El jardín del exilio

7 abril, 2014

Nuestras historias robadas

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 4:57 pm
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 perversión del lenguajeCuando se dice que el ser humano es un animal tejido de historias no sólo se hace referencia a un sentido figurado, también poético. Todo en nuestra vida depende del entramado de una historia, empezando por nuestra experiencia vital; todos tenemos nuestro relato de lo que somos, nuestra propia historia que hemos ido construyendo poco a poco, adornándola, haciéndola comprensible a los demás, destacando unas cosas y seguramente ocultando o disimulando otras. Un telediario es una historia, con un principio, una trama, personajes buenos y malos y un final, generalmente feliz, en el que se nos acerca una de esas anécdotas que nos reconcilian con la vida y nos deja un sabor de colorín colorado. Una comida es una historia, con sus entrantes, ensaladas, primero y segundos platos y el colofón del postre y la sobremesa. Hasta un programa informático es una historia, donde el programador va ensamblando códigos en un lenguaje matemático con infinidades de “frases” coherentes entre sí, uniéndolas de forma progresiva hasta facilitar un desenlace, un resultado. Una teoría es una historia, el código del ADN es una historia, hasta el recibo del banco es una historia… Sí, desde luego, este artículo también. Ni que decir tiene, los anuncios que consiguen contar las mejores historias son los que acaban obteniendo mayor éxito.

Todos los días creamos y hacemos nuestras decenas de historias que nos contamos unos a otros, “¿cómo te fue en el trabajo?”, “opino esto, opino lo otro”, “vi tal o cual cosa”. Contar historias, en definitiva, es la única manera que tenemos los humanos de interpretar el mundo. Es entonces cuando nos damos cuenta del poder tan inmenso que posee el lenguaje. Porque no sólo se trata de que la información es poder, como suele decirse: lo es, pero sobre todo, su interpretación, el relato que triunfa por considerarse el más cercano a la realidad.

Y, bien, no hay nada de malo en discutir acerca de las diversas versiones de los relatos que cada cual esté dispuesto a sostener, al fin y al cabo en eso debe consistir la democracia: en dialogar, en llegar a acuerdos, en establecer los criterios mayoritarios, sin olvidar nunca las aspiraciones de las minorías. De este modo, el colectivo que legítimamente haga triunfar su relato por encima del de los demás será el que llegue a lo más alto del poder. Sin embargo, podemos estar seguros de que una democracia se ha corrompido y enfermado sin remedio cuando determinados grupos, movidos por intereses espurios, han conseguido pervertir el lenguaje. A partir de entonces las palabras son desposeídas de su verdadero significado semántico y el relato que se construye a partir de ellas deja de reflejar la realidad, conviertiéndose en un sucedáneo que intenta sustituirla de forma furtiva. Es en este punto donde, por desgracia, se encuentran las democracias actuales; la perversión del lenguaje,el triunfo del cinismo más descarnadopor parte de partidos políticos y medios de comunicación, ha alcanzado cotas inimaginables, de verdadero esperpento.

Algunas personas, cuya candidez muchas veces no deja de sorprenderme, viven convencidas de que para conocer la verdad de nuestros tiempos basta con informarse a través de diversos medios de comunicación con líneas editoriales antagónicas. La cosa consistiría, pues, en hacer una especie de “media” entre lo que dicen unos y otros. Pobres diablos. Lo cierto es que los medios de comunicación convencionales hace mucho que han dejado de tener entre sus objetivos el afán de acercar la realidad a los ciudadanos. Y es que estos gigantescos conglomerados mediáticos se han convertido en “máquinas de la verdad” al servicio de los grandes partidos y las élites económicas que les dan sustento desde la sombra. El relato que vierten a la sociedad está cuidadosamente envenenado y se filtra por todos los recovecos del ensordecedor ruido mediático que inunda nuestro día a día. Mentiras y más mentiras que intentan justificar la situación intolerable de dominio casi absoluto que han alcanzado algunas minorías. Mentiras veladas, medias verdades, manipulación del lenguaje, secuestro del significado de las palabras: esas son sus armas. Sutiles, muy sutiles, casi invisibles, pero más eficaces que el mayor de todos los ejércitos.

El gran éxito de los poderes fácticos del capital que nos dominan desde hace décadas consiste en que han conseguido robarnos no sólo el relato de los acontecimientos que se desarrollan en el mundo. También nos han robado el relato de lo que somos, y con él la propia facultad de crear la realidad.

Porque la realidad no sólo está para ser contada: también está para ser creada mientras se cuenta.

1 comentario »

  1. ¿Por qué nos empeñamos en santificar a unos y en endemoniar a otros?… Y pongo el nos, porque es posible, que si nos analizamos, aún cuando creamos que no, también lo hacemos… Y es que si eres liberal, o comunista, de izquierdas o derecha…, necesitamos salvar la honra de algún simbergüenza que va haciendo de las suyas, porque nos sentimos obligatoriamente emparentado con él o ella. ¿Y si es de tu barrio?…

    Comentario por lore — 8 abril, 2014 @ 9:37 pm | Responder


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