El jardín del exilio

13 abril, 2016

De por qué deberías (intentar) usar un sistema operativo libre

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 5:14 pm
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Software libreImaginemos por un momento que un sistema operativo es como una casa en la que te instalas para vivir. Para que el símil nos proporcione más posibilidades narrativas, supondremos que la «casa» incluye el hardware, es decir, el propio ordenador en que viene instalado.

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Sales por ahí con la intención de comprarte una casa después de haber valorado las ofertas disponibles en el mercado. No hay color; la abrumadora mayoría de las viviendas que ves son Windows, están por todas partes, en todos los catálogos. La conclusión es inevitable: si casi todo el mundo tiene Windows ¿por qué voy yo a ser menos? Será por algo, será porque las casas Windows son las mejores.

En efecto, Windows ofrece una gama de viviendas casi ilimitada, las hay para todos los gustos, es imposible no encontrar una que se adapte a tus necesidades. Es más, descubres que los ingenieros que trabajan para Windows se desviven en la tarea de averiguar tus gustos, caprichos y apetencias, por mínimos que puedan parecer. Las casas Windows están diseñadas a conciencia para que entren por los ojos: los colores, la música, las sensaciones, las ingentes posibilidades de personalización, accesorios, muebles y juegos de todo tipo. No hay cómo resistirse. Ah, la gente de Windows empieza a caernos bien, nos cuesta creer lo enrollados que son.

 De modo que ¿cabe otra opción que comprarnos una casa Windows? ¡Pero si es casi lo natural! Decir casa y decir Windows incluso comienza a sonarnos a lo mismo, ya somos incapaces de imaginar otra casa que no sea una Windows. Te instalas en tu nueva vivienda y ¡ah, qué a gusto te sientes!

Ahora bien, para el carro: el constructor Windows, un tal Microsoft, no te ha contado toda la verdad. Vayamos por partes.

Para empezar, la casa guarda una serie interminable de secretos a cual más desagradable… como una de esas casas antiguas que vemos en las películas de terror, donde reside un fantasma o quizá un psicópata en el desván. Se trata ni más ni menos que de esto: la vivienda posee, sorprendentemente, un número considerable de puertas de acceso (un momento: ¿el sistema no se llamaba «ventanas»?), más de las que cualquiera con dos dedos de frente consideraría necesarias. Pero lo peor de todo es que… ¡las puertas no sólo no tienen cerradura, además están diseñadas expresamente para que nadie pueda ponérselas! Sin embargo, están lo suficientemente camufladas como para que no te des demasiada cuenta, las han incluido como parte de la «decoración». De modo que, nada, la ignorancia es la felicidad; por lo pronto sigues instalado en tu nueva casa con toda la despreocupación del mundo.

Bueno, no exactamente. Una vez que se te ha pasado el entusiasmo empiezas a darte cuenta de ciertos detalles. Por ejemplo, lo innecesariamente grandes que son las casas Windows. Son tan grandes que cuando vas a calentarla en invierno, te sale por un ojo de la cara. Y qué no decir ya de la limpieza, ¿acaso se puede mantener aseado un espacio tan amplio sin contratar un servicio al efecto? Todos son sobrecostes. En un ordenador eso se traduce en la necesidad de tener instalados microchips más potentes de lo necesario, más memoria RAM, discos duros con más capacidad, etc. El Windows 7, a poco que le des un poco de uso, puede llegar a ocuparte cuarenta gigas en el disco duro sin demasiada dificultad, lo cual es un exceso.

No obstante, tu fe empieza a resquebrajarse cuando, sin previo aviso, mientras estás viendo la tele tranquilamente con tu familia, se te planta delante un vendedor y te suelta una monserga alucinante sobre un producto que debes comprar ahora mismo. ¿De dónde narices habrá salido? Lo peor de todo es que esta clase de «visitas» comienzan a repetirse cada vez con más frecuencia. «¿Has pensado en tu seguridad?» «¿Sabes que el contrato de mantenimiento que traía la casa cuando la compraste está a punto de expirar?» Estos malditos vendedores son muy irritantes, pero, para tu sorpresa, descubres que muchos de ellos te ofertan cosas útiles. Por ejemplo, unos calzos muy apañados para sujetar esa cantidad de puertas tan absurdas que tiene la casa cuando sopla el viento… Ya sabes, desde Windows existen un montón de programas que intentan colarte con el objetivo de paliar sus grandes deficiencias; desde programas que te «limpian» el sistema a otros que intentan optimizar su rendimiento. La lista es interminable. Sí, es cierto, a veces dichos programas te los dan gratis… pero tan solo se trata de una añagaza para meterte una punta de lanza, bien para recabar información acerca de tus hábitos como usuario —y luego hacer negocio con ellos o vendérselo a terceros—, bien como gancho para intentar colocarte otros productos de pago. Apúntate este consejo: deberías revisar el significado de la palabra «gratis».

En fin, las visitas inesperadas de vendedores en el interior de la casa se consolidan sin remedio como parte de tu día a día, lo acabas asumiendo como algo inevitable de las casas Windows. «Bueno, sí, una pequeña incomodidad, no tengo otra opción», llegas a pensar.

La situación, sin embargo, adquiere otro cariz cuando de repente comienzan a desaparecer cosas de tu casa: portarretratos, cuadros, sillas… Al principio no le das mucha importancia, lo achacas a distracciones tuyas, pero los hechos se van acumulando y al final no te queda más remedio que aceptar la triste realidad: alguien está entrando en tu hogar a robarte. En el sistema operativo Windows esto puede significar que desaparecen ciertos archivos del sistema (empiezas a ver un aviso que te lo advierte), incluso archivos que tú hayas creado (como fotos o música), o puede que ya no puedas abrir determinados programas.

Acudes a un especialista (a un informático) y el diagnóstico es inapelable: no es que te estén entrando a robar, ¡es que los ladrones los tienes instalados dentro de tu propia casa, viviendo bajo el mismo techo contigo! Es decir, para que nos entendamos: tu ordenador está infestado de virus, malware y troyanos. «Tranquilo», te dice el especialista, «lo único que debes hacer es contratar una agencia de seguridad», o, lo que es lo mismo, instalar un antivirus.

Si no eres lo bastante listo, acabarás instalando un antivirus gratuito. Craso error. A los proveedores de estos antivirus no les interesa, como es lógico, impedir el ataque de todos los virus. Para eso ya está su versión de pago. Además, al ser «gratuito», dicho proveedor ha adquirido tu permiso, porque así lo has decidido cuando aceptaste los términos de esa licencia que nadie lee, para meterse en tu casa (o en tu ordenador) y ver lo que haces, para luego, una vez más, lucrarse con tus datos…

Pero, bien, supongamos que has sido algo más inteligente y decides pagar un buen programa antivirus, en este caso, contratar una buena agencia de seguridad. La operación te sale por un pico, te deja el bolsillo sudando.

Al principio todo parece ir bien, ahora ya te sientes más tranquilo. Sin embargo, dicho sistema de seguridad trae consigo ciertas incomodidades con las que no contabas y contra las que nadie te previno. Ahora tienes un segurita hasta dentro del baño. Incluso mear se convierte en una tarea engorrosa, hasta debes permitir que te pase la raqueta magnética y te cachee antes de poder bajarte la bragueta. Lo peor de todo es que sucede lo mismo para cada tarea que vas a realizar, tu vida se ralentiza, las alarmas están continuamente saltando, el personal de seguridad te persigue a ti y a los tuyos como sabuesos por toda la casa, están pendientes hasta del más mínimo detalle de cuanto haces o dejas de hacer, preocupados como dementes por que se cumplan los protocolos de seguridad.

Ya lo creo, los agentes de seguridad tienen mucho trabajo, a cada dos por tres detienen a un «ladrón» y lo expulsan sin contemplaciones. Ahora bien, la actividad de los agentes causa algunos estragos; hay muebles que terminan por los suelos, o vajilla, desconchados en las paredes, miles de panfletos desperdigados que se le caen a los ladrones cuando son atrapados, etc. Ah, ¿pero qué decir de los vendedores «autorizados»? Estos siguen paseándose por tu casa impunemente… y lo peor de todo es que también dejan muchas huellas de su actividad, con la que también tropiezas a cada instante. Es entonces cuando te asalta esa duda existencial tan incómoda: vamos a ver, ¿hay una manera fiable de diferenciar los «ladrones» de los «vendedores y espías autorizados»? ¿No serán unos y otros de la misma calaña? Ja ja.

En definitiva, tu vida ya no es tan cómoda como habías imaginado, la casa Windows de repente se ha llenado de un montón de cosas indeseadas. Así es, empezarás a notar que tu ordenador ya no es tan rápido como antes. Con el paso del tiempo te parecerá que los programas tardan una eternidad en abrirse, todo va a cámara lenta. Quizá sea un mal menor con el que estás dispuesto a convivir, pero un día te sucede algo que ya termina de descuadrarte del todo. A pesar del antivirus, a pesar de todas las precauciones que has tomado, resulta que te entra un virus y te revienta el sistema. ¿Cómo es posible? «Tranquilo», vuelve el especialista o informático, «solo tienes que restaurar el sistema o formatear». Sí, solo. Y gastarte un día entero en volver a instalar los programas que tenías, cargar tus archivos personales (en caso de que no los hayas perdido), volver a configurar la wifi, y no digamos ya actualizar el sistema… Muy bien, problema resuelto. Pero luego, vuelta a empezar. ¿Estás dispuesto a tanto?

A menudo me preguntan cómo es que Microsoft, una multinacional con una inmensidad de recursos a su disposición, más que muchos países (!), no es capaz de confeccionar un sistema operativo en condiciones, uno que funcione sin dar tantos quebraderos de cabeza a los usuarios y, a ser posible, que no consuma tantos recursos (que esa es otra). La respuesta es muy sencilla: Windows es básicamente una plataforma de negocios diseñada a conciencia con más agujeros (¡o ventanas!) que un colador, con el único propósito de que fabricantes y anunciadores de todo el planeta puedan colarse en nuestros ordenadores y vendernos sus productos o incluso asomarse a lo que estamos haciendo, cómo, cuándo y por qué. Una gigantesca plataforma de negocios, sí, pero, ¡ay!, también una monumental herramienta de control que coarta nuestra libertad. Hacer un buen sistema operativo, me refiero a uno robusto y seguro, nunca ha entrado en los planes de Microsoft. Más claro, el agua.

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Hay quienes, hartos de las casas Windows, deciden dar un salto al siguiente nivel y se lanzan a comprar una casa Mac. Perdón, ¿he dicho el siguiente nivel? Oh, por favor… son por lo menos tres o cuatro niveles por encima. Porque si las casas Windows te parecían chulas, ¡ahora lo vas a flipar!

No hay nada que se pueda comparar a un casa Mac. Es diseño. Es estilo. Es elegancia en estado puro. En definitiva, estamos hablando de otra dimensión. Lo sé, eso implica hacerte un poco esnob… quizá incluso un poco repelente… Pero es que ahora formas parte de un círculo exclusivo de usuarios: tú usas Mac. No hay más que decir. Claro, es lógico, todo el mundo quiere un Mac, a ver, ¡quién no! Pero, esta es la cuestión, ¿tienes lo que hay que tener? Amigo. Vete preparando un buen fajo de billetes, una casa Mac te va a salir por un ojo de la cara. «Oh, ya, pero es que es Mac…» Tú mismo.

Y, sí, hay que ver el lujo que supone vivir en una casa Mac, todo es exquisito, todo es clase… La casa funciona como la seda, un gustazo, te bastan cinco minutos para olvidarte para siempre de las malas experiencias de las casas Windows. No se cuelga, no le entran virus, no se ralentiza, qué más se puede pedir… No en vano los profesionales más prestigiosos usan Mac, no existe nadie que, aspirando al máximo nivel, no use un Mac. Es sí o sí.

Ya se te han agotado todos los adjetivos, usar Mac (vivir un una casa Mac) es como tener un orgasmo, como meterse un chute de heroína. Hasta que un día se te rompe un enchufe. No pasa nada. Vas a una ferretería e intentas comprar uno de recambio, bah, solo se trata de un enchufe de mierda. «No, amigo, no», te revela el ferretero llevándose las manos a la cabeza, «a tu casa Mac no le vale cualquier enchufe, sí, ya sé que un enchufe es un enchufe, pero el único que te puede vender un enchufe Mac para tu casa Mac es tu constructor, Apple, el de la manzana mordida, y menuda mordida te va a pegar…» Efectivamente. ¿De qué diablos están hechos los enchufes Mac para ser tan demencialmente caros? No puedes hacer otra cosa, así que tracatrá, a pagar.

Es así, tener un ordenador Mac puede resultar todo lo flipante que quieras, pero debes acostumbrarte a comprar todos sus accesorios, por nimios que sean,  a precio de oro, y solo a Apple. A nadie más. Un negocio redondo. Sí, ya, es un Mac. Pues tracatrá.

Bueno, vale, aún puedes esgrimir a tu favor la baza de la seguridad. Cierto. Los Mac suelen ser infinitamente más seguros que los Windows. No tienes que soportar a los incómodos vendedores que se cuelan por las puertas secretas (o las ventanas) y aparecen sorpresivamente en el salón de tu casa. No. Pero no cantes victoria antes de tiempo. Las casas Mac sí que tienen una puerta secreta, la que usa el constructor Apple (el de las mordidas). Sí, lo sé, se trata de una única y mísera puerta, sin embargo el control que ejerce sobre ti dicho constructor es de aúpa. Dado que fabrica tanto el hardware como el software tiene un acceso amplísimo sobre tus datos y todos tus movimientos… Dime la verdad: ¿no te entran escalofríos?

Seamos claros. Una casa Mac es en realidad una enorme red de la que no puedes escapar. Lo malo es que estás tan fascinado por el inigualable diseño que han tejido a tu alrededor, que ni siquiera te das cuenta. O prefieres no hacerlo. Eso ya lo decides tú.

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Empecemos diciendo lo más obvio. Linux es un coñazo. Un momento: no digas nunca, ¡NUNCA!, solo Linux, debes decir GNU/Linux. Porque Linux, solamente Linux, hace referencia nada más que al núcleo. Todo lo demás es GNU —o casi—, es decir, el proyecto auspiciado por la Free Software Fundation, es decir… ¿Richard Stallman? ¡Oh, no, ese chiflado rabioso, la quintaesencia del perroflautismo iluminado! Pero, ¿qué digo Richard Stallman? Todos los que usan ese Linux o GNU-lo-que-sea están tan locos como él, no hay más que verlos para darse cuenta de que conforman una panda de frikis bastante ruidosa y desajustada. ¿GNU/Linux? Vamos, ¿qué se supone que es? Ni siquiera Ubuntu; es más, como se te ocurra decir que Linux es Ubuntu, te fusilan. Lo cierto es que tienen más de quinientas versiones de su sistema operativo (aparte de Ubuntu), no se aclaran ni ellos. ¿Y pretenden que lo usemos? Están para el arrastre.

Linux. Bah. No hay nada más cutre. «Es que GNU/Linux es libertad». Sí, claro, libertad para ser cutre… Es que no existe punto de comparación, es como poner un esmoquin al lado de un taparrabos. Pues mira, ya ves, no hay pieza de ropa que les venga mejor a Stallman y sus acólitos que un taparrabos.

Ya para terminar: hagamos la prueba del algodón. Vete a una tienda de informática o a un centro comercial. No pierdas el tiempo, no vas a encontrar nada que ponga GNU/Linux. Nada. O, lo que es lo mismo: es tan tremendamente malo que nadie está dispuesto a comercializarlo. Olvidémonos del tema.

Hasta que un día, ay, nos damos de frente con la cruda realidad. Sí, hijo, sí, descubres por fin que a las multinacionales les importamos un pimiento, tanto cuanto los cuartos que puedan sacarnos, su única preocupación consiste en acumular capital sea como sea. Pobre del que se haya creído lo contrario. Pero resulta que, mira por dónde, harto de los virus y la frecuente ralentización de las casas Windows o de las insoportables excentricidades de las casas Mac, decides de rebote adquirir una casa GNU/Linux, ya casi por desesperación. Y, ah, porque has dado con una rara avis que te la ha recomendado enfáticamente y se ha encargado de conjurar tus muchos prejuicios.

Bueno, sí, no acostumbramos a ver GNU/Linux en los centros comerciales, pero esta es la gran paradoja. Casi la totalidad de los servidores que regulan el tráfico en Internet, centenares de miles, por no decir varios millones de máquinas, funcionan con GNU/Linux… ¡Hasta muchos de los servidores que utiliza la propia Microsoft! La casi totalidad de los superordenadores que se emplean para la más sofisticada investigación científica de vanguardia, funcionan con GNU/Linux. Por supuesto, el Gran Colisionador de Hadrones, el LHC, una de las máquinas más caras, grandes y complejas jamás construidas por el hombre, usado para desentrañar los secretos más profundos del universo, funciona con GNU/Linux. Los ordenadores de la NASA y de los cohetes que van al espacio funcionan con GNU/Linux. Y si hablamos solo del núcleo, es decir, Linux, podemos decir que está por todas partes. Gobernando desde los smartphones equipados con Android hasta los ordenadores de abordo de la mayoría de nuestros coches. Por desgracia, muy poca gente es consciente de la importancia trascendental que ha cobrado Linux para el buen funcionamiento de las cosas más básicas que nos rodean. Sorprendido, ¿eh?

Todavía más. Si cogemos un ordenador Mac y le instalamos un sistema operativo GNU/Linux, funcionará mucho mejor, más rápido, fluido y consumiendo menos recursos que con su sistema operativo original. Steve Jobs se estará retorciendo en la tumba. Eso sí, no podremos instalar muchos de aquellos programas con los que un usuario medio de Mac está familiarizado, razón por la que previsiblemente pocos aceptarían realizar el cambio.

Pero, mira, resulta que contra todo pronóstico te ves mirando casas GNU/Linux. No se encuentran demasiadas, a decir verdad, pero las que hay destacan por su sencillez y por el hecho asombroso de que tienen justo lo que necesitas. Sin alardes ni aspavientos. Ni más ni menos. Y, ¡ah, sí!, vienen sin puertas y sin pasadizos ocultos. Qué alivio. A estas alturas hasta te parece increíble: en las casas GNU/Linux solo entran las personas que tú quieres. Incluso, si posees poco presupuesto, podrías instalarte sin problemas en una casa antigua, de esas para las que tanto Microsoft como Apple ya no fabrican ni muebles ni accesorios. Vaya, te das cuenta, ¡la de casas abandonadas que hay por ahí por el simple hecho de que nadie les da soporte!

Así es, todos hemos visto pilas enteras de ordenadores viejos abandonados, «es que no tienen potencia para mover las versiones más nuevas del Windows». Patrañas. Existen distribuciones GNU/Linux que harían funcionar sin dificultad a la mayoría de ellos, devolviéndoles una segunda vida en lugar de ir a parar al vertedero. Pues sí, ahí has estado fino, tienes toda la razón: usar GNU/Linux también tiene que ver con el uso responsable de los aparatos electrónicos y con la ecología. Sí señor. Incluso en el caso de que te compres un ordenador nuevo, si viene con GNU/Linux —o decides instalárselo tú mismo—, podrás arreglarte con uno que consuma menos recursos de lo habitual. Voilá.

No obstante, cuidado, aún es pronto para echar las campanas al vuelo. No eres consciente de hasta qué punto tantos años viviendo en casas Windows o Mac ha hecho mella en ti. Te has acomodado, te has acostumbrado a la sopa boba, a que te lo den todo masticadito. Y, no, ¡ay!, en las casas GNU/Linux a veces hay que currar y buscarse la vida, aunque afortunadamente esta circunstancia está cambiando para mejor. Las casas GNU/Linux están construidas por un grupo de entusiastas voluntarios que considera el acceso a una vivienda «libre» —o a un software que sea libre— un derecho básico, es decir, un software exento del control ejercido por los intereses privativos de las multinacionales. Para estos héroes voluntarios, cuyo entusiasmo a veces se confunde con el frikismo, el software es algo demasiado valioso como para dejarlo exclusivamente en manos privadas. Ojalá se pensara lo mismo con respecto a la industria alimenticia y a la farmacéutica…

Ya ves, no siempre un grupo de voluntarios idealistas consigue construir algo tan bien acabado o con tanto diseño como cuando se hace con el respaldo de compañías que manejan miles de millones. Así pues, no es justo que se diga que las casas  GNU/Linux son cutres… Pero, como hemos dicho en el párrafo anterior, esta circunstancia está cambiando. Sí, porque muchas grandes empresas del software poco a poco empiezan a ofrecer versiones de sus productos para GNU/Linux. Se trata todavía de una tímida respuesta, pero es una tendencia que se consolida año tras año. Incluso empiezan a llegar títulos de vídeojuegos famosos a GNU/Linux. Y algo tan impensable hace pocos años está sucediendo gracias a que, a su vez, los grandes fabricantes de tarjetas gráficas por fin se han puesto en serio a desarrollar controladores para dicha plataforma, después de que las comunidades de software libre se vieran obligadas a suplir esta carencia a base de ingentes esfuerzos y una actitud inmune al desaliento.

Desde luego, quedan muchas cosas por hacer en GNU/Linux para que este sistema operativo despierte un interés masivo entre los usuarios de ordenadores personales, ya sean portátiles o de sobremesa. Aunque, hay que decirlo, una de sus grandes dificultades reside en una tenaz falta de voluntad política de nuestros gobiernos, que favorecen de facto y muy calculadamente los intereses de las grandes corporaciones. Pero bien, con un poco de voluntad y ganas de aprender se puede lograr en GNU/Linux  una experiencia de usuario bastante satisfactoria y enriquecedora.

Por descontado, todos aspiramos a obtener la máxima comodidad, pero es en aquello que estamos dispuestos a sacrificar donde reside la diferencia y la verdadera fortaleza de nuestros principios. Porque GNU/Linux va mucho más allá de ser un simple sistema operativo. Es el resultado de miles de esfuerzos altruistas y desinteresados que se han unido alrededor de una poderosa idea común: demostrar que la colaboración libre, en contraposición con la competitividad que impera en este sistema económico enfermo que gobierna el mundo, es la base más sólida sobre la que construir la auténtica libertad.

7 comentarios »

  1. Excelente artículo, don Iván. Ameno, divertido y sobre todo revelador. Las cosas que no generan dinero no generan publicidad y mucho mas grave aún, se ocultan a la gente de modo completamente deliberado. Muchas gracias por haber compartido esa verdad latente. Un saludo admirativo.

    Comentario por Juan José Morales — 14 abril, 2016 @ 6:25 am | Responder

  2. Por momentos hilarante, realmente divertido y claramente ilustrativo.

    Solamente no estoy completamente de acuerdo con el asunto de la apariencia de las distros. En gustos se rompen géneros y a muchos de los usuarios de una distribución nos parece que hoy no hay nada que desear en este apartado. Gnome – Shell, Plasma, Cinnamon entre otros me parecen mejor logrados e infinitamente mas flexibles que W$ 10. De Mac no opino, soy proletario y no me puedo dar el lujo de que me estén mordiendo ya no digamos las manzanas, ni siquiera las uñas.

    Grande Iván, un gustazo cuando escribes sobre GNU / Linux y lo haces con tanta maestría.

    Comentario por gato2707 — 17 abril, 2016 @ 1:52 am | Responder

    • Gracias, amigo, por desgracia de GNU/Linux tengo más que decir en lo literario que en lo técnico. Soy un usuario de nivel bastante básico.
      En cuanto a lo que comentas de la apariencia, me refería más a los “fuegos artificiales”, a características visuales que están más para deslumbrar que otra cosa. Es indudable que los escritorios en GNU/Linux han alcanzado una gran madurez.

      Un saludo.

      Comentario por Iván Bethencourt — 17 abril, 2016 @ 9:15 pm | Responder

      • Ah, mi querido Iván:

        Pero si lo que hace falta es quién escriba bien. Escritos técnicos abundan, escritos de calidad que valga la pena leer, de esos que realmente interesan estamos muy escasos.

        Comentario por gato2707 — 18 abril, 2016 @ 3:25 am

  3. Muy buen artículo y revelador al mismo tiempo, un buen símil entre los S.O. y las viviendas, creo que si lees el artículo de una sóla pasada sin prestar atención a los detalles, más de uno se va a enfadar, ya sabemos que tenemos que justificar lo que nos gastamos, pero si profundizamos un poquito más, me quedaría con las últimas lineas, un estilo de vida, basado en libertad, esfuerzo, desinterés por compartir, que debería ir más allá de lo plenamente informático. Yo uso Linux a diario, y creo que se merece una oprtunidad, me parece un sistema operativo increible que va a más en cuanto a sencillez, cubriría la necesidad del 90 por ciento de las personas que revisan el correo, navegan, descargan etc, y con el plus de la seguridad, el que sea gratuito, la velocidad etc. Ya he “resucitado” un par de ordenadores que estaban a punto de ir al desguace y tengo que decir que produce cierto gustillo la restauración y el aprovechamiento de éstos cacharros. Sin más, felicidades por el artículo, chao!!

    Comentario por Caco — 19 abril, 2016 @ 8:05 am | Responder

    • Gracias, Caco, dejo constancia de los muchos ordenadores que has rescatado del olvido u otros cuyo destino era el vertedero. Otro buen activista en pro de nuevos valores que revitalicen esta sociedad al borde del abismo. Saludos!

      Comentario por Iván Bethencourt — 19 abril, 2016 @ 8:46 am | Responder


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