El jardín del exilio

7 julio, 2012

¡Sal a la calle y vomita ya!

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 11:51 am
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Los habitantes de la ciudad de… siempre han sido muy tragones. Normalmente cada familia de esta peculiar comunidad va al supermercado y se trae a casa varios carritos a rebosar de comida todas las semanas. Ni que decir tiene que los dueños de los supermercados están encantados. También el alcalde. El elevado consumo en alimentos de la ciudad de… es determinante para el crecimiento económico de la misma. De hecho, en la ciudad no se oye hablar de desempleo. Los agricultores, los granjeros, los carniceros, los panaderos, los restaurantes y cafeterías, la industria láctea, la industria de embutidos y todo el sector alimenticio en general está encantado. Todo el mundo está encantado, la ciudad de… es feliz.

Tanta felicidad tiene la obligación de traducirse en una fiesta, de modo que el alcalde decide celebrar una donde, faltaría más, la protagonista indiscutible es la comida, concretamente en cantidades pantagruélicas. El entusiasmo toma cuenta de todos y los habitantes de la ciudad de… se entregan de cuerpo y alma a lo mejor que saben hacer: atiborrarse de comida.

Con lo que nadie contaba es que los cuerpos sobrealimentados de la población de repente hacen “crack”. Se han alimentado con tanta exageración durante tanto tiempo que la orgía de comida organizada por el alcalde resulta ser la gota que colma el vaso. La gente acude en masa a la consulta del médico, la mayoría con unas ganas tremendas de vomitar. El alcalde entra en pánico. Sabe perfectamente que las personas después de vomitar necesitan unos días de reposo, pero si se trata de un cuadro tan devastador como el presentado por los habitantes de la ciudad de… calcula que necesitarán varias semanas y un tratamiento que podría durar meses. “Es aún peor que eso”, le comenta el médico, “lo más probable es que la ciudad entera se vea forzada a moderar los hábitos alimenticios para siempre”.

El alcalde sabe que está en medio de una catástrofe, la economía de la ciudad podría hundirse. Los stocks de alimentos están a rebosar, y en pocas semanas podrían echarse a perder. Se lleva las manos a la cabeza. Entonces decide tomar una medida drástica. Ordena al médico enviar todo el mundo a casa y no permitir que nadie vomite, para lo cual habilita un plan de shock en el que se financian con fondos públicos todo tipo de sales de fruta, relajantes estomacales y antidiarreicos (¡sí, la diarrea también podría ser letal para la economía de la ciudad!).

Al día siguiente la gente sigue un poco hecha polvo, pero al menos el alcalde ha conseguido que acuda a los supermercados, pese a que muchos todavía tienen ganas de vomitar y sienten sus cuerpos saturados como bajo el peso de una gran losa. Ha conseguido evitar lo peor, todavía hay esperanzas para la reelección. Sin embargo durante los siguientes días los dueños de supermercados y todo el sector alimenticio empieza a ponerse nervioso, el consumo ha descendido drásticamente. Los peores presagios se cumplen y comienzan a verse los primeros despidos. La gente acude en tromba al ayuntamiento a pedir explicaciones: los parados portando pancartas, los empresarios en menor número pero con la ventaja de ostentar lazos de parentesco y amistad con el alcalde. Hay que buscar una solución urgente. “Lo más lógico y sano”, le ha dicho el médico durante una conversación telefónica, “sería permitir que la gente vomite de una vez y libere su organismo de la pesada carga que se ve obligada a soportar”. “No”, le ha respondido airado el alcalde, “hay que evitar a toda costa que la gente entre en crisis y deje de consumir alimentos, es vital que sigan haciéndolo”. Con esta idea en mente toma una medida bastante inusual. Decide que salvar la economía de la ciudad pasa necesariamente por rescatar a los empresarios del sector de la alimentación. Puede que éstos consigan subsistir con menores márgenes de beneficio, pero lo cierto es que el ayuntamiento asume el enorme coste de comprarles una parte importante de los excedentes. La cantidad de dinero para llevar a cabo semejante operación supera con mucho la capacidad financiera del ayuntamiento, de modo que se acude a los bancos.

Esta situación permite a los ciudadanos ir tirando más mal que bien (conviviendo diariamente con sus ganas intrínsecas de vomitar), al menos muchos de ellos conservan el empleo, si bien es cierto que los empresarios han rebajado sustancialmente los sueldos. El ayuntamiento, mientras tanto, va acumulando deuda sobre deuda. En poco tiempo se ve forzado a aprobar un paquete draconiano de recortes públicos bajo la férrea presión de los bancos, a éstos la población les importa un comino. Conocían de antemano la incapacidad del ayuntamiento para hacer frente a la deuda adquirida, pero cuentan con que una autoridad por encima de la municipal apruebe un plan de rescate en condiciones muy beneficiosas para ellos, por lo que están muy tranquilos.

Mientras tanto, un grupo minoritario de ciudadanos ha organizado una plataforma de protesta con el eslogan “¡Sal a la calle y vomita ya!” Son conscientes de que hacer vomitar a todo el mundo de golpe ocasionaría un impacto importante en la economía de la comunidad, la gente se vería forzada a un prolongado periodo de recuperación, a cambiar de vida y a pactar un modelo económico equilibrado y sostenible. Pero están convencidos de que es la única solución viable. Por muy dolorosa que resulte.

* * *

Esta hipersimplificación de la crisis económica que estamos sufriendo puede traducirse del siguiente modo:

No hay que rescatar a los bancos. Hay que permitir que éstos quiebren con todas sus consecuencias. Una de ellas es que los depósitos de los clientes están garantizados hasta una cantidad de cien mil euros. Son una minoría aplastante quienes poseen depósitos por mayor valor. Los que tuvieran más ahorros deberán conformarse con esa cantidad (que tampoco está mal), y, por supuesto, en su caso pedir responsabilidades al banco en cuestión, que para eso está o debería estar la Justicia. En caso de que quebraran muchos bancos, rectifico, muchas cajas de ahorro, y no hubiera suficiente dinero para garantizar los depósitos de todos los clientes, entonces sí, amigo mío, es cuando habría que pedir un rescate a la Unión Europea o al FMI.

¡Pero para rescatar los depósitos de los clientes!

Claro que inmediatamente después de exigir responsabilidades, hasta el último céntimo, a los gestores de estas entidades.

Todo lo demás son pamplinas. No te dejes engañar.

1 comentario »

  1. […] "CRITEO-300×250", 300, 250); 1 meneos ¡Sal a la calle y vomita ya! (una historia simplificada de la crisis económica) eljardindelexilio.wordpress.com/2012/07/07/ganas-de-vomitar/  por ivisdrek hace […]

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