El jardín del exilio

14 febrero, 2014

¡Son los derechos humanos, estúpido!

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 8:36 pm
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 money-prisonLa reciente aprobación por parte del gobierno español —en un ejercicio de cinismo con pocos precedentes de una ley que cercena sin contemplaciones el principio de justicia universal, impidiendo a los tribunales investigar crímenes de lesa humanidad que tengan lugar fuera de las fronteras nacionales, pese a que nuestro país está adherido a diversos tratados internacionales en materia de protección universal de derechos humanos, no hace sino ahondar en la misma deriva que han tomado ya la mayor parte de las democracias pretendidamente avanzadas de este nuestro mundo cada vez más hecho jirones: vender el alma al diablo, sacrificar la dignidad y la justicia en aras de los intereses económicos. Se confirma de este modo, como si no fuera ya de por sí más que evidente, la reducción del ser humano a un mero e insignificante ente económico, sin otras posibilidades o aspiraciones que su afán depredador de sacar tajada allí donde esté. Esto nos define y predetermina como seres vivos para todo siempre. Punto pelota. Fin de la discusión. (O eso quisieran muchos.)

 Se trata de una petición expresa del gobierno chino, al que se le ha abierto una causa en los tribunales españoles en relación con el genocidio en el Tíbet; también por parte de Estados Unidos en relación con el caso José Couso, el cámara español asesinado por una unidad militar estadounidense en la ya lejana, inútil e infame Guerra de Irak. Han dicho: “¿quieren hacer negocios con nosotros? ¡Pues dejen de tocar las narices!” Al fin y al cabo, no deja de ser cierto, ¿a quién coño le importa los tibetanos? ¿Y José Couso? Bueno, de eso hace ya mucho tiempo… Y mucho más tiempo los asesinatos del franquismo, pese a que sucedieron dentro de nuestras fronteras, y ahí siguen pendientes de una investigación rigurosa. ¿Tanta importancia tienen todas estas menudencias? Si la economía va bien, parece que no. Y si va mal, se nos dice, no la empeoremos con preguntas incómodas… En cualquier caso, los genocidas y criminales del mundo, en lo que a España concierne, pueden descansar tranquilos. Por nosotros que no quede, podrán incluso visitar nuestro país sin desasosiego alguno, con alfombras rojas para que no se manchen al menos los pies, ya que nada podrá limpiar la sangre de sus manos. Sí, sí, tranquilos, el poder económico nos lo ha pedido u ordenado y nosotros obedecemos como buenos corderillos. ¡Qué excitante, ahora ya podemos hacer negocios! ¿Tibetanos, has dicho? ¿Nueve inmigrantes africanos ahogados en Ceuta ante la pasividad de las autoridades, como ha sucedido estos días? ¿José Couso u otros? Hagamos negocios, ganemos elecciones.

 Sin embargo, cosas como éstas ya no nos asustan ni nos cogen por sorpresa; han pasado a hacer parte del decorado, las hemos ido asimilando de modo similar a como hacemos con esos programas basura que echan por la tele y que, con el tiempo, acaban incluso gustándonos. “Es que no tengo otra cosa que ver”, suele ser nuestra respuesta (o excusa). ¿Qué nos puede sorprender ya? ¿Que hayan modificado la Constitución con un artículo en el cual se compromete al pueblo español al pago de las deudas adquiridas por el estado, ésas que casi nunca revierten en su beneficio y sí en el bolsillo de sus dirigentes y allegados, por encima de cualquier prioridad, incluida, se entiende, la protección de los derechos humanos? ¿Que se haya aprobado una amnistía fiscal para los grandes defraudadores? ¿Que se haya rescatado a los bancos con dinero público y ahora se diga que no hay dinero para atender las necesidades de un pobre y triste minusválido? Basta, por favor, necesitaría escribir una enciclopedia si pretendiera seguir poniendo ejemplos y ser exhaustivo.

 Amigos, lo proclamo solemnemente: se ha producido la derrota definitiva del espíritu humano. Si existiera Dios y decidiera castigarnos borrándonos de la faz del universo, no concibo mejor momento para hacerlo que ahora mismo. Nos lo habríamos ganado a pulso (se ve que Dios es mucho más benévolo de lo que imaginábamos).

 Sé que predico en el desierto y que estas palabras no van a llegar a ningún sitio, y que si, a pesar de todo, me empeño en publicarlas en este culo del mundo este humilde blog obedece más bien a una cuestión de moral (Moral: una palabra que quizás desentierren los arqueólogos dentro de tres mil años…). No obstante, me permito hacer la siguiente reflexión. Muy pocos son conscientes de la importancia sin parangón que posee la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Es un hito monumental en la Historia, un acontecimiento sin precedentes que marca de forma definitiva un antes y un después. Tan grande es su importancia que es difícil encontrar palabras que le hagan justicia, quizás porque se trata de un hecho que todavía tenemos demasiado cerca. Puede que tengamos que esperar varios siglos aún para que el tiempo nos proporcione un perspectiva más amplia de su significado.

 Queridos amigos, la Declaración Universal de los Derechos Humanos, y su adopción a través de diversos tratados por parte de innumerables países, no es ni más ni menos que la mayor conquista social de la historia de la humanidad. Así, sin ambages. El reconocimiento inequívoco de la dignidad humana como eje sobre el que construir la acción política y económica de los pueblos, así como sus relaciones entre sí, supone un inmenso giro copernicano en el rumbo que la humanidad había adoptado desde los inicios de la civilización, tan radical como si hiciéramos frenar a un bólido que va a dos mil por hora en un espacio de cien metros. Por encima de las inacabables guerras por el poder y el territorio, por encima de los genocidios, de la corrupción política, de la pobreza, el hambre y la enfermedad, de la raza, el color, el género o la orientación sexual, se sitúa por una vez y para siempre el ser humano puro y desnudo, sin necesidad de justificación alguna, simplemente por el sencillo hecho de serlo. Sin más. Se trata de algo revolucionario. Inaudito. Un tesoro de valor incalculable, de hecho, el mayor tesoro del que jamás se haya tenido registro. Así de increíble es la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

 ¿Cómo es posible que la hayamos vendido tan barato? ¿A qué clase de locura hemos sucumbido? Sí, amigos, me estoy rasgando las vestiduras…

3 comentarios »

  1. “Me estoy rasgando las vestiduras” qué fuerte¡¡¡¡ Pues ya somos dos¡¡¡ Más claro no se puede. Un saludo.

    Comentario por Caco — 16 febrero, 2014 @ 7:18 am | Responder

  2. […] tiempo que dejó de ser avanzadilla, Suiza se dispara un tiro en su propio pie y España, con la restricción de la justicia universal y sus pelotas de goma, pasa a ser referencia internacional del desprecio hacia los derechos […]

    Pingback por Malos tiempos | Demasiadas palabras — 17 febrero, 2014 @ 8:51 am | Responder

  3. Bueno pero esperaban otra cosa de los gobernantes al servicio de las grandes super multinacionales y verdaderos gobiernos del mundo. Existen poderosas frases y verdades como puños, aquella q versa así: “Poderoso caballero, don dinero”. Gobiernos dirigidos por inútiles, torpes con formación pésima…bla bla bla… Saludos

    Comentario por benito — 21 febrero, 2014 @ 6:47 pm | Responder


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