El jardín del exilio

22 julio, 2012

Yo, funcionario público

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 11:48 am
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Es una pena que lo único que trascienda a la sociedad de la labor de los funcionarios públicos sea la conducta de unos pocos que se aprovechan de esa condición para satisfacer sus propósitos egoístas. Me dirás, sin embargo, que la percepción general es que no se trata de una minoría precisamente, porque tú y muchas personas están hartos de entrar en órganos públicos y ver a un buen puñado de funcionarios ociosos, que encima te ponen mala cara cuando se sienten obligados a atenderte. Tienes razón, yo también los he visto y sufrido —yo, que también soy funcionario público— y coincido en que transmiten una imagen que deja mucho que desear y que probablemente están muy lejos de ganarse el sueldo. Pero vamos a intentar ser más objetivos: meter a todos en el mismo saco puede ser no sólo injusto, también puede ser peligroso.

Sobre todo porque, al contrario de lo que se piensa, dentro de la función pública existe una gran profesionalidad; muchos se quedarían anonadados. ¿La empresa privada es SIEMPRE más eficiente? Cuidado con los dogmas, te puedes llevar una sorpresa. A menudo se suele confundir la eficiencia de la empresa privada con los beneficios que le reporta a su consejo de dirección y a sus accionistas, pero esto no garantiza necesariamente un beneficio para el contribuyente. Una empresa privada de transporte público, por ejemplo, puede ser tremendamente rentable pero… ofrecer un servicio pésimo al ciudadano y unas condiciones laborales de miseria a sus trabajadores. De esto hay muchos ejemplos. Los más sangrantes, la ristra de empresas públicas que se privatizaron a finales de los 80 y década de los 90 del pasado siglo. Empresas como Endesa, como Telefónica, como Repsol. Todas muy rentables. Y si eran rentables, se preguntará más de uno, ¿por qué se vendieron? Ay, ay, queridos amigos, porque había que cumplir con los objetivos de Maastrich (¿recuerdan?) para ingresar en el euro, había que hacer caja para reducir el déficit público y no se quería recortar donde había que hacerlo, por ejemplo, desmantelando otras empresas públicas que, esas sí, sólo están para enchufar a la mujer o al marido de, al cuñado, al hijo o al amiguito… De ésas hay cientos, y todavía no se ha escuchado a ningún político decir que vaya a suprimirlas. Es la historia de siempre.

Ah, sí, sobra decir que aquellas empresas públicas de las que hablaba, tan rentables ellas, también se vendieron para que los de siempre se forraran los bolsillos. Presta atención a esto: la privatización de estas y otras empresas públicas estratégicas que prestaban servicios básicos a los ciudadanos fue un expolio en toda regla, otro más. Se le quitó a los ciudadanos un bien público de alto valor añadido, en definitiva, que nos aportaba riqueza a todos, para ponerlo en manos privadas por tres perras. Sí, así es: una transferencia de capital público, del dinero tuyo y del mío, a los amiguitos del poder de turno, por la puta cara. Ahora, varios años después, resulta que las tarifas de Endesa, por ejemplo, han subido una auténtica barbaridad, y otro tanto con las de telefónica. Y eso por mencionar sólo dos casos.

Cuidado, amigos, cuidado con ese dogma que reza que siempre y en cualquier circunstancia hay que vilipendiar lo público. Por si no te has dado cuenta aún, a nuestros gobernantes les encanta usar ese tipo de argumento para ganarse el favor popular y disponer de lo público, de lo tuyo y de lo mío, a su antojo. La consigna es “los funcionarios son unos vagos, lo público es ineficiente”: ¡privaticemos, privaticemos, privaticemos! Sí, sí, privaticemos y llenémonos los bolsillos como hemos hecho siempre, dirán ellos. Ay, ay, es sorprendente lo fácil que resulta manipular la opinión de los ciudadanos. Votamos a una clase política en connivencia con los intereses económicos más espurios y nosotros, como borregos, encima les jaleamos para que nos unten en manteca y nos metan al horno.

Hay que despertar ya.

Si fuéramos inteligentes seríamos férreos defensores de lo público, eso sí, de un servicio público de calidad. Porque, faltaría más, es evidente que la función pública y los servicios públicos de este país son francamente mejorables. Eso no se le oculta a nadie. Pero da ahí a cargarse el estado de bienestar alegando la “ineficiencia” pública va un trecho largo: es un embuste como una catedral, una burda estafa. No lo permitas.

Y sí, es cierto, los funcionarios disfrutamos de un empleo estable y, además, poseemos más derechos que los demás… Un momento: ¿más derechos que los demás? ¿No será que tenemos los mismos derechos pero lo que sucede es que la mayoría de las empresas privadas no los respetan? Porque… ¿tener un empleo estable es un privilegio? ¿Poder acceder a un crédito para comprar una modesta vivienda es un privilegio? ¿Que una mujer pueda quedarse embarazada y disfrutar íntegramente de su baja por maternidad sin temor a perder el empleo es un privilegio? ¿Tener la posibilidad de desempeñar las labores propias de tu puesto de trabajo sin tener que soportar a diario la amenaza (o el chantaje) de que puedan echarte a la calle, es un privilegio? ¿Llamamos privilegio a las condiciones básicas para que una persona pueda vivir con un mínimo de dignidad? Es un profundo error.

Por supuesto, debe ser el contribuyente quien establezca las condiciones que los funcionarios hemos de disfrutar. Pero, por encima de todo, debe ser el contribuyente quien determine la calidad de los servicios públicos que desea recibir, y lo que le debe quedar claro es que esos servicios en manos privadas no le garantizan ni mucho menos que vayan a ser de calidad ni más baratos. Más bien todo lo contrario. Pero… ¿ganamos demasiado los funcionarios? La Administración del Estado (no hablo de otras administraciones públicas que desconozco) está plagada de mileuristas y de sueldos aún más bajos. No estamos precisamente nadando en la abundancia. Nuestra vida es bastante modesta. Y no, repito, es absolutamente falso eso de que los funcionarios seamos todos unos vagos; muy por el contrario, en la mayoría de los casos prestamos un servicio público que aporta muchos beneficios a los ciudadanos. Un servicio que, como ya he dicho, es susceptible de mejorarse, como todas las cosas de este mundo. No cabe duda.

Pero no nos equivoquemos. Si hemos de luchar por algo, que sea con el objetivo de mejorar las condiciones de vida de TODOS. Si caes en la demagogia barata de que “hay que ir a por los funcionarios”, muy bien, adelante. Nos vemos dentro de poco removiendo en los cubos de basura, hermanados en la miseria.

8 comentarios »

  1. El que sepa leer que lea y el que quiera entender que entienda. Más claro que el agua.

    Comentario por Caco — 23 julio, 2012 @ 7:01 am | Responder

  2. Coincido plenamente y no me gustaría repetirte…pero aprovechando la crisis van a privatizar servicios públicos rentables; Adif y Renfe serán troceados para privatizar lo que da dinero, Correos, Loterías, Aena y por qué no las prisiones también; ahí tenemos al hermano de Mayor Oreja empujando y ya ha conseguido una Ley de Seguridad Privada hecha a su medida. No hay más bolsa de negocio; sólo queda desmantelar el Estado del Bienestar para privatizar y ganar dinero. Pero como tú indicas muy bien: “¿Y el servicio que se ofrece? ¿A quién beneficia todo esto? Siempre a los mismos…

    Comentario por Ricardo — 3 agosto, 2012 @ 7:18 pm | Responder

  3. La mayoría de los funcionarios no tienen vocación de servicio público, cuando un enfermo entra al hospital, en el privado te tratan como un cliente, en el publico te tratan como basura pensando “¿que te crees que eres mi jefe para quejarte?”, así que yo lo privatizaba todo.

    Comentario por Pepito — 18 marzo, 2013 @ 8:12 am | Responder

    • Por desgracia es una percepción que comparten muchos ciudadanos, y no siempre faltos de razón. Hay mucho que mejorar en la gestión pública. Mucho. Pero en las clínicas privadas te tratan “como a un cliente” siempre y cuando a ellos la enfermedad del paciente les resulte rentable. Para los demás casos, no hay sonrisas de bienvenida. Y si encima les dejáramos sin prestación pública, les condenaríamos a la exclusión.

      Privatizar servicios públicos esenciales implica mucho más de lo que la gente imagina. Puede resultar peor el remedio que la enfermedad.
      Pretender que TODOS los funcionarios públicos no hacen su trabajo es decir demasiado, es una afirmación teñida de prejuicios.
      Mucha gente se está dejando arrastrar por la demagogia de la privatización. Si eso es lo que la mayoría del pueblo soberano quiere, es lo que va a tener. Luego habrá rechinar de dientes. Salud para quienes puedan pagársela, marginación para los que no.
      No es un mundo en el que me gustaría vivir.

      Comentario por Iván Bethencourt — 18 marzo, 2013 @ 11:53 am | Responder

      • Eso de que por privatizar no se va a tener sanidad es mentira, la primera escusa que se les ocurrió a los funcionarios para conservar su puesto, que no sé porque tiene que ser vitalicio, y algunas personas se lo creyeron, la sanidad será gratuita así como la educación mientras
        El estado lo pague no mientras sea pública, y lo que no dicen los funcionarios cuando salen a protestar por los recortes, es que ningún estado es viable, ni su sanidad ni su educación, con un 26% de paro, y muchos de ellos son votantes del PP y estaban en contra de dar ningún tipo de ayudas a la gente que está pasando hambre, “porque si no, con los 426 euros y alguna chapucilla que hagan por ahí para que van a trabajar”. Ellos son los primeros que solo saben mirarse el ombligo y dicen “Si con las huelgas nunca se ha solucionado nada, para que voy a ir, para que me quiten 200 euros por nada” ,y ahora pretenden poner palos en la rueda, cuando la rueda ya les ha pasado por encima, y cuando han mirado por encima del hombro al resto de la sociedad, como si ellos pertenecieran a una clase por encima del resto de los mortales que tenemos que ir a un hospital público o a gestionar unos papeles, como mendigándoles ayuda , cuando es su obligación ya que están a nuestro servicio.

        PD: si la mayoría de los ciudadanos tienen esa percepción es porque se lo han ganado a pulso, porque si te encuentras a 2 o 3 así no pasa nada, pero a partir de 200 mosquea.

        Comentario por Pepito — 19 marzo, 2013 @ 3:11 am

      • Comparto tu idea de que un empleo público no debe ser vitalicio. Una persona mantenida en su cargo haga lo que haga es una aberración.

        Por otro lado, no se ha probado que el modelo de sanidad privada sea más barato y más eficaz que el modelo público, pese a sus deficiencias (todas ellas mejorables). La experiencia en algunos países lleva a pensar en lo contrario. Sin embargo, sería deseable un debate sosegado sobre este asunto, no sea que después de privatizar la sanidad, o cualquier otro servicio público, se compruebe que no se hizo con las garantías suficientes. La privatización, por sí misma, no es la solución. Lo mismo vale decir de la gestión pública. En este país tenemos abundantes malos ejemplos de privatizaciones y de gestión pública. Sin embargo sigo pensando que la Sanidad y la Educación son dos ámbitos cuya universalidad sólo puede garantizar plenamente una gestión pública eficaz (repito: eficaz).

        Coincido contigo en que ningún estado es viable con un 26% de paro. No obstante, es evidente que no existe tal cifra y que la economía sumergida tiene un peso en el PIB mucho mayor de lo que se dice. Sería interesante abordar este tema.
        La función pública está necesitada de una reforma global urgente, eso está claro, aunque la mayor parte de la ineficiencia se halla concentrada en las administraciones locales, es en este ámbito donde se están produciendo los mayores desbarajustes. Desde luego, habría que acabar con las duplicidades administrativas, con muchas empresas públicas y entes como las Diputaciones Provinciales o los Cabildos.

        Pero, en realidad, los funcionarios públicos no somos sino la punta del iceberg de un problema mucho más grave. No somos ni mucho menos los principales responsables del déficit público. Cierto es que la cantidad de funcionarios debería ajustarse a las necesidades de los servicios públicos que han de ser prestados a la población, y aquí se han cometido demasiados excesos, es un tema que hay que abordar con seriedad. Pero el mayor problema de este país es la insoportable connivencia entre determinados sectores empresariales y la política, con su impresionante entramado de Cajas de Ahorro y redes clientelares.

        Insisto, por si quedara alguna duda: es urgente reformar la función pública. Pero anteponer la privatización de los servicios públicos a una reforma en profundidad de la estructura del estado y a su forma de funcionamiento (que debería ser mucho más transparente) es poner el carro delante de los bueyes. Y es hacerle el juego a esos mismos políticos que están esgrimiendo la solución de la privatización para seguir dándonos más de lo mismo: beneficiar a sus amigos de siempre y hacer con que todo siga igual.
        La mala gestión pública que todos conocemos es una consecuencia. No es la causa.

        Comentario por Iván Bethencourt — 19 marzo, 2013 @ 10:44 am

  4. ¿Y piensas que funcionarios vigilando a otros funcionarios mejorarían algo? Con el corporativismo y el pasotismo es imposible, la única solución es la gestión privada.

    Comentario por Pepito — 25 marzo, 2013 @ 10:50 pm | Responder

    • La actividad privada, en última instancia, debe estar vigilada por los poderes públicos.

      Hay otra opción: que privatizáramos también el estado.

      Comentario por Iván Bethencourt — 26 marzo, 2013 @ 4:40 pm | Responder


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