El jardín del exilio

6 abril, 2013

Igualdad vs. diversidad

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 9:32 pm
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IgualdadUno de los pilares básicos de toda democracia es la igualdad, es el principio más invocado cuando surgen agravios comparativos, y en esta época de crisis ni les cuento. Agravios comparativos por un tubo. Ahora bien, cuando pensamos en la igualdad ¿sabemos de qué estamos hablando? A mí me parece que hay bastante confusión al respecto. Por ejemplo: ¿aceptarías ser tratado igual que un criminal? Por supuesto que no. Dirías, y con razón: “¡es que soy diferente!” Hombre, faltaría más.

Pero cuidado: la igualdad llevada al extremo ha desembocado frecuentemente en regímenes totalitarios, de un signo u otro. Ciudadanos grises y anodinos cortados por la misma tijera, con las mismas caras, las mismas ropas y enormes barrios de viviendas con edificios tan tétricamente iguales que podrían haber salido de una pesadilla de George Orwell. Visiones como esa le ponen a uno los pelos de punta y, no obstante, ¿se puede concebir algo más estrictamente igualitario? Vade retro.

Entonces vayámonos al otro extremo: la exaltación del individualismo como criterio para establecer la igualdad. Si hay algo que compartimos el común de los mortales es el hecho de que cada uno es único en su género, ¿y qué puede esgrimirse como mejor argumento en favor de la igualdad el que cada uno dé rienda suelta a la individualidad que lleva dentro, permitiendo que se realice en sus infinitas posibilidades? Poco tendríamos que objetar a semejante idea, pero pongamos otro ejemplo. Imaginemos que nos invitan a participar en una carrera de cien metros lisos con oponentes de nivel olímpico. Antes de que el juez dé el pistoletazo de salida nos veremos en la obligación de reconocer que no tenemos ni la más remota oportunidad. Mala suerte, podrían decirnos, al fin y al cabo es inevitable que unos sean más guapos que otros, mejor dotados físicamente que otros, más ricos que otros, etc. Lo que deberíamos hacer, seguirían diciéndonos, es ponernos a entrenar como se espera haga todo el mundo, ¿o es que pretendemos que los atletas corran con un pie atado a la espalda? Las condiciones de salida son las mismas para todos, ¿no es así? Y de este modo llegamos a la sociedad que hemos creado en la actualidad: un modelo competitivo sólo apto para los más fuertes, o los más listos (o los más caradura).

Si somos francos, y leemos la letra pequeña, la igualdad propugnada por las constituciones democráticas modernas lo que viene a decirnos es lo siguiente: todos los ciudadanos gozan de las mismas condiciones de igualdad y libertad para sacarse los ojos unos a otros, dentro de los límites establecido por las leyes. En resumen: échate a correr antes de que los demás, y particularmente los atletas olímpicos, se den cuenta. Aquí cada uno tiene que salvar su culo. Está claro que estamos hablando de un modelo marcadamente individualista, y despiadado. Es la elección que hemos hecho una vez nos hemos librado de las garras de los totalitarismos. Pero, al final, ¿somos iguales o somos diferentes?

A ver, somos igual de iguales e igual de diferentes… O siendo más claros: somos rigurosamente iguales en cuanto seres humanos, pero diametralmente diferentes en cuanto individuos. Como seres humanos compartimos unas necesidades básicas similares (derechos humanos); como individuos, unas necesidades particulares que son inherentes al desarrollo de cada personalidad concreta. Equilibrar ambas dimensiones es la piedra de toque para lograr una sociedad sana. Se trata de un equilibrio muy frágil y difícil de alcanzar. Ahora bien, como principio rector podemos establecer que ninguna necesidad de la esfera individual debería satisfacerse de tal manera que llegara a limitar o coartar el ejercicio de un derecho humano básico. Sí, lo sé, es el abc del Derecho Constitucional que se da en el primer año de facultad, no me estoy inventando nada nuevo. Quién soy yo para negarlo. Pero es que vivimos inmersos en una crisis moral de tan grandes proporciones que incluso las mayores obviedades, por alguna razón, han dejado de serlo. Está todo patas arriba. Porque miren ustedes que hay cientos de miles de personas que han estudiado Derecho en este país y en los países de nuestro entorno, con quienes compartimos los mismos o semejantes principios democráticos. Y, sin embargo, de un tiempo a esta parte los derechos humanos vienen siendo arrollados sin pudor y en plaza pública en nombre de intereses muy pero que muy particulares. Es el mundo justo del revés. Lo hemos invertido todo, le hemos dado una patada a la cazuela y la hemos dejado boca abajo con todo el contenido desparramado por el suelo. Deberíamos pegarle fuego a todas las facultades de Derecho.

Ahora vivimos en otro tipo de totalitarismo. El de los mercados. Por encima, muy por encima de los derechos humanos.

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11 comentarios »

  1. SE ME HA HECHO CORTO EL ARTICULO, VERDADES COMO CATEDRALES, EL CLUB BILDELBERG AL PODER, O LO QUE ES LO MISMO, LOS MERCADOS PARA CAMUFLAR UN POCO.

    Comentario por cacoon — 7 abril, 2013 @ 10:55 pm | Responder

  2. suuuuuuuuuuuuuuuuuuuuper bien

    Comentario por mon — 14 abril, 2013 @ 2:46 pm | Responder

  3. Totalitarsmo se da si un Estado llega a regir en la vida privada de los ciudadanos. Y el mercado en sentido amplio, es una red de intercambios de bienes y servicios que se establecen en la sociedad. Son conceptos que no tienen nada que ver el uno con el otro, son hasta excluyentes.
    Probablemente el conflicto que presentas entre libertad e igualdad, se deba al modo visualizas la individualidad en la sociedad, como una carrera de cien metros lisos. Es mejor ver la individualidad como un factor de progreso, en la cual, los que tienen mas habilidades se arriesgan y abren nuevos caminos. Y los que vienen atras se pueden valer de esa iniciativa para avanzar a su propio ritmo.

    Comentario por Diego Fuente — 19 mayo, 2017 @ 4:39 am | Responder

    • Hola Diego, gracias por tu comentario.

      Considero que cualquier poder que llegue a imponerse por encima de los intereses sociales e individuales y sea imposible equilibrarlo mediante otros poderes, puede ser calificado de totalitario. En cuanto al mercado creo que defines muy bien lo que debería ser, pero obvias el poder que ejerce en la actualidad sobre los estados, los gobiernos y los ciudadanos. De tal modo que no nos importa que mueran miles de personas siempre y cuando se respete, en primer término, las necesidades de los mercados o, si lo prefieres, del gran capital. Lo cual, además de cruel, es absurdo e inhumano.

      No tengo nada en contra de la individualidad y de los que se arriesgan o se esfuerzan más, merecen una mejor recompensa, lo que pasa es que muchos de esos que se quedan atrás mueren o quedan desahuciados. ¿Cuál es el límite de la individualidad? Pues los derechos humanos.

      Comentario por Iván Bethencourt — 19 mayo, 2017 @ 7:09 am | Responder

      • Hola igualmente.
        La definicion de totalitarismo que di es del jurista español Antonio Garcia-Trevijano y no admite extensiones figuradas, sería irrespetar a las victimas de regímenes como el de Stallin o Hitler.
        El mercado es la sociedad misma intercambiando bienes y servicos voluntariamente. y si es voluntario no puede ser totalitario en modo alguno.
        La cuestion del poder es un conflicto de siempre entre gobierno y gobernados,pero el ejercicio del poder siempre se origina en el primero, que es el que detenta el monopolio de la fuerza.
        Y si sabes de miles de personas muriendo como dices, no es que no importe sino que terminas en una conclusion equivocada. Es mas bien cuando NO se respetan las necesidades del mercado, osea de esas miles de personas buscando trabajar e intercambiar sus bienes libremente, cuando se produce ese mal. Y eso es usualmente por culpa de gobiernos que bloquean ese intercambio libre entre los ciudadanos.
        Y por los mismos derechos humanos es que se tiene respetar la individualidad siempre, sino se acaba en el verdadero totalitarismo.

        Comentario por Diego Fuente — 10 junio, 2017 @ 3:47 am

    • Respondo a tu último comentario en un nuevo hilo, ya que la página no me da otra opción.

      Comentario por Iván Bethencourt — 10 junio, 2017 @ 5:49 pm | Responder

  4. (Respuesta a Diego Fuente. Lo hago en un hilo nuevo, ya que la página no me da la opción de responder directamente a su comentario.)

    Hola de nuevo.

    El término totalitarismo, nació, es verdad, para definir a ciertos regímenes que surgieron en el S. XX, caracterizados por imponer restricciones muy feroces a la libertad individual. No obstante, se utiliza coloquialmente para describir situaciones análogas en cuanto a esas restricciones. Entiendo que desde el punto de vista académico dicho término no admita extensiones figuradas, pero me parece evidente que el artículo no pretende atarse a tan altos condicionamientos. En este sentido, el término totalitarismo, tal como lo he utilizado, da una idea del mensaje que intento transmitir y, por supuesto, sin albergar la más mínima intención de negar o relativizar los padecimientos de las víctimas de aquellos regímenes.

    En cuanto a la «voluntariedad» del mercado, imagino que todas las mañanas no te levantas «voluntariamente» para ir a trabajar, eso a lo mejor lo puede decir Bill Gates. Lo «totalitario», en mi opinión, viene cuando miles de personas se mueren de hambre o sufren gravemente a causa de que, por ejemplo, alguien «voluntariamente» ha decidido que comprar las cosechas que iban a alimentarlas sale más barato que comprarlas en Europa (mientras que en esta última se tiran miles de toneladas de alimento debido, precisamente, a esta decisión «voluntaria»). Hay miles de millones de personas en el mundo cuyas vidas están al albur de lo que decidan los poderes económicos que actúan por encima de ellas. No tienen ninguna alternativa, ningún poder de decisión, están completamente subyugadas e indefensas. Si no quieres llamarlo totalitarismo, elige tú el término.

    Esta situación que te he descrito me sirve también para considerar que las causas que originan millares de muertes al año por inanición no se debe a una simple disfunción en los mercados, antes bien a la carencia de unas instituciones fuertes que protejan los derechos humanos de los más débiles. La libertad individual de quienes operan en los mercados está garantizada por los gobiernos y sus leyes, la libertad de quienes mueren de hambre en semejantes circunstancias, no. Confiar la solución de los problemas del mundo a la satisfacción de las «necesidades» del mercado me parece una ingenuidad. ¿Qué necesidades son esas? ¿Quién las establece? ¿Con qué criterios (no, dichos criterios no vienen dados por la «naturaleza»)? ¿Quién, por qué y con qué medios las garantiza?

    ¿Sigues creyendo que competir en condiciones de «igualdad» contra Usain Bolt es justo?

    Saludos.

    Comentario por Iván Bethencourt — 10 junio, 2017 @ 5:46 pm | Responder

  5. Hola.
    Creo que varias lineas de este diálogo las podriamos evitar si emplearamos los terminos en un sentido univoco porque me parece que buena parte son confusiones por diferencias en la semantica.
    Por ejemplo,la definíción de mercado que te dí fue: La sociedad intercambiando bienes y servicios voluntariamente.
    Por lo tanto, desde esta definicion es incongruente oponer las necesidades del mercado y el de la sociedad. Ya que mercado sería los intercambios que en la sociedad se realizan, precisamente buscando satisfacer mejor las necesidades.

    Asi preguntas como: ¿Cualés son las necesidades del mercado? o ¿Quién las establece y por qué satisfacerlas?
    suenan raro, porque se responden solas. Las necesidades las establecemos nosotros mismos, la sola disposición a intercambiar bienes es la señal para que que otras persona busquen la manera de satisfacer nuestras necesidades y asi obtener la satisfaccion de las suyas tambien.

    Con lo de voluntario me referia a que no haya un poder coactivo, alguien obligandote bajo amenaza de AGRESION fisica a hacer algo que no quieres. Ya si por alguna razón, flojera, animo bajo, lo que sea, no tengo ganas de levantarme e ir a trabajar es otra cuestion. No puedo culpar a otros de eso, ni quejarme por que esta vida no sea el prometido mundo venidero.

    Si alguien compra unas cosechas pasan dos cosas, primero al pagar por ellas deja divisas con las que su contraparte a su vez puede comprar otros alimentos u otra cosa que necesite. Segundo que esa cosecha es para vender por lo que miles de personas se pueden alimentar. Si sucediese algo diferente a esto,las causas concretas habria que buscarlas a profundidad, pero con seguridad el problema no sería que la gente compra y venda cosechas.

    Y yo, hasta donde se, las unicas situaciones en las que millones de personas mueren de hambre o sufren gravemente se dieron por la accion de poderes estatales, como el régimen sovietico o el maoista.
    Mercado es en cambio lo que permite a millones comer y mejorar su calidad de vida. Tan es asi,que apuesto a que todas las personas que sufrieron el holodomor en Ucrania habrian acordado que mercado no tiene nada que ver y es incluso lo opuesto a un régimen totalitario.

    Por último, no tenemos necesidad de competir con Usain Bolt, esa analogía es mala, cada uno tiene lo suyo y puede hacer algo, pequeño o grande, desde donde sea que este. La competitividad solo es una parte del mercado, la mayor parte es cooperación, dar y recibir, y cuanto mas elaborados son los servicios,es porque mas cooperacion ha habido. Ademas, en el mercado, los mejores son los que habilitan nuevas y mejores oportunidades para los demás. Como el mencionado Bill Gates, sin su aporte nunca hubieramos podido sostener esta comunicación.

    Saludos…

    Comentario por Diego Fuente — 13 junio, 2017 @ 1:26 am | Responder

    • Seguimos el diálogo.
      Creo con toda firmeza que los términos no son como las matemáticas, no pueden ser establecidos, en su mayor parte, de forma unívoca. Si así fuera no tendría sentido que siquiera hubieran debates, sería como el final de la Historia…

      Estoy de acuerdo en una cosa: las definiciones proporcionadas por el liberalismo son impecables, incluso asépticas, pero totalmente alejadas de la realidad, según mi punto de vista. Por ejemplo, sobre la definición de mercado que mencionas no tengo nada que objetar, salvo cuando se pone en contacto con la realidad. Aquí nos deparamos con el primer escollo: los liberales afirman que cuando la realidad no se ajusta a su definición estándar de mercado, la realidad tiene un problema, casi siempre por culpa de los gobiernos.

      Los liberales están convencidos de que los mercados son espontáneos, naturales. Acepto que la voluntad de intercambio hace parte de la naturaleza humana, aunque en un marco mucho más amplio donde lo comercial es tan solo una pequeña parte. Ateniéndonos estrictamente a esto último, a lo comercial (con todo el dolor de mi alma, ya que creo que los liberales obvian de una forma incomprensible todas las demás facetas del ser humano), podemos decir que en la realidad confluyen muchos factores que echan por tierra ese pretendido equilibrio perfecto de los mercados. Resulta inevitable que determinados actores adquieran una posición de preeminencia por diversos motivos, ya sean geográficos, geológicos, demográficos, debido a un año extremo en cuanto a lluvias o sequía, a circunstancias políticas imprevistas, terremotos, incendios, o, a nivel particular, debido a herencias, posición social, etc. Y luego aprovechen dicha situación de preeminencia para presionar a otros actores y cimentar una ventaja que muy bien puede perpetuarse si la utilizan, como de hecho ocurre, para procurarse ventajas políticas.

      ¿Cualés son las necesidades del mercado? Defiendo que es necesario definirlas desde un poder democrático. Y con mucho rigor. Por ejemplo, ¿debe protegerse la voluntad de intercambio individual de mercancías por encima de las posibilidades de regeneración del planeta? Es evidente que no. En muchos casos es necesario limitar ese derecho individual si no queremos causar una catástrofe medioambiental futura. Otro ejemplo: la demanda de biocombustibles pude subir por encima de la demanda de las harinas de cereales, ¿pero qué pasa si solo respetamos la ley de oferta y demanda, sin otras consideraciones, y provocamos que suban los precios de las harinas y, con ello, condenamos a una parte de la población a la desnutrición? Conclusión: el poder político (democrático) debe intervenir. Aunque una cosa sí es cierta: el mercado siempre alcanza un equilibrio, pero ese equilibrio muchas veces se consigue a costa de provocar daños colaterales muy ciertos e identificables. La teoría económica liberal lo resuelve calificándolos de «externalidades», y se queda tan ancha, lo que para mí es claramente insuficiente e inaceptable.

      En cuanto a los poderes coactivos y la voluntariedad, podemos poner un ejemplo más extremo y considerar si no pesa sobre un trabajador textil en Bangladesh, sometido a condiciones muy próximas a la esclavitud, una gran presión coactiva derivada de su situación de miseria. La respuesta liberal sería: sin esa fábrica estaría peor, pero eso es como decir que si le cortan un dedo siempre será mejor que si le cortan la mano… Para mí no se trata de un respuesta válida. O se respetan los derechos humanos o no se respetan. Esa es la cuestión.

      Pero se pueden poner muchos otros ejemplos, como las guerras de diseño para proteger recursos naturales útiles según a qué potencia; los dictadores sanguinarios a sueldo de las multinacionales y gobiernos para que les permitan expoliar los recursos de su país; la tolerancia de muchos países permitiendo que circule en el sistema financiero dinero procedente del tráfico de drogas, de armas o de seres humanos. Perdona, sí que se ejerce mucha violencia en el mundo para mantener cierto status quo por parte de algunos. Y sucede hoy, ahora, no solo es cosa del pasado con los regímenes fascistas, comunistas o maoístas.

      Por último, si crees que no tienes necesidad de competir contra Usain Bolt, intenta hacerlo contra una multinacional. Si sigues pensando que lo haces en igualdad de condiciones, a mí se me acaban los argumentos. Yo más bien diría que te van a aplastar como a una mosca. Y no servirá de nada decirles que no tienen por qué ser solo competitivos, que también pueden colaborar.

      Saludos.

      Comentario por Iván Bethencourt — 14 junio, 2017 @ 8:08 am | Responder

      • Es cierto que las palabras no son como las matematicas, pero en un diálogo es mas conveniente, por mas aséptico que parezca,
        que al menos el término que originó el debate tenga un solo significado y no dos distintos o peor aun opuestos.
        Por ejemplo el término mercado, es mejor que definamos si lo utilizamos para referirnos a algo parecido al stalinismo o si lo
        utilizamos para referirnos a los intercambios voluntarios que se dan en la sociedad.
        Y suponiendo que acordemos definir mercado igual a totalitarismo según tu propuesta inicial, entonces habrá que buscar un
        término distinto para referirnos al segundo concepto -los intercambios voluntarios- de tal manera que podamos entendernos mejor.
        Ademas notaras, que al hacer esto, no estaremos intentando chocar con la realidad. Se trata simplemente de darle mombre a una
        actividad existente,y eso no es ir contra la realidad en modo alguno.

        Luego dices que aceptas que la voluntad de intercambio hace parte de la naturaleza humana y que eso incluye el aspecto
        comercial,aunque sea en pequeña parte según tú. Luego por inferencia el mercado si es espontáneo y natural.
        Bueno esto es innegable porque se ha dado a lo largo de la historia. Los grupos humanos en algun momento se dan cuenta que
        intercambiar bienes con sus vecinos es mejor que andar constantemente guerreando.
        Esto nos lleva a notar una cosa, y es que solo hay dos maneras de suplir nuestras necesidades, una es por medios
        coactivos, o sea el robo, que se que puede dar de forma individual o grupal e incluso organizado institucionalmente desde el estado. Y el otro es por medios pacificos, estos son los intercambios libres y voluntarios en la sociedad civil. Este ultimo,
        es el único medio moralmente aceptable y que además lleva al progreso.

        También quiero aclarar que al tratar el tema del comercio no pretendo obviar las demás facetas que tiene el ser humano. El tema surge porque la conclusion de tu post fue obviamente una condena al mercado, asi que no me quedó mas remedio que cuestionarlo.
        Habra que responsabilizar tambien al influjo del pensamiento socialista por esa manía contra el mercado, que es lo que nos llevó a centrarnos en el comercio y que tanto dolor os ha producido.

        Curiosamente estamos de acuerdo en algo, los conceptos de equilibrio y competencia perfecta son erróneos. Esos errores tienen su origen en la corriente neoclasica. En contraste, para la escuela austriaca el mercado al ser producto de la sociedad es un proceso dinamico y siempre esta en continuo cambio.

        ¿Y cualés son las necesidades del mercado?
        Pues las que la gente esta demandando. Si la gente demanda más pan, el precio del pan subirá y eso atraerá a mas productores de pan, los cuales producirán hasta que el precio empiece a bajar, lo cual significará que la demanda extra estara suplida.
        Es decir, es la misma gente la que define las necesidades que hay en el mercado. No creo que una asamblea por muy sabia o democratica que sea las pueda definir mejor. Ya me veo sin pan si tal cosa pasará.

        Otra cosa a aclarar, es que el objetivo al entrar al mercado no es competir por el mero gusto de competir, eso es mas bien para los deportistas, la idea en el mercado es encontrar necesidades no satisfechas en la sociedad que nosotros sepamos que podemos cubrir y por las cuales los demás nos retribuirán gustosamente. Esas posibilidades nunca faltarán porque todo el mundo siempre esta buscando servicios para mejorar su calidad de vida. Luego ¿Cuál es la necesidad de competir con una multinacional, si servicios no cubiertos siempre habran?

        Sobre ese escenario extremo, del trabajador en Bangladesh, me parece que tu analogía es mala porque lo planteas como la sustracción de un opción y no la adición de una. La perdida de un dedo o un pie sería una sustracción de algo que ya poseía, en contraste la dura fabrica, aunque poca cosa, sería una adición a sus opciones, una que no tenia previamente, a diferencia de su dedo.
        Una analogia mas precisa sería: No tengo coche y me ofrecieron una carreta, aunque por supuesto quisiera un ferrari; o no tengo casa, me ofrecieron una cabaña, pero quisiera una mansion; o para hacer referencia al cuerpo tambien: Le falta el pie,
        le pusieron una prótesis aunque obviamente preferiría su extremidad natural.

        Para terminar, que se ejerce violencia en el mundo eso lo sabemos todos, el problema es a que se atribuye esa violencia. La miopía socialista no ha sabido separar en todos los casos lo que es bueno y útil en la sociedad de lo que verdaderamente es pernicioso y por eso ha diseminado la errónea creencia que el mercado es malo per se. El mercado es como una herramienta, y las herramientas no son malas, es lo que la gente hace despues con los beneficios que obtiene del uso de esa herramienta lo que puede ser malo. Cada uno puede usar los frutos que el mercado da para escoger si hara el bien, alimentar a tus hijos por ejemplo o si lo usará para el mal.

        Comentario por Diego Fuente — 16 junio, 2017 @ 3:05 am

      • No creo que haga falta enredarnos en la definición de mercado, la definición perfecta ya la has proporcionado tú, tal y como la dicta la teoría clásica. El desacuerdo se produce cuando contrastamos dicho concepto con lo que sucede en la realidad, donde, según opino, hemos dado prioridad a las fuerzas que gobiernan a los mercados por encima de los derechos humanos, de modo que la libertad individual incluida en dicha definición queda en entredicho (en la realidad, no en abstracto) ante la evidencia de que ciertos colectivos vulnerables terminan subyugados de forma dramática por tales fuerzas. En sus manifestaciones más extremas, es decir, cuando millones de seres humanos se ven privados de prácticamente todas las opciones vitales, creo identificar situaciones que me recuerdan a lo peor del totalitarismo (de izquierda o de derecha, me da igual). Pero, ojo, solo en relación a la situación concreta de estos individuos, no extiendo estas conclusiones al sistema de mercando en su conjunto. No tengo nada en contra del mercado como tal.

        Correcto, me expresé mal: el mercado es espontáneo y natural, como las relaciones entre parejas. Pero, tal y como sucede también con estas últimas, su funcionamiento debe ser reglado muy cuidadosamente. En una relación afectiva la igualdad, la dignidad y el respeto entre los individuos que la conforman no siempre surge de forma espontánea, no siempre se autorregula. En ocasiones críticas requiere la intervención de la autoridad, por muy voluntaria que sea la relación y por mucho que sus miembros rechacen dicha intervención, porque muy bien podría estar causando perjuicios irreparables a un tercero (por ejemplo, un hijo). En ocasiones no basta solo con esgrimir la voluntad de los individuos para legitimar una relación. Me refería a eso.

        Coincidimos en que el libre y pacífico intercambio entre individuos impulsa el progreso, no se me ocurriría ponerlo en duda. Pero, insisto, en mi opinión este requisito se cumple solo cuando se garantizan los derechos humanos entre todas las partes implicadas. Si yo como individuo libre de un país democrático adquiero artículos producidos en circunstancias de esclavitud o semiesclavitud, me parece un vano intento seguir hablando de «libre» intercambio. En esos casos estaríamos hablando de otra cosa.

        «Habrá que responsabilizar también al influjo del pensamiento socialista por esa manía contra el mercado, que es lo que nos llevó a centrarnos en el comercio y que tanto dolor os ha producido»
        No sé qué decirte. Abomino la obsesión de los socialdemócratas de tutelar la libertad de los individuos y la consecuente y engorrosa burocracia que de todo ello resulta… No tengo nada en contra de los mercados, tanto como en contra de los cuchillos mientras solo se usen para cortar bistecs. Y sin embargo soy un férreo defensor de lo público.

        «Si la gente demanda más pan, el precio del pan subirá y eso atraerá a mas productores de pan, los cuales producirán hasta que el precio empiece a bajar, lo cual significará que la demanda extra estará suplida»
        La teoría clásica en acción. Lo que sucede a veces es que los panaderos no tienen poder suficiente para producir más pan aunque exista esa demanda en el mercado local, porque, por ejemplo, si partimos de un mal reparto de la tierra (algo muy frecuente) podría pasar que los terratenientes decidan que es más beneficioso para ellos vender el cereal a una multinacional para fabricar biocombustibles. Insisto en que en la realidad no siempre se dan las condiciones descritas en tu proposición.

        Confieso que no entiendo muy bien la razón por la que relativizas la competitividad en los mercados. Podríamos aceptar que las necesidades son infinitas (hasta cierto punto) y, por ende, las posibilidades de negocio, en cambio los recursos para satisfacerlas no lo son. Eso derriba tu argumento. La pugna por hacerse en la bolsa de valores con una buena partida de algodón es absolutamente feroz. Precisamente porque los recursos son limitados es por lo que a veces hay que utilizar, además de la oferta y la demanda, criterios políticos como una justicia basada en los derechos humanos.
        Pregúntate por qué las multinacionales aplastan sistemáticamente todo intento de competencia. Pregúntaselo a Microsoft. No, Bill Gates no inventó el mejor sistema operativo, pero fue muy habilidoso a la hora de implantarlo por defecto en casi todos los ordenadores del mundo aprovechándose de las carencias legales propiciadas por la complicidad de los gobiernos. Y sin embargo ciertas necesidades hubieran quedado mejor cubiertas con otros productos mejores. En la práctica, el poder corruptor del dinero puede más que la ley de la oferta y la demanda. En la práctica una multinacional es como Usain Bolt y cualquiera de nosotros, pues eso, uno cualquiera.

        «[sobre] el trabajador en Bangladesh, me parece que tu analogía es mala porque lo planteas como la sustracción de un opción y no la adición de una»
        La lógica funciona igual de bien en ambos sentidos. Veamos esto: yo te doy la opción de, en vez de morirte de hambre a los treinta años, de hacerlo intoxicado a los cuarenta debido a los productos tóxicos que vas a manejar en mi fábrica sin la protección adecuada. Suena igual de horrible e inaceptable.

        «que se ejerce violencia en el mundo eso lo sabemos todos, el problema es a qué se atribuye esa violencia»
        Hablaba concretamente de la violencia provocada, por ejemplo, en el Congo cuando una multinacional financia una facción armada que siembra el terror con el único objetivo de controlar la extracción de ciertos minerales, o cuando se venden pesticidas a bajo costo a otros países pobres con el objetivo de probar sus efectos colaterales antes de comercializarse en los países ricos. Etcétera.

        «Cada uno puede usar los frutos que el mercado da para escoger si hará el bien, alimentar a tus hijos por ejemplo o si lo usará para el mal»
        Estimado amigo, esta frase es absolutamente terrorífica. Con sinceridad, no merece ningún comentario. Prefiero creer que te has expresado mal.

        Saludos

        Comentario por Iván Bethencourt — 18 junio, 2017 @ 12:19 pm


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