El jardín del exilio

24 octubre, 2014

La ciencia: un extraño que pocos querrían como amigo

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 2:51 pm
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Método científicoEl ser humano es por definición un animal mitológico, una fabricante inveterado de historias fantásticas que, en el fondo, no son sino la proyección de nuestros miedos, esperanzas e incertidumbres adornados con un poco de poesía, esa pizca de locura e irracionalidad que posiblemente sea lo mejor que tenemos. No es del todo verdad eso de que los mitos quedaron aparcados en la oscuridad de los tiempos y que ahora, en esta época de esplendor tecnológico, más bien nos dejamos guiar por los designios de la ciencia. Qué va. La parte racional de nuestro cerebro apenas posee relevancia en el devenir de nuestras vidas, el grueso de nosotros está conformado por una intrincada salsa de emociones e instintos; es ahí donde mojamos el pan todos los días. Y que siga siendo así. Que sigamos siendo humanos, por favor. Pero… a ver si no tanto.

No podemos evitarlo. Te metes en Internet y te das de bruces con todo tipo de bulos, falsas teorías, fotos y vídeos trucados o sacados de contexto, así como con cantidades ingentes de datos manipulados o erróneos. Internet es un 99,99% de pornografía y mentira. Luego están las tertulias, proliferan con esto de la crisis y de que todos queremos dar nuestra opinión. Más de lo mismo: mitología para dar y vender. Por decirlo de algún modo, no se puede ser más humano…

Humanos con todo nuestro repertorio de contradicciones. Si no, ¿cómo se explica que mitologías de la Edad del Bronce, las religiones o incluso mitologías contemporáneas como el new age o afines, sean capaces de subsistir en el mismo colchón junto a la ciencia moderna? Es como una patada en el culo. No tiene ningún sentido. Algunos pensaban que los logros inapelables de la ciencia acabarían sepultando las religiones y las creencias sin fundamento de una vez por todas. Qué poco conocen la naturaleza humana…

Hace poco el eminente físico Stephen Hawking estuvo en España para participar en una serie de conferencias. Volvió a reiterar las conclusiones que ha venido defendiendo en sus últimos libros: la ciencia no tiene ninguna necesidad de Dios. Y si uno lo piensa bien, parece lógico. ¿Qué necesidad puede tener una ecuación de ser explicada a través de un elemento divino? Sus declaraciones fueron recogidas en varios periódicos, de suerte que alguien decidió colgar un enlace en Menéame, el portal de noticias comunitario en castellano. El titular era impactante, algo así como “Hawking niega la existencia de Dios” (no es exacto, ahora mismo me falla la memoria), sin duda causó sensación. Tanto que llegó a portada y suscitó en los comentarios de este portal un encendido debate. Al final la noticia fue cosida a negativos y se cayó de la portada, a mucha gente le indignó la “prepotencia” del científico. Todo esto en pleno Siglo XXI.

Episodios de este tipo me hacen pensar que algo ha salido mal. Es como si viviéramos en dos planos diferentes que se relacionan de un modo un tanto paradójico (ya hemos hablado de la contradictoria naturaleza humana). Por un lado, la ciencia y una élite reducida de científicos; por el otro, una gran mayoría de gente que vive en el ojo del huracán de una era tecnológica como no se ha conocido en la historia sin tener ni pajorera idea de los conceptos y procesos que están implicados, sin tener una idea clara de la importancia que éstos puedan tener para su vida, en el modo en que interpretamos el universo y, por reducción, nuestro entorno más inmediato.

Sucede que la ciencia no solo versa sobre saberes acumulados o fórmulas matemáticas. La ciencia es, ante todo, una actitud. También, un compromiso ético. La ciencia nos recuerda constantemente que no basta con imaginar en abstracto; hay que bajar a la tierra y meter las manos en el fango. Oler, palpar, experimentar y reexperimentar. La ciencia es duda abierta, sincera, basada en indicios racionales, nunca aceptación ciega. Pensar, repensar y volver a pensar desde todos los puntos de vista posibles y, aún así, admitir el error cuando los datos así lo demuestren. La ciencia nos permite imaginar el mundo como nos gustaría que fuese, eso sí, a partir de una idea muy exacta de lo que es y de lo que está.

Si por lo general estuviéramos imbuidos de una actitud más científica, habría menos palabrería y más acción. Lo sé, la ciencia es dura. Casi nunca nos arroja los resultados que esperábamos, antes bien tiene por costumbre contradecirnos, incluso lo hace con nuestros sentidos y hasta con el “sentido común”. No regala concesiones a nadie. Y ése precisamente es su mayor obstáculo a la hora de popularizarse: muchos prefieren respuestas más “benévolas”, resulta mucho más cómodo negar la realidad. Así de simple.

La ciencia no es perfecta ni puede serlo. Pero sus métodos, basados en la razón y la experimentación, constituyen sin lugar a dudas uno de los mayores logros de la humanidad, si no el mayor. Sin embargo, como digo, falta la segunda parte de esta historia: hacer con que el método científico entre a hacer parte de la cultura popular. Lo cual requiere de unos ciudadanos valientes, exigentes y comprometidos, y nada menos que reformular todo el sistema educativo y la mayor parte de nuestros esquemas mentales.

Lo sé, pido demasiado.

1 comentario »

  1. Cierto, nos escandalizamos con bien poco y somos propensos al escándalo interpretando cosas que no fueron dichas o echas. La televisión es un buen ejemplo de ello. Buen artículo y gracias por compartir.

    Comentario por Caco — 25 octubre, 2014 @ 6:22 am | Responder


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