El jardín del exilio

17 marzo, 2015

La política, el arte y la estrategia

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 8:04 pm
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Estrategia políticaEmpecemos por decir que en política, la ingenuidad se paga caro.

Ha hecho falta que la podredumbre moral en la que nos hallamos sepultados afectara a nuestros bolsillos para que una parte importante de la población por fin haya decidido salir del estado de crisálida y (enfadada, indignada) saltar a la acción en el tatami político. Se trata de una situación sin precedentes: nunca antes una clase social venida a menos había estado tan bien formada, nunca antes en la coctelera de la historia se había combinado en una proporción tan elevada la exclusión social con un tan alto nivel intelectual.

Sin embargo, la excitación social que emerge de estas clases oprimidas cuando de repente se descubren como sujetos políticos capaces de propiciar un cambio real, al ser conscientes por primera vez en sus vidas de su poder, como si no lo hubieran detentado antes, algo así como si hubieran descubierto la pólvora (de hecho, parten de un desconocimiento cabal de la política, y es que nos hemos permitido el lujo de ignorarla durante demasiado tiempo), a veces propicia comportamientos de cierta candidez que les resta eficacia. Inevitable si, por lo demás, tenemos en cuenta que todo este movimiento que emerge del inconformismo del 15-M está imbuido de cierto romanticismo. Pero, cuidado: el mundo no se arregla solo con romanticismo, antes bien, resulta imprescindible mantener los pies bien plantados sobre la tierra.

Esta ingenuidad se refleja en muchas de las actitudes de Podemos, como todo el mundo sabe, el partido heredero del 15-M. Por ejemplo, la mayoría de sus representantes creen que les basta con presentarse ante el electorado cargados de razones inapelables para ganarse su confianza. Piensan incluso que sus adversarios serán derrotados irremisiblemente con tan solo blandir ante ellos sus poderosas “verdades”, como si empuñaran una espada mágica. Craso error. En política no solo basta con detentar “verdades”, autenticidad y hasta honradez. No, no es suficiente. Hace falta, además, una estrategia. Y una estrategia que no minusvalore a los adversarios, ¿o es que creen sus dirigentes que la “pureza” de Podemos constituye en sí misma un argumento contra todos los ataques que recibe? El PP es un partido corroído por la corrupción y la desvergüenza, pero, cuidado: de estrategia saben un huevo. Harían bien en respetarles, al menos por esto.

La falta de una estrategia política por parte Podemos se refleja en la reciente votación que tuvo lugar en el Parlamento Europeo, donde se proponía una resolución de condena contra el gobierno venezolano por encarcelar a la oposición e instaurar un clima de persecución a la disidencia. Podemos, entre otros partidos minoritarios, votó en contra. Al contrario de lo que muchos opinan, el sentido de su voto es muy razonable. ¿Por qué reprender al gobierno venezolano y no, por ejemplo, al de Arabia Saudí o al de China? Por otra parte, son cada vez más las voces autorizadas que constatan el fracaso de las políticas basadas en el enfrentamiento, sea por la vía de condenas institucionales puras y duras, sea por la vía de sanciones económicas. En este sentido, la proposición que finalmente sacó adelante el Parlamente Europeo no pasa de una proclama ideológica ideal para nutrir a los periódicos de titulares y satisfacer a una parte muy específica del electorado. No aborda el fondo de la cuestión, no aporta soluciones reales; no propone un acercamiento, un diálogo, unas bases donde dirimir intereses comunes. El voto en contra de Podemos está más que justificado, porque está lleno a reventar de “verdades”.

Pero, a continuación, al no disponer Podemos de una estrategia política digna de tal nombre, la formación se convierte en una presa fácil de la demagogia, hasta tal punto que incluso el PP se permite el lujo de acorralarles y clavarles todo tipo de dardos envenenados acusándoles de afinidad con las prácticas del gobierno venezolano, de bolivarianos y defensores del totalitarismo. Resultó sintomático ver a un dirigente del PP merendarse dialécticamente a uno de Podemos en un plató de televisión. El contertulio del PP, muy astutamente, desafiaba al de Podemos a condenar sin paliativos al gobierno venezolano. El representante de Podemos a lo máximo que llegó fue a decir que “le parecía fatal”, pero… no pronunció la palabra condena, seguramente debido a un miedo escénico mal entendido: coincidir, aunque sea en un asunto tan puntual, con el Partido Popular. Pero es que cualquiera que defienda unos principios democráticos mínimos estará de acuerdo con esa condena. Entonces, ¿por qué no hacerlo? Es un error.

Una estrategia inteligente por parte de Podemos pudo haber consistido en votar favorablemente la resolución que el Parlamento Europeo planteaba en contra del gobierno venezolano, pero acto seguido presentar otra resolución de condena contra las prácticas antidemocráticas de otros países que gozan del apoyo explícito de la Unión Europea y de muchos de sus miembros. De ese modo, Podemos podría haberle replicado al PP: “claro que condenamos al gobierno venezolano por lo que está haciendo, pero ¿condenan ustedes a Teodoro Obiang, dictador sanguinario de Guinea Ecuatorial, con quien nuestro país mantiene sustanciosos acuerdos económicos?; ¿y qué me dicen de la venta de armas por parte de España a la mismísima Venezuela, por la que se rasgan tanto las vestiduras, y a otros estados que respetan aún menos los derechos fundamentales?” Fin de la discusión. Podemos habría salido airoso.

No obstante, estos errores de principiante le están pasando factura al partido de Pablo Iglesias. Y podríamos hablar de muchos otros errores: como enfadarse con los entrevistadores o negarse a dar explicaciones públicas cuando así son requeridos por los medios de comunicación, en la ingenua creencia de que su causa es tan evidentemente justa que están exentos de esta obligación.

La política es un arte de difícil ejercicio, se trata nada menos que de una herramienta para intentar armonizar las mil y una facetas que alberga cada individuo (sus insondables complejidades y contradicciones) con un proyecto de convivencia común que englobe a toda una sociedad. Casi nada. Requiere la elaboración de unas propuestas que se basen en una reflexión seria y profunda, en un estudio concienzudo del contexto, de la historia, de la realidad social, política, cultural y económica. Pero no solo. De estas cosas podría hablarnos un profesor de universidad. Un político que aspire de verdad a gobernar un país necesita, además, la astucia, el arrojo y la malicia de los mejores guerreros. Porque en política se gana con mucho más que con verdades como castillos.

Que no crean los de Podemos y sus votantes que se puede empezar a hacer política desde cero, considerando que antes de ellos no ha existido nada aprovechable, como si pretendieran trazar una línea en la arena a partir de la cual situarse en el paraíso o en el infierno. Las cosas no son tan sencillas. Si no cuentas con una buena estrategia política a modo de coraza, porque estás convencido de que la virtud de las “verdades” que defiendes te permiten saltar al ruedo con el pecho descubierto, menospreciando a tus adversarios, en cualquier momento hasta el menos pintado te puede hundir una hoja de metal donde menos te lo esperes.

1 comentario »

  1. Brutal, otro punto de vista muy lógico y anti masas.

    Comentario por Caco — 18 marzo, 2015 @ 5:13 am | Responder


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