminable de películas y libros tan malos que rozan lo ridículo. El problema no es que haya que buscar un nuevo método para contar historias, o siquiera unas nuevas que en el fondo sean más de lo mismo. Las historias que podrían inspirar una buena obra están ahí, flotando en el aire, llenan todo el espacio: somos nosotros, el ser humano, la condición de cada uno en el tejido vivo de la existencia. ¿Cómo puede alguien siquiera pensar que se han acabado las historias?

Eso sólo puede ocurrir si un día nos encontráramos tan vacíos, tan desposeídos de nosotros mismos, que fuera como si nos hubieran convertido en zombis. Bueno… ¡a lo mejor es que estamos desembocando en eso mismo! Sin embargo, los humanos somos contadores natos de historias, es uno de los rasgos más sobresalientes y hermoso de la inteligencia. Hasta un grupo de chimpacés se cuentan historias entre sí, hasta un grupo de delfines mientras nadan por los océanos.
El problema está en… ¿Cuándo fue la última vez que hablaste de tu condición, de tu condición humana, de tus verdaderos sentimientos, con otra persona? ¿No nos cansaremos nunca de comunicarnos con los elementos que flotan en la superficie? ¿Nos atreveremos alguna vez a sumergirnos hasta el fondo de lo que hay en cada uno de nosotros? De modo que, si no tenemos nada interesante que contarnos, salvo las aburridas e insulsas obviedades que escuchamos todos los días, ¿cómo puede pretender alguien que surjan buenas historias?

Créanme, no es algo que se solucione poniendo sobre la mesa un maletín lleno de dinero o editando libros de cinco mil páginas o rodando secuelas absurdas de películas ya de por sí bastante malas. Lo que hay que hacer es… hablar de la condición humana, sumergirnos en ella y hablar de una vez de las cosas que de verdad importan.

Venga, amigos, contémonos historias.

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