El jardín del exilio

13 junio, 2014

El capitalismo eres tú

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 4:53 pm
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capitalismo-en-el-espejoComo ya comentaba en otra entrada, los seres humanos sólo nos damos por aludidos de que existe un problema cuando sus consecuencias nos alcanzan personalmente y percibimos el agua llegarnos al cuello (a veces hay que esperar incluso a que llegue más arriba). Mientras tanto, cada uno a sus asuntos. Y, sí, a pesar de que ciertas cuestiones se ven llegar desde lejos con una claridad meridiana siempre habrá quien se sorprenda, “¿pero qué está pasando?” Por desgracia solemos vivir inmersos en nuestras pequeñas vidas e ignorar sistemáticamente las realidades que se desarrollan más allá de nuestras narices. Así es el ser humano: propenso como cualquier otra bestia de la naturaleza a acomodarse a la situación y a la creencia de que las desgracias siempre se las sortean a otros.

Pese a todo, ésta es la primera reacción: la sorpresa. Resulta casi cómico, pero es así. Y luego viene la segunda reacción: buscar el culpable del mal que nos afecta. Empieza la caza de chivos expiatorios; en eso somos expertos.

De vez en cuando me doy una vuelta por algunos foros donde se discuten temas de actualidad, que versan casi en su totalidad sobre la actual crisis económica, política y de valores que estamos sufriendo desde hace ya más de cinco años. Por supuesto, la génesis de esta crisis —ni mucho menos sólo económica, como decía— comenzó a gestarse desde hace bastante tiempo, pero no fue hasta el 2008 cuando el agua nos llegó al cuello (¡amigo!). Y ahí nos hemos quedado. Lo cierto es que la crisis ha pasado a hacer parte de nuestras vidas, ya casi nos hemos habituado a ella. Ah, sí, el ser humano es capaz de habituarse a cualquier cosa, por eso resulta tan fácil dominarnos. Somos un poco borregos, esa es la verdad. Sin embargo, en esos foros ya se ha identificado al culpable de todo este desaguisado: se llama Capitalismo. El capitalismo parece concentrar en su seno todos los males de nuestro tiempo: el egoísmo a ultranza, el afán desenfrenado de lucro y de acumular bienes, las grandes desigualdades del mundo, el desempleo, el cambio climático y todo lo demás. Suelen referirse a él como “el puto capitalismo” o “el capitalismo de mierda”, etc. Bien, parece que mucha gente le ha cogido manía, su sola mención despierta espontáneamente toda clase de referencias odiosas.

De modo que la culpa de todo la tiene el capitalismo. Y, bueno, como es lógico, si logramos desterrar este sistema de la faz de la tierra acabaríamos de un plumazo con todos nuestros entuertos. Así de fácil.

Se trata de nuestra tercera reacción después de que nos asalta un problema grave: el simplismo. “Hacemos esto, esto y esto y ya está”. El simplismo es contrario a toda forma de pensamiento científico, el cual es uno de los mayores logros de la humanidad, junto a la Democracia y los Derechos Humanos. ¿Pero quién dice que la gente quiere pensar científicamente? Es una lacra. Casi no se fomenta en las escuelas, ¡ni tan siquiera en las universidades!, y podría decirse que tampoco hace parte de la cultura popular. Por eso los charlatanes de toda índole obtienen tan rotundos éxitos. Por eso están triunfando en Europa los pensamientos ultras, de derechas o izquierdas. Por eso la publicidad engañosa, que es casi toda, logra tan buenos resultados. (¿Alguien ha dicho por ahí la palabra borrego? Pues eso.)

Desde luego no seré yo quien defienda el capitalismo, más bien todo lo contrario, pero no soy ningún iluso. Porque, si lo quitamos, ¿qué pondremos en su lugar? El escenario mediático de la actualidad se ha llenado de advenedizos de toda calaña que pregonan a los cuatro vientos sus fórmulas simplistas, ya saben, “esto, esto y esto y ya está”. Iluminados que presentan como novedosas ideas que han fracasado miserablemente en el pasado; en general se trata de gente que desconoce las duras lecciones de la historia, o las ha racionalizado en exceso. A uno casi se le enternece el corazón, porque, sí, muchos son jóvenes (incluso guapos), idealistas, soñadores, rebosantes de buenas intenciones. Pero ya se sabe eso del infierno y las buenas intenciones, no se bastan por sí mismas.

He acompañado desde las gradas la evolución de movimientos como el 15-M y asimilados, y ahí los ves rasgándose las vestiduras con cosas como los sistemas asamblearios, muy románticos ellos, cuyas limitaciones se conocen demasiado bien por haber sido puestos en práctica en otras épocas y estudiados hasta la saciedad. O vienen partidos políticos de nueva factura, como Podemos, con un éxito fulgurante en las últimas elecciones europeas a sus espaldas, a hablarnos del materialismo histórico y la lucha de clases, un instrumento de análisis muy poderoso, sin duda, pero que se aleja de las nuevas realidades emergentes del S. XXI, basadas en las potencialidades de las redes sociales y su enorme capacidad para conectar horizontalmente a millones de personas y catapultar la cooperación y el intercambio a unos niveles jamás soñados. Cooperación e intercambio, santo y seña de este nuevo siglo que está despuntando. Nada que ver con el materialismo histórico, aunque aún parezca lo contrario por todo eso de los desempleados y los trabajadores precarios en contra de sus patronos. Pero no nos engañemos: conseguir un empleo o confrontar los intereses de clase no hace parte de nuestra lucha. Quizás sólo a corto plazo. Porque el proletariado, la clase trabajadora, está en vías de extinción. Sólo es una cuestión de tiempo, yo diría que a una o a dos generaciones vista.

Sirve de muy poco poner en la picota al capitalismo sin tener en cuenta que el sistema no es otra cosa que un gran fajo alimentado de todas nuestras pequeñas voluntades y decisiones cotidianas. El sistema lo conformamos cada uno de nosotros, somos nosotros. Muchos se escandalizan con el egoísmo que rezuma el sistema capitalista, pero resulta igual de egoísta y prepotente intentar situarse por encima del común de los mortales detentando una supuesta superioridad moral con el único objetivo de descargar sobre los demás nuestra parte de responsabilidad, es decir, convirtiéndonos en aquello mismo que criticamos.

Nos falta un elemento fundamental en toda esta cadena de reacciones que nos provoca observar el lamentable estado en que se encuentra el mundo, y que puede liberarnos de una vez de ese borreguismo insoportable que mueve a las masas humanas: la autocrítica. Quien pretenda acabar con el capitalismo sin a la vez promover nuevas formas de interpretar el mundo y lo que somos como individuos y como sociedad a partir de una seria reflexión desde nuestros fracasos —todos tenemos algo que declarar al respecto— está condenado a fracasar.

Y a repetir la historia.

1 comentario »

  1. ¡¡¡Larga vida al capitalismo!!!, no sabemos vivir den otra manera sin despellejarnos los unos a los otros. ¡¡¡Malditos egoístas!!!

    Comentario por Lore — 17 junio, 2014 @ 9:53 pm | Responder


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