El jardín del exilio

6 julio, 2014

Cuándo y por qué deberíamos pagar más impuestos

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 8:32 pm
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pilares_estado_bienestarLlega uno a hartarse de tanto debate estéril, ese tipo de debate que copa las parrillas televisivas o los programas de radio y cuyos argumentos los tertulianos acaban convirtiendo en una terrible tautología, absolutamente ideologizado y plagado de lugares comunes. Ya no lo aguanto más, cada día veo menos la tele y me aíslo más del mundo (¿terminaré viviendo como un estilita, subido a una columna?). Y es que casi nunca se llega al fondo de las cosas, nos conformamos con flotar cómodamente en la superficie. Pero, como es ya costumbre en este blog, vamos a intentar dar un paso más y ofrecer algunas respuestas a problemas que nos inquietan. Para ello hemos de sumergirnos un poco más de lo que solemos. ¿Preparado?

Uno de los debates más cansinos de los últimos tiemposya saben, por algún motivo TODO tiene que pasar por el aro de la economía—, aunque antiguo, tiene que ver con la machacona ofensiva neoliberal que pretende convencernos de que deberíamos pagar el mínimo posible de impuestos. He de decirles algo: el neoliberalismo es imbatible en el ejercicio de la demagogia. Tanto, que incluso una buena parte de las clases medias y trabajadoras lo han adoptado como credo que explica, no ya sus vidas, sino el universo entero, aun cuando sus postulados claramente les perjudican. Ojo, estos señores del dinero saben perfectamente lo que nos gusta, así es: como en la propaganda de McDonald’s, “¡Sabemos lo que te gusta!” Y tanto que lo saben. Hamburguesas grasientas que acabarán mandándonos al otro barrio con las arterias tupidas de colesterol. No en vano estos señores invierten miles de millones en averiguar “lo que nos gusta”, de modo que no debe sorprendernos el hecho de que estén parapetados en las cumbres más altas del poder.

Pero vamos a la cuestión: qué es mejor, ¿pagar muchos o pocos impuestos? Ajá, “sabemos lo que te gusta”. Hombre, claro, ¿quién va a querer pagar muchos impuestos? Touché. Viene el señor neoliberal de turno y nos suelta eso de que es incomparablemente mejor para nosotros mantener en nuestro poder el dinero que normalmente gastamos en impuestos. ¿Para qué vamos a poner nuestros ahorros en manos de un estado corrupto? Ni hablar, pagamos lo mínimo imprescindible de impuestos y gracias a ello mantenemos el dinero “quieto paraoen el bolsillo para gastarlo en lo que nos dé la real gana, y que viva la libertad y olé (no hay mayores amantes de la “libertad” que los ricachones). Piénsalo bien, es un argumento muy seductor, se vende solo. Pero, cuidado, ¿no empiezas a escuchar esa musiquilla plomiza de McDonald’s? ¡Ay, qué gran hamburguesa grasienta! Las cosas no suceden exactamente así. No, no, no...

Veamos. Lo primero que hay que dejar sentado, y muy bien sentado, es que la disyuntiva muchos impuestos frente a pocos impuestos, o estado grande frente a estado pequeño, es falsa. Pongamos un ejemplo. ¿De qué tamaño debería ser la piscina municipal a la que vamos a nadar? Si eliges que sea pequeña, porque para ti, pongamos por caso, prima el ahorro sobre el gasto, tenlo muy en cuenta por si eres uno de esos que se entrena para competiciones de alto nivel. Hombre, no querrás que te cobren una mensualidad de miseria por utilizar una piscina olímpica. Si lo que deseas son unas instalaciones en condiciones óptimas tendrás que pagarlas, ¿no? Salvo si eres millonario, en cuyo caso podrás tú mismo construirte en el jardín la piscina que te apetezca, compensa pagar una mensualidad más alta por algo de buena calidad. Claro que lo ideal sería disfrutar del servicio gratis, pero eso ni siquiera lo vamos a considerar (aquí podrías encontrar el porqué)

Pero ahora vamos al meollo de la cuestión. Atento.

Cuando un trabajador recibe un sueldo debe ser consciente de que su riqueza personal no depende solo y exclusivamente de su montante neto, es decir, de lo que le queda después de descontar los impuestos. Tenemos que acostumbrarnos a pensar más en conjunto y no asumir siempre un punto de vista tan individualmente cerril. Vamos a suponer que ganas mil euros al mes (¡todo un lujo a día de hoy!) y que descontados los impuestos se te quedan en poco más de ochocientos; tienes todos los motivos del mundo para sentirte descontento, no da para mucho, ¿cierto? ¡Qué bien te vendrían esos ciento y largo de euros que se queda el fisco! Sin embargo, considera esto: pongamos que vives en un país socialmente avanzado (¡no, claro que no se trata de España!) en el que cuenta con sanidad y educación universal, ambas de gran calidad, ayudas y prestaciones por hijo, por dependientes a nuestro cargo, para personas minusválidas, para jóvenes que quieren emanciparse o montar un negocio, etc. ¿Entiendes?, en ese caso tu riqueza sumaría mucho más que los mil euros brutos que recibes de salario. Por si no lo has entendido aún (grábate bien esto en la cabeza):

¡TU RIQUEZA SERÍA MUY SUPERIOR A LA QUE DISFRUTARÍAS SI NO PAGARAS NINGÚN IMPUESTO!

Salvo si eres millonario, ya deberías saberloPorque los impuestos que pagan las clases medias y trabajadoras, por muy altos que sean, no alcanzarían a sostener un estado social desarrollado. Para que algo así sea posible debe entrar en juego un sistema proporcional de redistribución de la riqueza donde paguen más quienes dispongan de mejores condiciones. De modo que, al contrario de lo que propugna la doctrina neoliberal, y la gente que se ha dejado embaucar por ella, es conveniente y saludable pagar una cantidad razonablemente alta de impuestos, a no ser que vivamos en un país donde se destinen a sostener a una élite político-empresarial que solo se dedica a expoliar a las clases más bajas (¿alguien ha dicho España?). Claro está, en ese caso deberíamos revelarnos y exigir que los tributos que pagamos sean utilizados para crear valor social.

Y, aunque no lo creas, también a los ricos les conviene pagar de buen grado su parte proporcional y mucho más elevada del pastel. No, ni mucho menos se trata de expoliar a los ricos, movidos por una especie de sentimiento de venganza o envidia hacia sus posesiones. Una política de redistribución proporcional y razonable de la riqueza es la mejor contribución posible a la paz social, de cuyos extensos beneficios finalmente disfrutarían tanto ricos como pobres. Sin embargo, una visión demasiado egoísta y cortoplacista por parte de las clases más pudientes está llevando al estado del bienestar a la bancarrota. Y no es que no sea viable, como pregonan las élites económicas y la doctrina neoliberal con la que intentan blindarse: es que los ricos han dejado de pagar impuestos por la cara, han dejado de participar en la justicia social: el destino de miles de millones de seres humanos, esos que no hacen parte de su exiguo y selecto círculo, les importa un bledo.

Creo que no debiéramos consentir tal estado de cosas.

Por otro lado, como es lógico, no pretendo sugerir que una subida de impuestos obraría como una especie de remedio universal con el poder de subsanar todos los males que estamos padeciendo. Para empezar, unas instituciones sociales de calidad, si no queremos que se conviertan en un foco de nepotismo y corrupción, deben tener detrás a una ciudadanía comprometida, exigente y bien formada. Y, ¿sabes qué? ¡Has acertado! No se puede lograr ese nivel de conciencia social pagando pocos impuestos.

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