El jardín del exilio

4 enero, 2014

¡Despierta (tienes cadenas por todo el cuerpo)!

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 6:49 pm
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Mariposa-encadenadaLlevo tiempo rumiando el mejor modo de escribir este artículo. Le he dado vueltas y más vueltas. No sé qué hacer para que puedas entenderme, pese a que el mensaje que me dispongo a transmitirte es muy sencillo, de hecho se trata de algo que tienes delante mismo de tus ojos. Y no es precisamente una minucia. Todo lo contrario: es gigantesco, monumental. Entonces, ¿cómo es posible que me vea obligado a dar tantos circunloquios? Es frustrante.

Pero quizá ahí radique el problema: en la magnitud de lo que intento hacerte ver. ¿Cómo contemplar una montaña si estás justo encima de ella? ¿Cómo vislumbrar la jungla si la espesura vegetal te ensombrece la visión y no te deja espacio más que para dos palmos a partir de tus narices? Y te digo más, ¿sabes esa musiquilla que lleva tanto tiempo puesta que ya ni siquiera eres capaz de oír? Uno juraría que todo está en silencio, pero no: esa musiquilla repetitiva y machacona sigue tocando… y nosotros bailando a su ritmo.

De modo que necesito que te concentres, que hagas un esfuerzo de comprensión. Voy a apagar por unos minutos esa horrible música de fondo, o a despejar un poco la jungla, o a proporcionarte algo de distancia para que por fin puedas ver la montaña a la que estás subido. ¿Preparado?

No obstante, antes de empezar, he de advertirte de un segundo problema, también preliminar. Cuando trato de este asunto con los demás inmediatamente surge el siguiente reproche: “¿qué sucede, te crees una especie de iluminado? ¿Me estás diciendo que eres el único capaz de darte cuenta de la VERDAD?” A ver. No soy ningún iluminado. Tampoco soy el único, ni mucho menos, que sabe algo acerca de esto que voy a contarte; en realidad sé menos que la mayoría. Porque, sí, hay mucha gente que habla de ello, gente ilustrada (no como yo…), pero sus voces no llegan a los circuitos estándares de noticias, y cuando lo hacen el mensaje se difumina en ese gigantesco maremágnum de ruido informativo y estímulos publicitarios intrascendentes que nos envuelve y aturde las 24h. del día. Ya sabes, la musiquilla esa…

Bien, allá voy.

No hace falta ser un genio para darse cuenta de que algo marcha jodidamente mal en los tiempos que corren. Algo está pasando. La gente, que no es tonta, lo percibe y, más aún, sufre los efectos de ese “algo”. Recortes de derechos, desempleo, corrupción, empobrecimiento… De repente el mundo parece patas arriba; sí, desde luego, ya no nos cabe la menor duda: algo está pasando. La gente se indigna, se enfada, se rebela; sale a la calle a protestar, en muchos casos se organiza en distintos colectivos con objetivos dispares aunque casi siempre convergentes. En todas partes no se habla de otra cosa; en la intimidad, en el trabajo, en las reuniones informales, en los cafés, en las esquinas. Algo está pasando; sí, sí y sí. Ahora bien… por desgracia la mayor parte de esa misma gente no sabe interpretar lo que REALMENTE le está sucediendo. Que no, que no soy ningún iluminado…

En general vemos a mucha gente indignada, pero cuando le preguntamos por las posibles alternativas a la actual situación casi nunca escuchamos respuestas coherentes, o como mucho un batiburrillo de ideas que han quedado ancladas en el siglo pasado, principalmente derivadas del marxismo. Tampoco es todo culpa suya, una buena parte de los llamados “expertos” están atrapados en la misma maraña. Las cosas son mucho más sencillas. Ya lo verás. Pero es importante que entiendas que si no sabemos identificar con exactitud el origen de nuestros males, nunca seremos capaces de articular soluciones.

Respira hondo, te voy a poner en situación.

Imagínate que el mundo está representado por cien personas. De esas cien trabajan cincuenta, veinticinco están desempleadas y las restantes veinticinco, jubiladas o afectadas por algún tipo de discapacidad. Nos fijaremos primero en las cincuenta personas que trabajan. Recuerda que representan la situación de la mayor parte de los trabajadores del mundo, de modo que no nos costará demasiado imaginarlas estresadas, haciendo jornadas de ocho o más horas, sientiéndose presionadas para producir cada vez más y temerosas de perder su empleo si no lo hacen. Parece un panorama bastante horrible, pero muchos de estos trabajadores miran al cielo y suspiran agradecidos de poder contar con un medio con el que ganarse la vida. Pero ahora te voy a dar un dato que puede que te descoloque un tanto: esos cincuenta producen bienes y servicios suficientes como para mantener bien cubiertas las necesidades, no de cien, sino de ciento cincuenta personas… Un momento, ¿qué he dicho? Eso mismo.

¡EN EL MUNDO YA SE PRODUCEN BIENES Y SERVICIOS SUFICIENTES COMO PARA SATISFACER LAS NECESIDADES DE TODOS LOS HABITANTES DEL PLANETA, Y NOS SOBRA!

Por favor, vuelve a leerlo. Y si no te lo crees, ¡vuelve a leerlo! E infórmate.

Esta situación, bastante absurda, por cierto, plantea unas cuantas cuestiones fundamentales. No te lo pierdas. Por ejemplo, ¿por qué están esas pobres cincuenta personas trabajadoras tan estresadas y sometidas a tan insoportable presión laboral, en una palabra, trabajando como gilipollas? ¡Ya producen más de lo necesario! ¿Qué está pasando? Ah, pero espera, aún no hemos hablado de los veinticinco desempleados de nuestro mundo particular. ¿Te las imaginas? En efecto, también estresadas y deprimidas, en esta ocasión porque, pese a sus esfuerzos, no encuentran empleo, ven peligrar sus condiciones de subsistencia, se sienten inútiles, olvidadas, excluidas… Pobres. Sí, ¿por qué hacerlas sufrir tanto?, venga, ¡pongámoslas a trabajar…! ¿Perdón? ¿A trabajar al mismo ritmo que las otras cincuenta? Si así fuera esa sociedad imaginaria pasaría a producir bienes y servicios para… ¡más de doscientas personas! ¿Nos hemos vuelto locos?

Es evidente que cualquiera que haya leído esto y tenga dos dedos de frente ya ha dado con la solución a tan grave problema. ¡Claro! Hay que dividir el trabajo, y no sólo eso: hay que producir apenas lo que se necesita, y de ese modo TODOS trabajaríamos muchísimo menos. ¿Fin de la historia? “¡Un momento, para el carro!”, estoy oyendo decir… Sí, sí… veo que levantas las cejas en una expresión de duda. Si compartimos el trabajo, ¿no ganaremos menos? Buena pregunta. Pero ahora te vas a caer de culo. La respuesta es: ¡NO! Pero un “no” del tamaño de un estadio de fútbol. Porque no hablo de compartir SÓLO la fuerza de trabajo, hablo de compartirlo ¡TODO!, esto es, también la parte bastante abultada que se apropian ciertas personas de las que aún no hemos hablado. Lo vas a entender enseguida. Atento.

Vamos a recapitular. Tenemos nuestra sociedad idílica de cien personas cuyos trabajadores, la mitad justa, producen lo suficiente como para ciento cincuenta. También hemos apuntado una posible solución, compartir el trabajo y producir menos. ¿Hay algo que impida poner en práctica dicha solución? Uy, uy, uy. La respuesta es sí, hay algo MUY gordo que lo impide. ¡Gordo pero que muy gordo! Completemos nuestro cuadro con algunos otros datos. Te vas a volver a caer de culo.

Porque resulta que en esa sociedad de cien personas hay UNA, apenas una, que se queda con casi el 45% de todo lo que se produce… Fuerte, ¿eh? Pero es que hay otras seis o siete que se quedan con otro 40%. Echa cálculos.

¡ESO SIGNIFICA QUE MENOS DE DIEZ PERSONAS SE QUEDAN CON MÁS DEL 80% DE TODO LO QUE SE PRODUCE!

Y no sólo eso. Esas siete u ocho personas no pagan impuestos de ningún tipo, no aportan NADA al resto de la sociedad pese a que disfrutan como nadie de todos los recursos comunitarios (se estima que nada menos que un tercio de la riqueza mundial está cobijada en el limbo de los paraísos fiscales, y puede que dichas estimaciones se queden cortas). Y lo que es peor, están aliados con el poder político, con aquellos que redactan las leyes, así es que mira si no hay impedimentos para que se produzcan cambios en el sentido que estamos apuntando.

Ahora aplica las proporciones mencionadas al reparto de la riqueza en el mundo, porque son datos reales. No lo digo yo. Puedes investigarlo. Es más: ¡debes investigarlo!

¿Te das cuenta de lo asombroso que es esto?

Abre los ojos de una vez. Nuestra batalla no está en exigir más empleo (¿más empleo?, ¡para qué!) o en demandar medidas gubernamentales que estimulen el consumo (¿consumir todavía más?, ¡pero si ya nos sobra de todo!) o incluso cargar las tintas contra esas empresas que sustituyen mano de obra por máquinas (cuantas más máquinas hagan nuestro trabajo, mejor, ¿o es que la vamos a tomar con nuestra lavadora?). Nuestro gran caballo de batalla está en el reparto JUSTO de la riqueza. La riqueza que generen directamente los seres humanos o las máquinas. Da igual, eso no cambia las cosas.

Lo que sí ha cambiado toda la ecuación es la tecnología, el hecho de que cada vez necesitemos trabajar menos para cubrir nuestras necesidades. Hoy en día somos capaces de producir en una proporción inimaginable muchísimo más que en ninguna otra época anterior, y es menos de lo que produciremos mañana. Porque la sociedad de la tecnología y el conocimiento avanza sin parar, o eso debería hacer. Y si cada vez producimos más, gracias a la tecnología, ¿por qué rayos trabajamos cada vez más? ¿Nunca te lo has preguntado?

Venga, dime que los has entendido. Ahora puede que empecemos a encontrar algunas soluciones de verdad.

4 comentarios »

  1. Decrecimiento…agradezco el afán didáctico del artículo mas cómo extender la praxis?

    Comentario por ricardo — 12 enero, 2014 @ 10:38 pm | Responder

    • Hola Ricardo. “¿Cómo extender la praxis?” Por lo menos sabiendo por dónde no debemos ir.

      Comentario por Iván Bethencourt — 13 enero, 2014 @ 7:18 am | Responder

  2. muy bueno…

    Comentario por alberto — 18 enero, 2014 @ 10:20 pm | Responder

  3. Me ha encantado. En esta linea también está esta entrada:
    http://www.accionpreferente.com/estrategia/tu-estilo-de-vida-ya-ha-sido-disenado-la-verdadera-razon-detras-de-trabajar-mas-de-40-horas-a-la-semana/#

    Comentario por Carlos — 27 agosto, 2014 @ 11:47 pm | Responder


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