El jardín del exilio

25 noviembre, 2014

La poética de la guerra y la lucha de clases

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 5:01 pm
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Communist%20symbol,%20sickle%20and%20hammer%20wallpaper%204Nunca he simpatizado con el marxismo, ni siquiera en mi juventud, cuando se supone que la rebeldía propia de la edad y los postulados revolucionarios de esta doctrina política se combinan para seducir a las masas estudiantiles en una especie de atracción fatal que muchos dan por sentada (y que al parecer, defienden los más cínicos, se cura con la amarga dosis de realidad que nos reparte la vida más adelante). Es gracioso, porque, además, siempre he hecho parte de la clase trabajadora, ya desde la adolescencia. Vamos, puedo decir sin ningún cargo de conciencia aquello de “he trabajado como un cabrón”, me han explotado como han querido. Pero, no, ni aún así me he hecho marxista. Tampoco se trata de un asunto ideológico, de esos apriorísticos, o de puro posicionamiento político. Hoy me doy cuenta de que mi rechazo se debe a una cuestión filosófica de base: no puedo compartir la concepción de la naturaleza humana que rezuman sus principios.

Sucede que, en el fondo, y a mi juicio, el marxismo se asemeja demasiado al capitalismo en algunos aspectos, más de lo que muchos estarían dispuestos a admitir. Sin ir más lejos, ambas ideologías comparten esa terrible visión que identifica el mundo con un escenario de batalla donde los humanos se sacan los ojos mutuamente en el enfermizo afán de hacer prevalecer una supuesta condición social, al modo de las alimañas. Opino que somos algo más que eso. Hemos de serlo.

Sin embargo, si analizamos la situación desde la perspectiva que nos brinda la actual crisis económica, ¿cómo no ver a una empobrecida clase media trabajadora queriéndose liberar de las garras de una reducida élite financiera opresora que, por añadidura, se está haciendo con todos los recursos del planeta? Parece de cajón, ¿no? Al final, ¡se trata de la lucha de clases preconizada por Marx! Ya está, hemos vuelto a finales del Siglo XIX y principios del XX; la historia se repite, es cíclica (¿Hegel, Nietzsche, otra vez Marx?). Señores, se acabó el debate, está demasiado claro: la respuesta está en el marxismo, sus postulados han resultado ser endemoniadamente premonitorios; tomemos la calle y hagamos la revolución.

Por desgracia vivimos en una época donde se han borrado los matices, hemos vuelto al cerebro de reptil o algo parecido, de modo que es así como los antiguos y denostados marxistas, los sindicalistas trasnochados y hasta una parte de lo que ha quedado del movimiento hippie (después de todo lo que se fumaron) se han unido a organizaciones de izquierda de nuevo cuño para formar un frente común de lucha, una especie de unión entre desheredados (llamémosles indignados), para derribar los poderes fácticos que han terminado por devorar las instituciones democráticas.

Debe tratarse de eso que llaman la poesía de la guerra, el caso es que en España el ascenso de estos movimientos sociales de base ha sido fulgurante y ha culminado en la exitosa formación liderada por Pablo Iglesias, a día de hoy todo un fenómeno social y mediático. Hasta tal punto que, así lo corroboran las encuestas, ya amenazan con tomar el poder por las urnas en las próximas elecciones, algo inaudito. Y es que están consiguiendo volver a ilusionar a la ciudadanía con un proyecto político que promete soluciones radicales y tajantes; y no es poca cosa, lo de ilusionar a la gente. Al contrario, tiene un mérito enorme: en pocos meses, sin haber llegado aún a las instituciones, salvando cinco escaños en el Parlamento Europeo conseguidos sin que ellos mismos lo esperaran, Podemos ya ha conseguido revolucionar el panorama político nacional con su discurso claro, conciso y exigente desde el punto de vista ético. Proponen muchas cosas interesantes, entre ellas la controvertida renta básica universal, pero… es que ya no estamos en el Siglo XIX y, aunque nos dejemos seducir por una poderosa sensación de déjà vu, la situación no es ni de lejos la misma. Que las apariencias no nos confundan: el marxismo es una reliquia del pasado que ya no tiene cabida en los tiempos actuales.

Sí, ya lo sé, esa sensación de déjà vu… ¡qué persistente es! Pero no. Vamos a centrarnos.

A) La clase trabajadora

A día de hoy, si fuéramos capaces de hacer un ejercicio de racionalismo extremo en cuanto a la satisfacción eficiente y suficiente de nuestras necesidades humanas, en sentido amplio, adecuando a las mismas un uso inteligente de la tecnología disponible, y a raíz de dicho ejercicio alzásemos la voz en medio de una plaza pública con la intención de congregar a una hipotética masa obrera, lo más probable es que acudieran al evento más máquinas que seres humanos… sin contar con que tampoco acudirían una infinidad de programas informáticos, dada su inmaterialidad y el hecho de que actúen desde espacios virtuales, a pesar de que nos saquen adelante tantas y tan espinosas labores de nuestra vida cotidiana.

Si la clase obrera se empeña masivamente en seguir trabajando, es que tenemos encima un bloqueo mental tan gigantesco que directamente nos hemos vuelto ciegos. Nos ganaríamos a pulso desaparecer para siempre de la faz de la tierra, sin dejar rastro.

B) La minoría opresora o, en términos marxistas, los propietarios de los medios de producción

Vale, demos por bueno eso de que la clase trabajadora se ha convertido en una especie en vías de extinción. Ahora bien, ¿cómo negar que las élites financieras nos tienen a todos cogidos por los ovarios y los huevos? Pues, bueno, esta es la parte graciosa de la historia. Porque, sí, no hay más que ver que es así, pero es que… ¡somos nosotros quienes voluntariamente lo permitimos!

Hagamos un poco de terapia de conciencia.

1-. Seguimos metiendo nuestro dinero en ciertas entidades bancarias a sabiendas de que sus prácticas son, como mínimo, poco éticas, por no decir directamente delictivas. Dejémonos de medias tintas: la banca es una organización mafiosa. Punto. Es hora de que analicemos más de cerca si realmente nos compensan las supuestas ventajas de nuestros depósitos bancarios y la rentabilidad que nos ofrecen, la cual, créanme, viene manchada de sangre.

Deberíamos explorar otras posibilidades como la banca ética, la banca cooperativa y hasta las nuevas oportunidades que se abren con el dinero virtual y las monedas sociales.

2-. Nos tiramos en tromba en los centros comerciales a por las superofertas de turno sin tener en cuenta que los precios ultrabajos se consiguen a base de pisotear los derechos y las condiciones de vida de otros seres humanos, derivándose de ello una compleja cadena de acontecimientos en cuyos eslabones probablemente resida la clave de por qué nuestras propias condiciones de trabajo han terminado desembocando casi en esclavismo.

3-. Seguimos votando a los mismos partidos y a los mismos políticos elección tras elección, pese a las inagotables muestras de que trabajan concienzudamente en favor de intereses espurios y de que están corrompidos hasta la médula.

4-. Entregamos en bandeja de plata nuestra intimidad, todo lo que hacemos, todo lo que pensamos, a empresas como Facebook, Google y muchas otras a cambio de servicios “gratis”, poniendo en sus manos información que luego utilizan las grandes empresas para seguir inflando sus beneficios, detrayendo de este modo recursos de la economía real para sustraerlos en paraísos fiscales.

5-. Seguimos prefiriendo masivamente las soluciones informáticas empresariales cerradas (privativas) por encima de las soluciones open source y de formatos abiertos compartidos, regalando a un puñado de multinacionales el lujo de monopolizar programas y aplicaciones que son fundamentales a día de hoy a la hora de transmitir el conocimiento y la información.

6-. Apoyamos incondicionalmente la guerra, la muerte de miles de inocentes y la destrucción de los recursos naturales del planeta cuando adquirimos artículos fabricados con materias primas que se extraen con técnicas depredadoras en países cuyos dictadores corruptos y señores de la guerra están comprados por las multinacionales que los comercializan.

Y podríamos seguir.

De modo que, no, no son las élites financieras las que nos tienen atenazados: somos más bien nosotros quienes voluntariamente les hemos rendido nuestra libertad. De modo que, ¿contra quién vamos a marchar? ¿Contra nosotros mismos? Sería tan ridículo que no merece ni la pena pensarlo. Aunque, claro está, siempre resulta más fácil adherirse a la doctrina del enemigo exterior y seguir dándonos cabezazos contra el muro, ya saben, la poesía de la guerra…

¿Una revolución para el Siglo XXI? Es inevitable: o tomamos nosotros la iniciativa o se nos viene encima. El sistema actual ya no da para mucho más, veremos cuánto tiempo aguanta sin desmoronarse bajo su propio peso.

Eso sí, pase lo que pase, haríamos bien en no volver a repetir la historia.

2 comentarios »

  1. Pues sí que estamos buenos. Pensábamos que vivíamos esclavizados, ¿no? Cuando resulta ser que los únicos responsables de nuestra esclavitud somos nosotros mismos. ¿No te parece gracioso? Yo me tiraría ahora mismo de los pelos, pero es que tengo muy pocos y me gustaría conservar alguno en la cabeza. Ni con un buen bofetón se despierta la masa de incoscientes. Y, para más inri, la situación se agrava, claro está, cuando nos convertimos en meros partícipes de una espiral financiera dentro de un sistema de políticas corruptas que no mira por la generalidad de las personas, sino por un grupo reducido de privilegiados que se aprovecha de la situación y vive apoteósicamente. Esto es pésimo, pero que entre todos lo permitamos, es aún más aberrante e intolerable. Ahora entiendo por qué se han perdido los valores y es que el hombre ha perdido el Norte por completo. ¡Bueno! El norte, el sur, y todos los puntos cardinales. Quizás tendríamos que cortarnos un poco más las narices para poder ver mejor ¡No lo sé! El caso es que el hombre prefiere asentarse en la pobreza y conformarse con ello, antes que salir a la calle y luchar por sus derechos. Partiendo desde la base del artículo 1.2 de la C.E.promulga que “la soberanía nacional reside en el pueblo español…,” y el 1.1. que dice que “España se constituye en un estado social y democrático de Derecho…,”, ¿qué pamplinas es lo que estamos haciendo y permitiendo? O sea, que te dan todas las herrmientas para tener un jardín bien cuidado, pudiendo utilizarlas para cortar el césped y podar los árboles, entre otras faenas, y lo que haces es sentarte en una amaca – da igual que esté vieja y cuchambrosa -, abrir una cerveza y eruptar como un borrego ¿Qué futuro les estamos dando a los nuevos que llegan al mundo? ¿Qué sociedad hemos formado? Si Jesús volviera a la Tierra, ¡Dios de la vida! Claro está que, si uno no quiere luchar por uno mismo, ¿por qué luchar por el resto? Siempre es más fácil meterse en el sistema regente y dejarte llevar por la corriente. En verdad, no sé ya que pensar, pero parece que no sólo somos unos inconscientes borregos, hipócritas y grandes huevones, si no fíjate que además pienso que algo de sirvenüencería también se nos ha pegado después de todo esto. Vamos a ver como van yendo las aguas, ya que no somos capaces de dirigirlas nosotros mismos, y como utilizamos nuestro derecho al voto. Lo que parece ser un cambio introducido por Podemos y que muchos en vez de verlo como algo positivo – no solo visto desde el proyecto político que ofrecen si no por el hecho de romper de una vez con el bipartidismo del país -, lo miran como una amenaza. Como si fueran ellos los que ahora mismo estuvieran en el poder robando a ton ni son como se está haciendo en la actualidad y desde hace 40 años por otros partidos políticos en un país que supuestamente se supone estar constituida en unas bases democráticas. Quien entienda algo, que venga y me lo diga. Yo…, sigo sin entender nada.

    Comentario por Yaiza — 25 noviembre, 2014 @ 9:20 pm | Responder

  2. Genial articulo. La parte del mismo dedicado a la autocrítica me encanta, casi nunca tomamos responsabilidades de lo que pasa, siempre son ellos. Deberíamos hacer como hacen los niños cuando se aburren: ya no me apetece jugar más. Un saludo.

    Comentario por Caco — 26 noviembre, 2014 @ 7:05 am | Responder


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