El jardín del exilio

18 septiembre, 2012

Trabajar

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 12:29 pm
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Si el ser humano moderno, el ser humano industrializado, supuestamente libre y orgulloso de sí mismo, se preguntara por el tiempo que dedica a la educación de sus hijos —o siquiera acerca de la posibilidad de tenerlos—, a estar con ellos, así como con su pareja y seres queridos, a hacer las cosas que le gustan, a comer, a dormir; si se preguntara por el futuro, por sus posibilidades en la vida, a lo mejor independizarse de sus padres, por el nivel de realización que ha alcanzado o lo útil que se siente para la sociedad, por su salud mental y en general; incluso si se preguntara qué clase de persona es o aspira a ser, muy probablemente la respuesta giraría entorno a un punto que parece monopolizar toda su existencia: el trabajo. Todo, absolutamente todo, está organizado en nuestra sociedad para satisfacer las necesidades del trabajo que se tiene o se pretende tener. Todo.

Vivimos para el trabajo, en él empeñamos la vida por entero, todo lo que somos como seres humanos. Esto es así, literalmente, si tenemos en cuenta que ya desde la más tierna infancia nos están adoctrinando para convertirnos en máquinas de trabajar, en eso consisten las escuelas y las universidades, y que nuestra última etapa de la vida, los afortunados que lleguen a la vejez, la dedicamos a recuperarnos de su pesada carga y de los sinsabores que hemos tenido que tragar por su causa.

El trabajo, la falta de trabajo, sus condiciones brutales, la alienación, el sinsentido de un sistema de producción que funciona al margen de las necesidades reales de las personas, actúan como foco catalizador de un sinfín de circunstancias que hacen infelices a las personas y las empuja a padecer todo tipo de dolencias. Las sociedades industriales son sociedades enfermas. Los consultorios médicos y psiquiátricos están a reventar de pacientes cuyos problemas están relacionados con el trabajo o la falta del mismo: depresiones, ansiedad, brotes psicóticos, migrañas, estrés, trastornos digestivos y del sueño, etc. Nuestra vida, desde que nacemos hasta que morimos, desde que despertamos hasta que nos acostamos, como si se tratara de un fatal destino, está moldeada al milímetro y sin margen de error por las imperantes e irracionales necesidades laborales de la sociedad que nos rodea, empezando por la propia familia. Las prisas, el agobio, las preocupaciones, el miedo a llegar tarde, a que otro te quite la plaza, a que te echen, a que no te asciendan o reconozcan lo suficiente, a que te trasladen, a que el sueldo no te llegue. Todo, absolutamente todo.

¿Para esto hemos luchado tanto? Al fin, ¿el sueño de la libertad es convertirse en una máquina a la que exprimir hasta la muerte?
¿Qué nos ha pasado?

La humanidad YA produce de sobra para todos. Hay suficientes alimentos para dar de comer hasta al último ser vivo del planeta. Hay energía suficiente para que todos podamos vivir con comodidad, a poco que la usemos de un modo mínimamente racional. Entonces… ¿para qué trabajar tanto?

Hay que pararse y volver a pensar nuestra sociedad. Y dotarla de una dimensión verdaderamente humana.

1 comentario »

  1. Brutal el día a día de muchas personas, más claro queel agua.Nos estamos deshumanizando de manera brtual¡¡¡

    Comentario por Caco — 18 septiembre, 2012 @ 2:55 pm | Responder


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