El jardín del exilio

21 diciembre, 2013

Un mundo peligroso

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 9:08 am
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A6B5AKCuando en 1.453 el ejército turco sitió la hasta entonces inexpugnable ciudad de Constantinopla, los eruditos bizantinos no fueron capaces de aparcar siquiera por un momento sus diferencias para centrarse en lo que sin duda era la cuestión más acuciante: la desesperada defensa de la urbe, que reclamaba ínclitos esfuerzos. En lugar de ello, prefirieron dedicar su tiempo a discutir acerca de un asunto cuyas cruentas disputas intelectuales los mantenía del todo absorbidos: dilucidar el sexo de los ángeles. De ahí la expresión “discusiones bizantinas”.

 Hizo falta que el acero afilado del enemigo cayera sobre sus cuellos embutidos en seda para que se dieran cuenta del grado de frivolidad que habían alcanzado. Y me sobrevive la duda de si incluso la terrorífica inminencia de la muerte, representada por un soldado turco con la cimitarra en alto a punto de descargarla sin piedad sobre cualquiera de ellos, sirvió para sacarles del error. Estoy convencido de que muchos aún tuvieron valor para preguntarse cosas como “¿a qué viene semejante ultraje?”

 Este episodio contiene una moraleja devastadora, desgraciadamente aplicable a todos los periodos de la historia, y con más razón al actual. La visión del enemigo atrincherado en el umbral de nuestra propia puerta, emitiendo alaridos amenazantes y juramentos de muerte, puede no bastar para que decidamos tomar la actitud que demanda el momento. Por increíble que parezca puede que aún haga falta algo más dramático. ¿Y qué es más dramático que enfrentarnos a la inminencia de la muerte? Pero es que su sola presencia a dos palmos de nuestras narices, incluso refocilándose ante nuestros besos, es probable que tampoco sirva de escarmiento; quizá haga falta dar un paso más: sentir el sabor de la sangre inundando nuestra garganta, sentir la fría sombra de la muerte apoderándose de nuestro cuerpo, respirar su aliento, sentir, en suma, su amenaza REAL y fehaciente sobre nuestra carne bordeando el filo del abismo. Quizá entonces tengamos una oportunidad.

 Vivimos tiempos difíciles, tiempos de derrumbe de todo un sistema, de toda una filosofía de vida que ha servido de sustento al avance de la civilización. Las voces que nos lo advertían vienen pronunciándose en vano desde hace décadas. Sabemos que nuestro estilo de vida actual está hipotecando el futuro de nuestros descendientes, estamos causándole un mal terrible a las generaciones futuras. Pero no es suficiente. Sabemos que hemos llegado al límite de la explotación de los recursos naturales. Pero no es suficiente. Miles de personas mueren inútilmente de hambre todos los días, aun habiendo recursos bastante para atenderlos. Pero no es suficiente. Seguimos adormecidos, instalados en un sopor de manada, en una actitud cobarde que se empeña en negar la realidad aun a costa de las evidencias.

 Ya empezamos a sufrir algunas consecuencias fruto de ese derrumbe. Empezamos a vislumbrar sufrimiento donde antes no lo había. Sin embargo, seguimos tranquilos: el enemigo aún está a las puertas, aún no nos toca a nosotros, podemos seguir tratando sobre el sexo de los ángeles, pese a que nos hemos visto obligados a ponernos mascarillas debido al humo que desprenden las enormes piras donde se están quemando a los muertos. Pero tranquilos: aún no somos nosotros…

 Creo sinceramente en un mundo mejor, es más, creo que el mundo ya ha cambiado de forma irreversible y para siempre. Y a mejor. Pero no necesariamente porque nos hayamos vuelto más “buenos” o siquiera más “conscientes” (bueno, a lo mejor un poco más), sino porque la destrucción que hemos operado sobre el planeta nos obligará de aquí en adelante a vivir al límite. Ya estamos en ese límite, pero la carne de muchos de nosotros aún no está lo suficientemente chamuscada. Lo suficiente como para que nos veamos obligados a vivir con el olor de la muerte metido hasta el tuétano.

 La humanidad necesita recuperar la sensación de que el mundo es un lugar peligroso, que nos amenaza de forma constante. Y que esa amenaza comparte lecho con nosotros, todos los días de nuestra vida. Entonces, como decía, tendremos una oportunidad.

 Pero ese momento aún no ha llegado.

3 comentarios »

  1. Creo que esta es de las escasisimas veces que voy a poner un pero a tu comentario, y es que aunque creo compartir todas las ideas de que por ejemplo, como a mi no me toca, la situacion. No es tan mala, en el fondo creo que para una persona del rebaño como yo que leo el texto, quizás, me hubiese sentido mejor, si al final del texto aclarases en qué estamos abusando tanto mayormente y algunas soluciones pues tambien. Por otro lado, entiendo que aludes a un final del sistema tal cual lo conocemos, y yo creo que todo es mejorable por supuesto y el sistema y sus leyes tb, en eso muy deacuerdo, pero aunque venga un sistema que funcione casi perfecto, sin un cambio del ser humano profundo de valores y de humanidad nunca mejor dicho, mejor no malgastar tiempo en cambiar nada, de hecho el sistema actual con un poco mas de equilibrio racionalidad…sentido común sería muy válido durante un buen puñado de años más. En cualquier caso un artículo genialmente escrito.

    Comentario por caco — 22 diciembre, 2013 @ 6:10 am | Responder


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