El jardín del exilio

6 abril, 2013

Igualdad vs. diversidad

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 9:32 pm
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IgualdadUno de los pilares básicos de toda democracia es la igualdad, es el principio más invocado cuando surgen agravios comparativos, y en esta época de crisis ni les cuento. Agravios comparativos por un tubo. Ahora bien, cuando pensamos en la igualdad ¿sabemos de qué estamos hablando? A mí me parece que hay bastante confusión al respecto. Por ejemplo: ¿aceptarías ser tratado igual que un criminal? Por supuesto que no. Dirías, y con razón: “¡es que soy diferente!” Hombre, faltaría más.

Pero cuidado: la igualdad llevada al extremo ha desembocado frecuentemente en regímenes totalitarios, de un signo u otro. Ciudadanos grises y anodinos cortados por la misma tijera, con las mismas caras, las mismas ropas y enormes barrios de viviendas con edificios tan tétricamente iguales que podrían haber salido de una pesadilla de George Orwell. Visiones como esa le ponen a uno los pelos de punta y, no obstante, ¿se puede concebir algo más estrictamente igualitario? Vade retro.

Entonces vayámonos al otro extremo: la exaltación del individualismo como criterio para establecer la igualdad. Si hay algo que compartimos el común de los mortales es el hecho de que cada uno es único en su género, ¿y qué puede esgrimirse como mejor argumento en favor de la igualdad el que cada uno dé rienda suelta a la individualidad que lleva dentro, permitiendo que se realice en sus infinitas posibilidades? Poco tendríamos que objetar a semejante idea, pero pongamos otro ejemplo. Imaginemos que nos invitan a participar en una carrera de cien metros lisos con oponentes de nivel olímpico. Antes de que el juez dé el pistoletazo de salida nos veremos en la obligación de reconocer que no tenemos ni la más remota oportunidad. Mala suerte, podrían decirnos, al fin y al cabo es inevitable que unos sean más guapos que otros, mejor dotados físicamente que otros, más ricos que otros, etc. Lo que deberíamos hacer, seguirían diciéndonos, es ponernos a entrenar como se espera haga todo el mundo, ¿o es que pretendemos que los atletas corran con un pie atado a la espalda? Las condiciones de salida son las mismas para todos, ¿no es así? Y de este modo llegamos a la sociedad que hemos creado en la actualidad: un modelo competitivo sólo apto para los más fuertes, o los más listos (o los más caradura).

Si somos francos, y leemos la letra pequeña, la igualdad propugnada por las constituciones democráticas modernas lo que viene a decirnos es lo siguiente: todos los ciudadanos gozan de las mismas condiciones de igualdad y libertad para sacarse los ojos unos a otros, dentro de los límites establecido por las leyes. En resumen: échate a correr antes de que los demás, y particularmente los atletas olímpicos, se den cuenta. Aquí cada uno tiene que salvar su culo. Está claro que estamos hablando de un modelo marcadamente individualista, y despiadado. Es la elección que hemos hecho una vez nos hemos librado de las garras de los totalitarismos. Pero, al final, ¿somos iguales o somos diferentes?

A ver, somos igual de iguales e igual de diferentes… O siendo más claros: somos rigurosamente iguales en cuanto seres humanos, pero diametralmente diferentes en cuanto individuos. Como seres humanos compartimos unas necesidades básicas similares (derechos humanos); como individuos, unas necesidades particulares que son inherentes al desarrollo de cada personalidad concreta. Equilibrar ambas dimensiones es la piedra de toque para lograr una sociedad sana. Se trata de un equilibrio muy frágil y difícil de alcanzar. Ahora bien, como principio rector podemos establecer que ninguna necesidad de la esfera individual debería satisfacerse de tal manera que llegara a limitar o coartar el ejercicio de un derecho humano básico. Sí, lo sé, es el abc del Derecho Constitucional que se da en el primer año de facultad, no me estoy inventando nada nuevo. Quién soy yo para negarlo. Pero es que vivimos inmersos en una crisis moral de tan grandes proporciones que incluso las mayores obviedades, por alguna razón, han dejado de serlo. Está todo patas arriba. Porque miren ustedes que hay cientos de miles de personas que han estudiado Derecho en este país y en los países de nuestro entorno, con quienes compartimos los mismos o semejantes principios democráticos. Y, sin embargo, de un tiempo a esta parte los derechos humanos vienen siendo arrollados sin pudor y en plaza pública en nombre de intereses muy pero que muy particulares. Es el mundo justo del revés. Lo hemos invertido todo, le hemos dado una patada a la cazuela y la hemos dejado boca abajo con todo el contenido desparramado por el suelo. Deberíamos pegarle fuego a todas las facultades de Derecho.

Ahora vivimos en otro tipo de totalitarismo. El de los mercados. Por encima, muy por encima de los derechos humanos.

2 comentarios »

  1. SE ME HA HECHO CORTO EL ARTICULO, VERDADES COMO CATEDRALES, EL CLUB BILDELBERG AL PODER, O LO QUE ES LO MISMO, LOS MERCADOS PARA CAMUFLAR UN POCO.

    Comentario por cacoon — 7 abril, 2013 @ 10:55 pm | Responder

  2. suuuuuuuuuuuuuuuuuuuuper bien

    Comentario por mon — 14 abril, 2013 @ 2:46 pm | Responder


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