El jardín del exilio

15 junio, 2013

Un estado sin nosotros

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 8:51 am
Tags: , ,

Estado de bienestar

Si abrimos la prensa, acudimos a Internet o escuchamos el telediario, incluso si consultamos los puestos de libros más vendidos, comprobaremos que estamos en medio de una auténtica avalancha de información de índole económica: todo converge en la crisis económica, todo es la crisis económica. Uno ya empieza a hartarse un poco, pero es comprensible. Hemos vivido durante muchas décadas dando demasiadas cosas por supuestas, ahora intentamos comprender. Sobre todo lo que nos espera.

Abundan teorías y análisis para todos los gustos. Yo les voy a decir lo que pienso. No cabe duda de que superaremos la crisis económica, dentro de algunos años. La cuestión es que la mayoría saldremos más pobres y viviendo en peores condiciones mientras que una minoría habrá incrementado considerablemente su riqueza. Más aún.

Se trata del primer punto que debemos tener en cuenta: la cuestión no es que haya dejado de existir la riqueza que había antes, y por tanto nos veamos obligados a hacer recortes. La crisis económica actual se explica en el sencillo hecho de que se ha producido un trasvase brutal y descarado de capital desde las clases pobres y medias a la clase adinerada, es la asombrosa historia de un expolio consentido por nuestros gobernantes. Luego, las medidas que se están aplicando para contrarrestar los efectos de la crisis son inservibles. Porque es como si te robaran el coche debajo de tus narices y la única solución que te dan las autoridades consiste en ver de qué forma podrías conseguir un crédito para comprarte uno nuevo… Todo lo que no sea restituir los miles y miles de millones que nos han quitado es agua de borrajas.

Conozco a mucha gente que se consuela porque no sólo cree que saldremos de la crisis económica, también está convencida de que la acentuada pérdida de poder adquisitivo y recorte de derechos fundamentales que estamos sufriendo se enmarca en una situación temporal. Una vez que las cosas se asienten y se arregle la economía, así como por arte de magia, volveremos a la senda del crecimiento y recuperaremos el terreno perdido.

Me da mucha pena de quienes opinan de este modo, asumen sin quererlo una actitud demasiado complaciente, cercana a una candidez propia de la edad del pavo. Éste sería el segundo punto a tener en cuenta. Amigos: no volveremos a recuperar nuestro antiguo modelo de vida. Nunca más. Repito: NUNCA MÁS. No sólo porque aquellos que nos han robado no van a devolvernos lo que es nuestro, amén de que ninguna autoridad va exigirles que lo hagan, sino porque vivir con el mismo tren de décadas atrás resulta absolutamente insostenible e irracional. Es inútil seguir deseando circular a 200 Km/h cuando es obvio que a la autopista no le quedan más de quinientos metros.

Por increíble que parezca todavía hay gente que se conforma con esto último, es decir: acepta con una naturalidad pasmosa su nueva condición de pobreza definitiva, sobre todo porque la han convencido de que es inevitable, pero se consuela con una idea que es incólume al desaliento: “aún así saldremos adelante”. Me encantan estos optimistas irredentos, se comen todo lo que le echen. Y este es el tercer punto que deberíamos tener en cuenta: el empobrecimiento de las clases medias y bajas que estamos constatando hace parte de un largo proceso que arrancó a principios de los años noventa del siglo pasado. La crisis económica no ha hecho sino acentuar dicho proceso, ¿por qué pensar que va a detenerse aquí? Los optimistas irredentos tendrán que hacer acopio de más optimismo irredento: no está claro que no vuelva a producirse otro colapso del sistema financiero y ello desate una nueva oleada de recortes, esta vez más profunda: seguimos cometiendo los mismos errores que antes de 2008 y que causaron la actual crisis.

La situación económica seguirá deteriorándose, por mucho que algunos se empeñen en que mejorará. Porque a pesar de esa “bonanza” que, al parecer, nos espera al final del largo túnel de penurias económicas que estamos atravesando (ojo al parche: con sueldos más bajos, más precariedad laboral, menos prestaciones sociales, una Educación con menos recursos y, para rematar, una democracia abiertamente rendida a los poderes económicos, ¡menuda bonanza!), nadie podrá evitar que cada vez más gente quede excluida del sistema, o enganchada precariamente a él. Se está gestando una nueva clase social: la clase de los excluidos, eso sí, con una importante diferencia respecto a los colectivos que tradicionalmente han sufrido esta circunstancia. Se trata de personas bien formadas y que han crecido en la era de Internet y las redes sociales. Cada vez tienen menos recursos individuales, pero se las están arreglando para tejer redes de intercambio al margen del sistema. Su método, el modelo social del S. XXI: las estructuras P2P, redes de intercambio libre entre iguales. Nadie hace acopio de nada, los recursos simplemente se ponen en “red” y se comparten libremente. Es el mismo sistema que la mayoría utilizamos para compartir archivos y conocimientos, con Wikipedia a la cabeza, pero además están viendo la luz fórmulas P2P para crear monedas virtuales independientes de los estados, asentando las bases para un comercio fuera del alcance político de éstos.

Yo que ustedes no perdería detalle. Si esto sigue así, nadie podrá evitar que aumente cada vez más el número de excluidos del sistema. La puntilla podría venir de la mano de nuevas quiebras estatales al estilo de Grecia o Chipre (¿podría ser España el siguiente?). Con cada nueva quiebra y “rescate” aumenta el número de personas que se acogen a las monedas virtuales, es un aviso a navegantes. Ya hay colectivos tendiendo su propia red de Internet al margen de las empresas de telefonía, y no me extrañaría que en los próximos años aparezcan otros colectivos que empiecen a generar y compartir energía por su cuenta, etc. Algo se está moviendo desde la base, y su dirección apunta hacia fuera de las fronteras de los estados, de los bancos y las grandes compañías.

No creo que este nuevo paradigma social surja de derrotar en una confrontación directa al actual. Triunfará por abandono. Los estados y los poderes fácticos que les sirven de sustento irán sumiéndose en una soledad paulatina (los ciudadanos irán dándoles la espalda) y, finalmente, o se renuevan desde los cimientos o morirán de inanición.

Pero antes, muchas cosas tendrán que venirse abajo. Paciencia. Todavía queda un largo camino.

Dejar un comentario »

Aún no hay comentarios.

RSS feed for comments on this post. TrackBack URI

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Crea un blog o un sitio web gratuitos con WordPress.com.

A %d blogueros les gusta esto: