El jardín del exilio

27 abril, 2015

La ruptura de Europa

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 12:31 pm
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3542-000026Ya lo dejó caer alguien con clarividente criterio: el futuro de Europa se substancia en estos momentos entre los populismos de derechas y los populismos de izquierdas. ¿Estamos abocados, pues, a un oscuro callejón sin salida? Los resultados electorales son cada vez más explícitos y apenas dejan dudas al respecto: en las sociedades del Norte crecen como la espuma la xenofobia y la intolerancia, a lomos de una incómoda pero muy real percepción de amenaza hacia un privilegiado modo de vida que ha beneficiado durante décadas a las clases medias; en las del Sur, se extiende el convencimiento inapelable de que las reglas de juego que han conducido a sus estados a una situación insostenible de deuda y ajustes son abusivas e intrínsecamente injustas y que, por lo tanto, hay que romper la baraja…

Nada nuevo bajo el sol: se trata del eterno conflicto entre el Norte y el Sur, entre pobres y ricos, entre acreedores y deudores (¿entre nómadas y agricultores?). Un conflicto tan antiguo como la propia civilización. Y es ese atavismo, precisamente, no solo el primer escollo a la hora de entender lo que está sucediendo, lo es también en el nivel en que se aportan soluciones para intentar superarlo. En realidad, se trata de un escollo tan arraigado en nuestra cultura que la sola idea de que pueda superarse, o de que deba hacerse, a muchos les resulta disparatada, de un papanatismo rayano en la imbecilidad. Porque, vamos a ver: siempre han existido ricos y pobres, las cosas son así hasta donde alcanza la memoria. ¿De qué puñetas estamos hablando?

Si sentáramos frente a frente representantes de ambas posturas, terminaríamos como siempre: en una tautología eterna de reproches mutuos. La cosa, en lo que a Europa se refiere, podría empezar de la siguiente manera:

Norte: Las sociedades del Sur han pedido prestado de nosotros más de lo que, a la postre, eran capaces de devolver. Ustedes son los culpables.

Sur: Eso es una verdad a medias. Las sociedades del Norte montaron la estructura de la Unión Europea de forma que nuestra única esperanza de crecimiento consistiera en endeudarnos. Ustedes son los culpables.

Norte: Bien, pero si sabían que eso era así ¿por qué firmaron los tratados? Nadie les obligó.

Sur: Cierto, pero nuestros gobiernos estaban vendidos a los intereses del gran capital. Nos engañaron, y ustedes fueron cómplices.

Norte: Tenían otras opciones, pudieron votar a otros partidos políticos. Ergo, entendemos que sus gobiernos se endeudaron con el consentimiento del pueblo. Y ahora ha llegado la hora de honrar los compromisos, debería tratarse de una cuestión ineludible.

Sur: Nosotros no negamos los compromisos, pero las condiciones que pretenden imponernos son inaceptables, en todo caso, incompatibles con los derechos humanos.

Norte: Nuestros jubilados y ahorradores, los que pusieron en sus manos el dinero a través de los bancos, también tienen derechos. Deben ser resarcidos.

Sur: Pero es que los gobiernos del Norte también les engañaron a ellos, les vendieron la verborrea del gran capital. Son igualmente víctimas de una gran conspiración.

Norte: Dejen de tergiversar los hechos. Los préstamos a sus gobiernos se realizaron en base a unas expectativas que ellos solitos se encargaron de crear. Llegaron incluso a falsear las cuentas, siguen ustedes echando balones fuera.

Sur: Ustedes conocían a la perfección las demenciales condiciones en que sus bancos concedían los créditos: prácticamente sin garantías, sin requisitos, a intereses bajísimos, con una temeridad cercana a la locura. Ustedes auspiciaron una orgía del crédito, que luego se les fue de las manos.

Norte: Eso carece de importancia: ustedes aceptaron las condiciones voluntariamente…

Sur: Ya, pero es que ustedes nos engañaron…

Y vuelta a empezar. No terminaríamos nunca.

Si somos imparciales llegaremos a la conclusión de que las dos partes tienen razón en alguna medida. No obstante, existe un factor clave de desequilibrio que se repite de forma sistemática en la Historia: son en general las sociedades ricas, por la cuota de poder que pueden permitirse, las que al final acaban imponiendo sus razones, y esto siempre las hace parecer culpables a ojos de la posteridad. Pero en realidad estaríamos en las mismas: cuando los pobres, por medio de la violencia, han impuesto sus condiciones las cosas tampoco terminaron demasiado bien, muchas veces asumiendo sin más los mismos valores de quienes los habían avasallado. En este último caso el juicio histórico suele ser más benévolo, y es que la insurrección de los pobres, termine como termine, siempre ha contado con una carga de poesía que se le presupone inherente. En cualquier caso, a fines prácticos, tanto si tomamos las razones de unos como si tomamos las razones de otros, la cuadratura del círculo sigue sin cerrarse. Ya lo sé: son aplastante mayoría los que piensan que el círculo jamás llegará a cerrarse y que todos los intentos por lograrlo están condenados al fracaso.

Sin embargo, pienso que en un mundo donde las evidencias nos obligan a superar las viejas ideologías de derecha o izquierda, se hace igual de necesario superar los viejos sistemas éticos que rigen tanto a los acreedores como a los deudores, a los ricos como a los pobres. Al final del camino lo que subyace al conflicto entre unos y otros es una incapacidad sistemática para asumir la responsabilidad por nuestros propios actos, pero sobre todo para asumir un compromiso valiente y generoso ante el mundo.

Europa se haya en la antesala de un choque de trenes, el mismo que se ha producido en todas partes y en todas las épocas. No necesitamos saber más: las viejas fórmulas nos abocan al desastre, sí o sí. A lo mejor resulta que somos conscientes de ello, pero confiamos en que sean nuestros hijos o nietos quienes se encarguen de recoger los platos rotos… O quizá se trata de que hemos sucumbido a la mediocridad, renunciando a la posibilidad de idear nuevos caminos. O tal vez sí que somos capaces de hacerlo, pero nos negamos a asumir los costes, renuncias y responsabilidades que todo ese proceso conlleva necesariamente…

En cualquier caso, vamos lanzados de cabeza hacia una nueva ruptura: ya sea con nuestro pasado, ya sea con nuestro futuro.

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