El jardín del exilio

30 agosto, 2012

La cobardía que nos consume

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 4:38 pm
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Hace días que mi cuerpo se consume en un monumental enfado, una fiebre que ha prendido con una virulencia devastadora, como si hubiera sido repentinamente tomado por una de esas enfermedades que arraigan misteriosamente y no remiten, una impotencia que se me ha agarrado a la garganta y parece ahogarme. Luego me doy cuenta de que, en realidad, lo que siento es tristeza. Y no es por este modelo de vida absurdo que hemos erigido y que se derrumba a la vista de todos, impúdicamente, como un castillo de naipes. Ni siquiera por la incertidumbre de lo que vendrá después. Tiene que ver con la percepción de una oscura niebla que se cierne sobre todos nosotros: el modo en que una sociedad, presa del miedo, se convierte en un nido de cobardes.

El primer síntoma de esta cobardía emerge sin tapujos en actitudes cerriles que consideran cualquier tipo de solidaridad un puro dispendio, cuando la realidad es que el ser humano sin solidaridad, sin una chispa de amor por los demás, queda rebajado a la vileza de las peores alimañas. Especies como la siguiente se propagan como el fuego en estas épocas de crisis, y lamentablemente encuentran acogida favorable entre un buen número de personas: si no tenemos ni para nosotros, ¿cómo esperar que nos dediquemos a ayudar a los demás? Entonces cerramos nuestras fronteras a cal y canto, cerramos nuestros hospitales a quienes no tengan papeles o no hayan cotizado lo suficiente, cancelamos las ayudas a muchos parados de larga duración cuya vida se ha convertido en un círculo infernal, incluso el hecho de que cientos de miles de personas sigan muriéndose de hambre en el exterior deja de interesarnos, deja de ser noticia. El sufrimiento ajeno ya no es importante, ahora sólo estamos preocupados en salvarnos… Nosotros, nosotros, nosotros. Los demás que se jodan.

El segundo síntoma consiste en asumir como directriz para nuestras vidas la desesperada consigna del “sálvese quien pueda”. Nos calzamos un par de buenas orejeras, agachamos la cabeza y empezamos a comportarnos como una manada de bueyes en estampida. Nuestro cerebro racional se anula y el futuro deja de existir, dejamos de pensar en que es absolutamente imprescindible realizar fuertes inversiones en determinadas áreas para garantizar nuestro porvenir o el de nuestros hijos, lo único que vemos en esos gastos, insisto, absolutamente necesarios es una cifra de dinero que puede ayudarnos provisionalmente a salir del paso… Así, aceptamos hacer recortes en educación y formación, pese a que ninguna nación puede aspirar a un desarrollo sostenible sin una educación de calidad que forme a verdaderos ciudadanos; recortamos en sanidad pública, pese a que cada euro que detraemos de este servicio público esencial repercutirá en el futuro en una población menos sana que acabará por generar aún más gasto o, en su defecto, fuertes tensiones sociales; recortamos en desarrollo de nuevas energías, pese a que se avecina una crisis energética de proporciones difíciles de calcular; recortamos el presupuesto destinado a la conservación de nuestra masa forestal y del medioambiente, pese a que los ecosistemas explotados de forma sostenible son fuente de una enorme riqueza y bienestar, etc.

Este tipo de ahorro y recortes que se están promocionando como “inevitables” desde todos los gobiernos y organismos internacionales se asemeja al cuento del campesino que se hizo un potaje con las semillas que iba a destinar a la próxima cosecha. Se llenó la panza, se echó una siesta y luego se murió de hambre. Pero la mayor cobardía que se desprende de estos actos irracionales e injustificables es la referida a sus consecuencias: las mismas repercutirán con mayor virulencia entre los más débiles. Puede que eso ni siquiera nos importe, al fin y al cabo siempre habrá quien lo justifique alegando que si son débiles o pobres es porque se lo merecen.

El tercer síntoma de esta cobardía que parece habernos abducido a todos se percibe en una manifiesta incapacidad crítica a la hora de asumir cualquier tipo de responsabilidad personal. La culpa siempre es del otro: los políticos, los banqueros, los neoliberales, las multinacionales, el sistema… Nosotros somos simples e inocentes víctimas y, por supuesto, estamos autorizados a desatar sin cargo de conciencia toda nuestra ira contra los culpables de este monumental desaguisado. No, nosotros no hemos hecho nada de nada para que las cosas llegaran hasta el extremo donde han llegado. Nosotros somos los buenos, ellos son los malos; derroquémosles, hagámonos con el poder, empalémoslos a todos en una plaza pública.

Hombre, sí, habrá que hacer justicia, habrá que llevar a mucha gente ante los tribunales, habrá que modificar el sistema político, prácticamente y para resumir: habrá que refundar nuestras sociedades. Claro que sí. Sin embargo, y este es para mí el quid de la cuestión, nada de esto servirá para asentar unos pilares sólidos y perdurables a menos que suscribamos, TODOS, un nuevo código de valores. Porque puede que los banqueros y otros se hayan dedicado a negocios poco éticos, pero… cabe la posibilidad de que buena parte de nosotros, incluyéndonos a muchos de los que salimos a manifestarnos, no nos hayamos dedicado a lo mismo simplemente porque no hemos podido o sabido cómo hacerlo…

Si ampliamos la perspectiva nos daremos cuenta enseguida de que esta enorme crisis económica que nos está afectando y generando un enorme sufrimiento a millones de personas, aparte de las causas estrictamente económicas, se trata de la culminación una gran crisis de valores. Insisto, no se trata sólo de los banqueros y los políticos. Ha llegado la hora de ser valientes y enfrentarnos sin tapujos a esa red sutil —la suma de millones de pequeñas voluntades— que se entreteje como una telaraña a nuestro alrededor y parece abarcarlo todo y que se nutre de muchos de nuestros actos, a veces inconscientes: el egoísmo, que se inculca y ensalza ya desde la niñez como requisito indispensable para “triunfar”, la indiferencia, el conformismo, la falta de compromiso, nuestra incapacidad para extender el afecto más allá de un puñado de personas.

Más que un rescate económico de Bruselas y el FMI, lo que nos hace falta es una buena dosis de valentía que nos haga sentir de nuevo como verdaderos seres humanos, y no unas ratas dispuestas a darnos muerte por el reparto de los últimos despojos.

Aprendamos a vivir de una vez sin miedo y plenamente conscientes de quienes somos.

3 comentarios »

  1. Totalmente de acuerdo , campeón.

    Comentario por Juanjo — 31 agosto, 2012 @ 10:07 pm | Responder

  2. Amen¡¡¡

    Comentario por Caco — 11 septiembre, 2012 @ 6:24 am | Responder

  3. Se me habia quedado atras el articulo. La verdad es que cuando voy a la playa y las veo llenas de basura, me doy cuenta de que una o dos personas no ensucian un lugar as. Hace falta una masa grande de inconscientes para hacerlo y eso que todos los dias se limpia con un tractor. Cuando veo a la gente en masa cogiendo el coche para todo pienso en lo mismo. Cuando una veterana profesora como la de Ral, casi jubilada, me dice que Raul es el primer nio que le viene que no ha estado antes en la escuela de 3 aos o previamente en guardera me quedo helado. Me dijo que ha tenido nios inadaptados llorando durante un trimestre entero. A veces yo me pregunto. En que parte de la vida nos hemos perdido? Dnde estamos los seres humanos? dnde est lo que tanto presumimos que es la inteligencia, el rasiocinio? Hablar hoy en da de quien es ms valioso, si un animal o una persona no tiene discusion entre los seres humanos. Se echarian a reir unos tertulianos si uno defendiera a los de otra especie, normal hasta cierto punto, solo que muchos animales son capaces de dar amor( a su manera supongo) y sentir compasin por lo menos a los de su misma especie. En fin, mucho de lo que escribes es pa echarse a llorar. Hace falta una revolucin en todos los sentidos, pero yo me pregunto:dnde se fabrica el amor?, necesitamos mas crecimiento pero no economico, sino de amoddddd…en fin toca seguir sufriendoLo que hemos hablado tantas veces, el batacazo esta a la vuelta de la esquina…despues toca empezar de cero.Besos

    Date: Thu, 30 Aug 2012 16:38:30 +0000 To: karlosbethencourt@hotmail.com

    Comentario por Carlos Bethencourt — 11 septiembre, 2012 @ 6:37 am | Responder


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