El jardín del exilio

1 febrero, 2014

Vivir con sentido (disparando porqués)

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 6:33 pm
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 Tiro en la sienSi algo caracteriza la época en que estamos viviendo es el hartazgo, nos han matado de sobreabundancia, hay un exceso de casi todo (menos de aquello que se necesita). Si el hartazgo que siente esta sociedad de consumo ante el abismo de enajenación en que ha caído lo expresáramos en unidades de grasa saturada, veríamos hasta las paredes de los edificios supurándola, podríamos llegar resbalando sobre ella hasta el otro lado del océano, llenaría incluso los espacios entre los átomos. El vaso se ha colmado hace tiempo.

El hartazgo llega cabalgando, fulgurante y arrollador, a lomos de un discurso hueco que se replica a sí mismo con una fuerza descomunal hasta el infinito y más allá. Palabras, palabras y palabras, pléyade de imágenes en cascada, estridentes cantinelas que hurtan todos los espacios del silencio, estímulos y sobreestímulos, millones y millones de recursos y horas trabajadas, infiernos laborales para cientos de miles de personas, dedicado a mover tan monstruoso circo. Todo vacío de contenido, todo sin finalidad verdadera alguna. Hartazgo.

Llevo a mis sobrinos al cine con la inocente pretensión de hacerles pasar un rato entretenido. Antes de empezar la película, media hora de publicidad. “Cocacola es la felicidad”. “Este smartphone es tu libertad”. “Comer hamburguesas grasientas en McDonald’s es la diversión”. El asalto en tromba a sus jóvenes y aún no formados cerebros es brutal, impúdico, matemáticamente estudiado y alevoso, lo más perecido a una violación que he visto. El salvaje adoctrinamiento publicitario busca imprimirse en sus subconscientes a hierro y fuego, anular su capacidad crítica, su voluntad, condicionar sus pensamientos, apoderarse de sus almas como ya han hecho con nosotros. Unos niños indefensos siendo devorados por una sarta de lacerantes y atroces mentiras ante el consentimiento y la complicidad de todos. Algo tan terrible merecería ser tenido como delito.

En efecto, empiezan a destruirnos desde muy jóvenes. Luego ya nada nos sorprende (nos hacemos mayores), lo más esperpéntico adquiere carta de normalidad, nos vence la burocracia y nos olvidamos de que todo en esta vida tiene un propósito, un porqué. Me hace sonreír de satisfacción el siempre inagotable impulso de los niños a preguntar por qué, todo un soplo de aire fresco. No siempre podemos satisfacerles, también es bueno que aprendan que no todo tiene respuesta al menos de forma inmediata. Por qué, por qué y por qué; deberían darle un premio a quien fuera capaz de pronunciarlo más veces al día. Ojalá no dejáramos nunca de ser niños.

Lo cierto es que no podemos vivir sin un sentido de lo que estamos haciendo. Se preguntan muchos el motivo del galopante fracaso escolar que ha tomado cuenta de los países industrializados y en vías de desarrollo. Pero ¿no es evidente? Los jóvenes sencillamente no entienden el motivo de que tengan que estudiar determinadas cosas, ¿alguien se ha molestado en explicarles por qué son importantes para ellos? Un estudiante puede sacar matrícula de honor en Filosofía y no aprender nunca a pensar por sí mismo, o sucederle lo mismo en Lengua y no ser capaz de expresarse correctamente, o aprenderse de memoria veinte fórmulas matemáticas sin que llegue a descubrir jamás para qué sirven… Del mismo modo, los seres humanos de estos tiempos, pese al ritmo frenético en que están inmersos, demasiadas veces no son capaces de dotar a sus vidas de un sentido. No es de extrañar que los índices de suicido sigan aumentando.

Vacío. Superficialidad. Hartazgo. Vivir sin escarbar en los porqués es como pegarse un tiro en la sien.

4 comentarios »

  1. No puedo estar más deacuerdo contigo…, en cuanto al adoctrinamiento alimentario de los niños, en uno de los momentos de “lucidez” dentro de estos locales, me vi mirando para mi hijo, preguntandome, como es posible que el sabor de “suela de zapato de una hamburguesa” sea tan embriagador, o que el motivo de un juguete de plastico malo, hecho, seguramente por “esclavos chinos”, y que se pierde antes incluso de salir del local, sea un motivo de peso para pedir un “happy meal”. Aún hoy, no tengo respuestas… Un abrazo

    Comentario por lore — 1 febrero, 2014 @ 9:55 pm | Responder

  2. El pueblo pide pan y futbol, la educación de los hijos es por supuesto algo secundario.

    Comentario por Juanjo — 2 febrero, 2014 @ 8:55 am | Responder

  3. Estoy muy de acuerdo con todo lo que dices. Pobres niños! Lo que les espera si no ponemos solucion .

    Comentario por Tere — 3 febrero, 2014 @ 12:30 pm | Responder

  4. La verdad es que me entristece estar deacuerdo con el escrito y los comentarios. Palabras,palabras y más palabras. Tiene que haber otro modelo social por ahí, el nuestro ya ha caducado.
    Como dices por ahi en otro artículo, el dinero lo justifica todo.Qué pena¡¡¡

    Comentario por Caco — 16 febrero, 2014 @ 7:42 am | Responder


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