El jardín del exilio

4 junio, 2013

La senda del dolor

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 8:00 am
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latigazos

Aunque definirse como ateo posiblemente permita atraer hacia nuestra persona, casi más por vanidad, una pátina de intelectual moderno, pocos tienen idea de lo superficial que puede resultar semejante etiqueta. Lo cierto es que estamos tan embebidos de la cultura judeo-cristiana que no somos conscientes de hasta qué punto el tuétano de toda nuestra estructura mental está penetrada de sus valores, no obstante la vehemencia y fuegos artificiales con que decidamos negarla.

Uno de los valores más firmemente arraigados de nuestra cultura, con su correspondiente reflejo en nuestra vida cotidiana, consiste en la necesidad de aparejar el dolor y la autoflagelación con la virtud. Existe la extendida creencia, a nivel subliminal, de que si algo duele y hace daño es señal inequívoca de que es bueno. Sin vacilar nos echamos alcohol crudo en nuestras heridas en la seguridad de que el intenso escozor resultante es el que va a curarnos, descartando como inútil cualquier otro tratamiento cuyo efecto sea inocuo desde el punto de vista del dolor físico, cuando puede ser todo lo contrario. Y al revés. Solemos mirar con recelo todo aquello que nos produce placer o se lo produce a los demás.

Por desgracia, la cultura del dolor se exacerba hasta el paroxismo en épocas de crisis; el miedo sirve de acicate para rendir nuestra dignidad y entregarnos a las más absurdas prácticas masoquistas. Como decía al principio, no se trata sólo de un fenómeno ligado en exclusiva al hecho religioso, por mucho que la gente ahora se muestre más propensa a “pagar” promesas dejándose la piel de las rodillas en el asfalto o la integridad de sus vértebras cargando pesados fardos en las procesiones. Va mucho más allá. Tiene que ver con la facilidad con que estamos aceptando el sufrimiento que nos imponen desde las instituciones europeas y el gobierno, bajo la férula éstos del poder fáctico del dinero. Nos dicen: “tienes que currar más y ganar menos” (un cuento que no se aplican quienes lo predican), y todos apretamos los dientes y hacemos acto de contrición sin apenas rechistar. Al fin y al cabo, eso nos han hecho creer, hemos pecado con nuestros excesos y hemos de purgar nuestras faltas. Lo último que importa es que estas medidas draconianas sirvan de algo. Te lo adelanto desde ya: son inútiles, no van a hacer con que mejore nuestra situación. Pero sí, traen consigo mucho dolor. Eso debería servirnos de consuelo…

Ah, desde luego, si todavía no lo estás pasando mal ya buscarán la manera de joderte. No es que haga falta en todos los casos, pero tu bienestar es un insulto para quienes han aceptado trillar la senda del dolor, para quienes se han tragado sin masticar el discurso oficial de la necesidad irredenta de sufrir por el solo hecho de llevar en tu rostro una media sonrisa de satisfacción. “Los tiempos no están para eso”, te dirán, “has de arder en la hoguera como toda la gente decente”. Y así, si eres funcionario te dirán que tu estabilidad laboral es “injusta” y buscarán la forma de igualarte a quienes sufren las peores condiciones en ese ámbito (ya están en ello); te bajarán el sueldo o te harán trabajar más horas aunque la cuenta de resultados de tu empresa siga estando en positivo; te harán pagar el euro por receta aunque gestionar dicha tasa cueste más de lo que aporta a las arcas públicas; te dirán que estudiar una carrera es un lujo que no puedes permitirte, aunque seas una persona talentosa con muchas posibilidades de aportar valor añadido a la sociedad, etc. Es la implacable cultura del dolor, grabada a sangre y fuego en nuestros genes culturales.

Resulta curioso, porque los organismos vivos están diseñados para el placer, lo cual equivale a decir que hemos venido a este mundo con el propósito de ser felices. ¿Por qué no lo somos? Dos lecturas recomendadas: Así habló Zaratustra, de Nietzsche, y El miedo a la libertad, de Erich Fromm. El primero es un canto a la vida, a la tierra, a la felicidad de vivir y bailar, a la capacidad creadora, a la furia, al coraje y a todo lo que llevamos dentro –no exento de polémica, hay que decirlo. El segundo nos explica cómo la aceptación del dolor autoinfligido o infligido a los demás no es otra cosa que reflejo de una arraigada incapacidad para asumir nuestra libertad como seres humanos, del miedo a la incertidumbre, del miedo a la vida misma.

Queridos amigos, si hay una crisis es de gilipollez. Tenemos en nuestras manos todos los instrumentos para ser felices, la tecnología nos permite producir a día de hoy todo lo que nos hace falta. La gente muere de hambre en vano, trabaja horas y más horas en vano, es desahuciada de sus casas en vano, se le recorta sus derechos en vano, en suma, sufre todo tipo de privaciones absolutamente en vano y sin ningún tipo de causa racional que lo justifique.

De verdad, ¿no estamos hartos ya de sufrir y ver sufrir a los demás sin motivo? Creo que ya hemos soportado suficientes azotes. O quizás no.

2 comentarios »

  1. Cuánta gente debatiendo¡¡ Bueno, tampoco se obliga a nadie no?
    Bueno yo para comentar el artículo, como casi siempre me ha gustado. Cuando hablas del rechazo al placer me viene a la cabeza el sexo y sus prácticas pecaminosas, pero eso, es sin quererlo.También pienso como tú en ese sentido.
    Yo creo que la gente no se moviliza por cultura, son demasiados años soportando una figura humana que refleja callar y obedecer, desde la guardería, colegio, universidad y hasta el final de la cadena que es el trabajo. A veces hasta los mismos padres “porque lo digo yo”. Cuando en ese proceso levantábamos la mano para dar otro punto de vista,o simplemente apuntar que no estábamos de acuerdo con el profesor nos invitaban a callar y escuchar y si no ponias lo que querias en un examen estabas suspendido. O te sometes o no pasas de nivel y así nos han atontado desde pequeños. No nos han enseñado a no pensar y a tener opinion ni criterio propio,yo diría que hasta pérdida de autoconfianza y autoestima de los ciudadanos. no es fácil de cambiar de un plumazo y pienso que todavía podemos soportar más carga y dolor del que hablas, porque se ve culturalmente demasiada tele y demasiada ” información” que es lo mismo a manipilación y de eso saben bastante nuestros políticos. El miedo a algo nuevo y que seguramente iremos descubriendo poco a poco, es demasiado fuerte para conformarnos con menos de 1000€ al mes y con horas increcciendo. De todas formas, cuidadin con los poderes politicos que la “masa” se puede dislocar y como dice el anuncio, la fuerza sin control no sirve de nada.
    En fin no se si he malinterpretado el escrito, en cualquier caso felicidades por dar opiniones y hacer pensar un poco a la gente.

    Comentario por CACO — 6 junio, 2013 @ 9:13 pm | Responder

  2. Date: Tue, 4 Jun 2013 08:00:24 +0000 To: mamygrimon@hotmail.com

    Comentario por Teresita Rodriguez Grimon — 12 junio, 2013 @ 3:05 pm | Responder


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