El jardín del exilio

27 octubre, 2012

El mundo ya ha cambiado. ¿Has cambiado tú?

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 9:22 pm
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Como suele decirse, en ocasiones no vemos el bosque a causa de los árboles; estamos cansados de perseguir algo y, sin embargo, puede que el objeto de nuestra búsqueda esté delante mismo de nuestras narices, o incluso lo tengamos encima. Mucho hemos hablado en este humilde blog de la necesidad de un cambio profundo en la sociedad y la manera en que hemos de relacionarnos con el mundo y con los demás, fundamentalmente, de un cambio en nuestro sistema de valores. Hemos abordado muchos temas, casi todos relacionados con la economía, aunque no exclusivamente; hemos abogado por distintas iniciativas y posibles soluciones, a modo de modesta contribución. Casi siempre con la intención de infundir esperanza en un mundo cada vez más carente de ella —y créanme que sin esperanza no hay humanidad posible—, de dibujar un futuro accesible y realista en el que podamos creer con ilusión. El mensaje siempre ha sido, en definitiva, tomar conciencia para establecer los cambios que aseguren en el futuro un mundo más sostenible y equitativo, sin aspiraciones de alcanzar el Paraíso ni negar las muchas imperfecciones inherentes a la condición humana. No me considero un ingenuo.

Pero admito sin ambages que me he equivocado: el bosque, al fin y al cabo, me obscureció la visión. Me he dado cuenta de que la cuestión no es cómo abordar el cambio, sino cómo asumirlo. Porque… el cambio ya se ha producido, el mundo vive desde hace algún tiempo en un nuevo paradigma, uno totalmente diferente al imperante en el cercano siglo pasado. Y no sólo ha cambiado el mundo: lo ha hecho de forma radical. Lo que necesitamos ahora es establecer nuevos esquemas mentales que nos ayuden a interpretarlo correctamente, sin prejuicios. Es más, la terrible crisis económica que se nos ha venido encima ha resultado ser consecuencia de nuestro empeño ciego en aplicar viejas recetas a desafíos completamente nuevos.

¿De qué estoy hablando? Pues de que hay que abrir la mente, de que hay que mirar la realidad con otros ojos. Por ejemplo, el drama del paro. Millones de personas desocupadas, frustradas, desesperadas, empobrecidas, sumidas en una profunda crisis personal en la que apenas se atisba una luz al final del túnel. La elevadísima tasa de paro se ha convertido, con razón, en la primera preocupación a nivel nacional, una situación de verdadera emergencia. ¿Qué va a hacer la gente si no puede acceder a un puesto de trabajo? ¿Qué harán los jóvenes? ¿Y cómo se supone que se van a pagar las pensiones y otras prestaciones sociales? Sin trabajo, la sociedad se hunde. Simplemente.

Pero, por otro lado… Imaginemos que colmamos los deseos de la sociedad y hacemos con que todos tengan un empleo. Piénsalo bien. Produciríamos tantos artículos, ofertaríamos tantos servicios que haría falta buscar clientes en otros planetas. Y, sí, también tendríamos que salir al espacio en busca de materias primas para alimentar un sistema productivo tan gigantesco. Resulta absurdo siquiera concebirlo. Decirle otra cosa a la gente sería engañarla. De modo que los enormes esfuerzos que los gobiernos están realizando en la dirección de crear empleo, aumentar la producción, el consumo, las exportaciones, atraer capitales… están condenados al fracaso. Esa no es la respuesta que el mundo necesita. Es martillear sobre hierro frío, sobre un modelo que ya hace parte del pasado; y cuanto más nos empeñemos en mantenerlo, más sufrimiento nos veremos obligados a soportar.

No me gusta demasiado lo que voy a decir, porque mucha gente lo interpretará como algo concerniente al Comunismo. Y nada más lejos de mi intención. Pero creo que la crisis actual se enmarca en una crisis de la propiedad, más concretamente, del ser humano como ente apropiativo y exclusivista, como ente individual egoísta y endógeno. Al contrario de lo que en un principio pudiera pensarse, a raíz de la afirmación anterior, no tengo nada en contra de la propiedad privada; no me verán nunca asaltando supermercados o llevando a cabo otras acciones de índole bolchevique. Tan sólo se trata de que la propiedad privada, tal y como la hemos concebido en el S. XX y anteriores, es decir, una institución que fragmenta la realidad en porciones estancas y excluyentes, resulta ineficaz. Pongamos el ejemplo de Wikipedia, un modelo colaborativo a nivel global que ejemplariza a la perfección lo que serán las sociedades del futuro. Según creo.

Quien lo desee aún puede seguir acumulando enciclopedias en sus estanterías, es su problema. ¿Recuerdas que hasta no hace mucho casi todo el mundo tenía una enciclopedia en casa? El modelo era: un hogar, una enciclopedia. Sobra decir que a día de hoy dicho modelo carece de sentido, es mucho más productivo que compartamos recursos y saberes y nos beneficiemos todos de ese intercambio. En eso consiste Wikipedia, a mi juicio una verdadera revolución. Del mismo modo, es mucho más provechoso compartir nuestros archivos de música y vídeo en vez de que cada uno los tenga en su casa acumulando polvo. Por ese mismo motivo el futuro de la informática pasa por compartir recursos en la red, o en la nube. ¿Para qué va a tener cada habitante del planeta un disco duro enorme o un número desorbitado de módulos de memoria RAM o incluso los mismos programas instalados en cada sistema operativo? Es un dispendio inútil de recursos. Un ejemplo de lo que intento ilustrar se produce cuando encendemos nuestro ordenador y captamos quince o treinta redes inalámbricas. Piénsalo bien. ¿Para qué queremos tantas redes inalámbricas? Sería mucho más razonable y eficiente compartir nuestras redes, ahorraríamos una cantidad increíble de recursos, no necesitaríamos contratar tanto ancho de banda. Y, no, no soy comunista.

Volvamos de nuevo sobre el problema del paro, pero pensémoslo a la luz de los nuevos modelos de relaciones que están emergiendo en este nuevo siglo. Pensemos en Wikipedia. Pensemos en las redes P2P de archivos compartidos. Pensemos en los proyectos de código abierto, que no sólo versan sobre programas informáticos. ¿La solución? Compartir, amigos, compartir, poner los recursos y la riqueza en “red”. El esquema: un individuo, un puesto de trabajo, a día de hoy, está tan desfasado como el de quienes se aferran a sus viejas enciclopedias. No hace falta que nadie se “apropie” del trabajo, en plan: esta tarea es mía, ésta es tuya y aquí nadie más mete las narices (porque es “mi” trabajo). La única solución viable para el problema del paro es que se teja una red de colaboración global (¿wikitrabajo?), que el trabajo pertenezca a todos, tanto como sus beneficios.

Compartamos, en lugar de competir como salvajes unos con otros, y seremos capaces de producir lo mismo o más con menor esfuerzo, trabajando menos y llevando una vida más plena y equilibrada. Se trata de una idea sencilla. Lo difícil aquí es cambiar el chip. Eso sí, date prisa, porque los cambios ya hacen parte del paisaje. ¿O será que el bosque aún no te deja ver los árboles?

1 comentario »

  1. Brutal Reflexion bro Esta claro que algo nuevo hay que hacer, y es una propuesta que merece ser estudiada, pero me temo que eres un Galileo intentando demostrar unas teorias que nadie ve. Parecemos la iglesia Catolica reflexionando de sus errores 100 aos despues. Nos queda mucho hermano. La competencia es enorme y eso de compartir………….ojal. Eso es de los pobres. Los que tienen grandes fortunas no comparten una mierda. y tenemos metido tanto en la cabeza el royito de lo que es mio que tardaremos en utilizarlo. En fin que veo el articulo y comparto casi todo pero la masa va a su ritmo,nos tomara tiempo, muchas generaciones actuar de forma voluntaria tal y como comentas.Otra cosa es que nos veamos obligados a hacerlo, pero el tiempo lo dir. Grande IVIS

    Date: Sat, 27 Oct 2012 21:22:28 +0000 To: karlosbethencourt@hotmail.com

    Comentario por Carlos Bethencourt — 29 octubre, 2012 @ 7:28 am | Responder


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