El jardín del exilio

14 octubre, 2012

¿Sólo protestar?

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 7:49 pm
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La libertad es un concepto intrínsecamente expansivo, de ahí podemos colegir que ningún régimen democrático resulta viable en un contexto de crisis prolongada donde los derechos se vean limitados de facto (por mucho que figuren por escrito en textos legales impecables). Si hacemos sacrificios, si restringimos momentáneamente, por los recortes económicos, esas libertades que tanto sudor y lágrimas nos han costado, se supone que es con la expectativa de lograr mayores conquistas en el futuro. En definitiva, la idea es siempre ir a mejor. Me atrevo a decir que nadie sería capaz de gobernar en democracia prometiendo que el porvenir de los ciudadanos va a consistir en empobrecerse de forma irremediable y sin posibilidad de enmienda, a menos que hubiera una causa muy bien fundamentada. Y en esas estamos. Es evidente que la crisis económica nos empuja a una situación objetivamente peor que la de épocas anteriores. Y aunque nos prometen el oro y el moro para dentro de no se sabe cuántos años (prometer es el trabajo de los políticos), cada vez nos va quedando más claro que la merma en el bienestar de la mayoría social de los países europeos y, por extensión, del llamado Primer Mundo es tan irreversible como la muerte.

Es comprensible que nuestra primera reacción, cuando de verdad entendemos la que se nos viene encima sea… ¡protestar!

Sin embargo, para quienes nos hemos preocupado en analizar el modelo de sociedad que venimos construyendo desde hace tiempo, aunque la gente en general es poco propensa siquiera a pensar en periodos de bonanza económica, como el que nos acompañó, con algunos altibajos, desde inicios de la década de los noventa hasta el estallido de la crisis financiera en 2007 o 2008, resultaba clamoroso el hecho de que transitábamos por una senda que nos conducía directos al abismo. El modelo económico sobre el que se asentaban y siguen asentándose las sociedades contemporáneas es a todas luces insostenible, se cae por su propio peso. Se impone, entonces y ahora más que nunca, la necesidad de revisar dicho modelo y avanzar hacia fórmulas más equilibradas y razonables. Y, sí, ello supone reajustes importantes y hasta dramáticos, en muchos casos recortes ineludibles (son muchos los excesos en que hemos incurrido). Digámoslo con todas las palabras. Pero, y esta es la cuestión, los recortes económicos que nuestros políticos nos están disparando a quema ropa no van ni mucho menos en la dirección de propiciar los cambios ineludibles que el mundo necesita: nada menos que un nuevo orden social, nada menos que una nueva y completa escala de valores. Los tijeretazos salvajes a que nos están sometiendo buscan eludir la situación para que los mismos de siempre sigan llenándose los bolsillos y viviendo a costa del esfuerzo ajeno. Es normal que la gente se indigne.

Todo lo cual es sintomático de una sociedad que empieza a despertar, que no admite sin réplica las mentiras institucionales y de grupos interesados que intentan justificarlas. Pero no podemos conformarnos sólo con tomar las calles y protestar, hay que ir más allá, mucho más allá. Hay que encontrar soluciones, y no nos vale acudir a viejas fórmulas que han certificado estruendosos fracasos en el pasado. Lo digo porque, de una forma un tanto ingenua, la mayoría de los nuevos movimientos nacidos a la sombra de la indignación ciudadana actúan como si hubiera que obviar la Historia, como si absolutamente toda la experiencia humana a lo largo y ancho de los siglos fuera prescindible. A veces se comportan como si acabaran de descubrir la pólvora, echando mano de trasnochadas (y a veces algo románticas) consignas marxistas o provenientes de la lucha de clases, sin caer en la cuenta de que fueron ideadas para otras épocas, para otras realidades que han quedado ya muy atrás.

Muy bien, reunámonos en una plaza e instauremos una estructura basada en el sistema asambleario (otra vez nos pierde el romanticismo); somos libres, hagamos lo que nos plazca. Pero, por favor, no ignoremos las anteriores experiencias regidas por el mismo principio; las limitaciones del sistema asambleario están harto documentadas, no caigamos en los mismos errores (cinco horas seguidas donde intervienen un centenar de personas sin orden ni concierto no nos conduce a nada). Sí, muy bien, carguemos contra la política, pero no pretendamos suprimirla; la política como acción transformadora y catalizadora de la voluntad popular es insustituible. Si hemos de reunirnos que sea para algo más que para hablar de lo que no nos gusta: tenemos la obligación moral de formular alternativas realistas a los problemas que nos afectan y, en su caso, liderarlas (¡hacer política!) cuando nadie más esté dispuesto a hacerlo. Basta ya de reunirnos en una plaza y bla bla bla, de salir a gritar eslóganes y bla bla bla. Como primer paso o como apoyo a otras iniciativas está bien, pero si nos conformamos sólo con eso habremos fracasado miserablemente, habremos repetido los mismo errores de mayo del 68, donde hubo muy buena voluntad y entusiasmo, pero demasiado bla bla bla y ninguna concreción. Aprendamos de la Historia.

No, ningún movimiento puede aspirar a tener éxito sin liderazgos, sin mensajes claros, sin propuestas y objetivos claros, sin una verdadera organización digna de ese nombre. No, no se puede levantar una sociedad desde la nada, haciendo tabla rasa de todo irreflexivamente. Eso ya se ha intentado varias veces, y ha fracasado. Las soluciones complejas que han de implementarse en el mundo para que las cosas empiecen a cambiar de verdad no pueden salir de una reunión de universitarios, amas de casa o jubilados cargados de buena voluntad, pero sin conocimientos técnicos y experiencia de primera mano en disciplinas como economía, desarrollo, urbanismo, nuevas tecnologías, o agricultura ecológica, por citar sólo algunas. No, la buena voluntad no basta.

Desde hace décadas muchas personas e instituciones vienen dedicándose al estudio y elaboración de propuestas alternativas para la construcción de sociedades más justas y sostenibles. Podríamos hablar de iniciativas tales como la banca ética y la banca cooperativa, la economía del bien común, redes solidarias de intercambio y de consumo responsable, agricultura ecológica, bancos de tiempo, experiencias de código abierto, software libre o desarrollo científico cooperativo. Los ejemplos son interminables.

Pues bien, ha llegado la hora de informarse, de implicarse y de defender con criterio un cambio real. Vale, salgamos a las calles, pero… ¿qué tal si empezamos por nuestras propias vidas?

1 comentario »

  1. Hola Ivis, me ha gustado el articulo, y aunque creo en muchas cosas de las que dices, en el fondo creo que hay unas carencias terribles de las personas. Esto de estar, unidos y dar alternativas, el bien comn……bufno lo veo. Siempre pongo el mismo ejemplo, pero es el que me vale como espejo. Si ante “pequeos” problemas, facilmente solucionables con un poco de sentido comun y “sacrificio” como la limpieza de una ciudad, la movilidad urbana, no somos capaces de dar soluciones por nosotros mismos, siempre esperamos que se nos regule el asunto, que alguien ponga normas, multas al que ensucie, no somos capaces de tomar iniciativas con cosas tan sencillas. Dudo que ante un tema mas grave pongamos soluciones y raciocinio.Yo con lo de la comunidad del edificio alucino, he visto el funcionamiento de nuestro pais de forma increiblemente clara en un bloque de 27 viviendas. La gente no quiere saber de nada que no sea llegar a la casa y tirarse al sof, No sabemos como estan las cuentas. Dependemos para TODO del secretario presidente, a sabiendas de que son un vecino mas y de que no se cobra por estar ah.Exijimos y protestamos, pero muchos no van a las reuniones a proponer. En plena crisis hay una incompetencia a nivel laboral-profesional acojonante…Podemos pasar encima de una cucaracha muerta una semana y Nadie la recoje, o un simple papel( y eso que se supone que el edificio es nuestro). Buf hermano, esto pinta muy mal, el otro dia propuse hacer limpieza y arreglo comunitario y todos se echaron atras…en fin que todo esto a nivel de la MASA que anda ah fuera, nos queda mucho coleguita, la sombra del futbol y de me importa todo un guevo, yo lo que quiero es que los mios esten bien, es muy alargada. Como ves, soy bastante pesimista con todo esto, Que le vamos a hacer. Besitos

    Date: Sun, 14 Oct 2012 19:49:53 +0000 To: karlosbethencourt@hotmail.com

    Comentario por Carlos Bethencourt — 16 octubre, 2012 @ 5:17 am | Responder


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