El jardín del exilio

3 diciembre, 2016

El odio subyacente

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 10:06 am
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odioNo existe mayor perversión que aquella que niega la realidad asumiéndola como si ella misma no estuviera siendo negada, dándole una pátina superficial que la camufla de lo contrario. Así pues, cuando el poder que nos subyuga consigue convencernos de que tal poder no existe, de que sus prescripciones son en realidad un ejercicio espontáneo de nuestra libertad, podemos estar seguros de que ha alcanzado el mayor grado de perfección y victoria al que se puede aspirar. En ese momento el individuo queda totalmente aniquilado; es el fin de la existencia como acto sublime de la creación. El cinismo y la mentira han triunfado en toda su plenitud.

En este escenario desolador, el sucedáneo de individuo que cree ser tal se maneja por el mundo convencido de la solidez de una realidad cuya percepción apenas tiene substancia. Este individuo desposeído de sí mismo cree a pies juntillas que es libre, que ha superado el machismo, la xenofobia o el racismo. Cree incluso que su sistema de valores tiene algo que ver con la democracia. La realidad que le han prefabricado y lo envuelve hasta en sus actos más cotidianos e ínfimos así parece confirmárselo. Pero nada de cuanto le circunda y asedia de la mañana a la noche lo ha decidido él, todo le viene dado, es decir: pensado, producido y empaquetado para que pueda consumirlo y sentirse «libre».

Son muchos los que se asombran de la emergencia imparable de los fascismos por todo el mundo, o de la elección en EE.UU. de un personaje como Donald Trump. ¿Cómo es posible? ¿Cómo se explica que un negro le vote a un supremacista blanco, una mujer a un misógino, un extranjero a un xenófobo o un pobre a un multimillonario que se vanagloria de no pagar impuestos? Es de locos. Pero, por otro lado, es una consecuencia bastante previsible.

Resulta exasperante comprobar el agigantado retroceso al que están sometiendo los derechos humanos en todos los ámbitos y rincones del mundo, y cómo lo aceptamos sin ni siquiera darnos por aludidos. Las leyes están experimentando un proceso de regresión sin precedentes: los gobiernos nos están triturando vivos. La libertad de expresión o de prensa, el derecho a la intimidad, el status quo del ciudadano frente a la Administración o la propia presunción de inocencia están sufriendo una ofensiva fulminante por parte de los estados. Nuestro bonito sistema de derechos y libertades se está derrumbando delante de nuestras narices. Y nosotros no hacemos nada para impedirlo. ¿Dónde estamos nosotros? Respuesta: llevamos demasiado tiempo con la cabeza metida bajo la arena. Nos hemos prestado de comparsas en una farsa monumental.

Pero, al fin y al cabo, no se le puede retirar a nadie algo que no tiene. Por eso no nos importa que nos priven de nuestra libertad y dignidad. Porque, ¿de qué estamos hablando? ¿De qué nos quejamos? No hay nada por detrás de los individuos que conforman las sociedades de consumo de este inicio del siglo XXI. Nada. Estamos ante la misma paradoja a la que se enfrentaron los psicoanalistas a principios del siglo XX. Estos inventaron un método que explicaba con razonable exactitud, por medio de un concienzudo análisis de los sueños, el origen de muchos de nuestros traumas, obsesiones y psicosis. Infelizmente para ellos, descubrieron tiempo después que el hecho de que sus pacientes tomaran conciencia de las causas mentales que les atormentaban no servía para que cambiaran sus conductas a unas más sanas.

A día de hoy disponemos de una cantidad de información que hubiera sido inimaginable hace tan solo unas décadas. Se pensaba, como hicieron los psicoanalistas entonces, que el acceso casi ilimitado a la información nos haría libres. Pero, no: no ha sucedido así. Sabemos que nos mienten, sabemos que nos roban, sabemos que nos explotan, sabemos que nos dirigimos directos a la catástrofe. Todo con pelos y señales. Sin embargo, la evidencia de los datos no está sirviendo para imprimir un giro drástico en el modo en que nos comportamos, incidimos una y otra vez en los mismos errores.

¿Qué falta? Pues nosotros, como individuos capaces de llenar de sentido —con nuestra humanidad, con nuestra inteligencia, con nuestra creatividad— la fría y dura realidad que nos llega entremezclada en medio de tanto bombardeo informativo. Sin este ejercicio, podríamos decir, espiritual —también de amor—, no somos sino cáscaras vacías, seres enteramente ignorantes. Da igual la cantidad de información que manejemos. A falta de un contenido vibrante y contextualizado, de una verdadera cultura, recurriremos a los instintos más básicos de la naturaleza para defender como alimañas una ciega inmediatez que carece de trascendencia y proyección hacia el futuro.

Alimañas que alimentan alimañas, como las que nos gobiernan y cuyo alimento es la ideología que identifica al otro como el enemigo. En definitiva, esa carnaza de odio irracional que nos está consumiendo.

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10 comentarios »

  1. Muy buen artículo! Estaba pensando en reenviarlo y así lo haré, no porque seas mi hermano, sino porque es la realidad revestida en palabras, y de una manera tan cristalina que cualquiera ante cualquier situación, se limitaría a escuchar estas palabras. Ahora buen, del dicho al hecho va un buen trecho. De tal forma que, aún reenviandolo a un innumerable número de personas, la realidad seguirá siendo la misma. Es decir, que sería una reiteración de lo que ya sabemos. ¿Que aún sabiéndolo no se da ni un paso? Sí, ya lo sabemos! Es lo que hay.

    A veces pienso que el rumbo y el paso de los acontecimientos evidentemente depende de nosotros, pero creo que puede haber algún otro motivo, más allá, que se nos escapa de las manos, y es la creenecia de que todo suceda por alguna razón. Sí! Hay mucha ignorancia, sí. Mucha inconsciencia, también. Mucho pasitismo y sumisión a las injusticias. ¡Por supuesto! Poca disposición al sacrificio para reclamar un cambio hacia un camino más saludable y más justo… Evidente. Pero bueno, creo que las cosas en este mundo van a paso de tortuga 🐢, pero poco a poco la vida pone todo en su sitio y cuando el ser humano piensa que tiene todo controlado, de repente aparece el látigo de castigo.

    Mucho me temo que estemos en medio de un perdido transicional, cuyo desenlace quizás muchos no podramos ser testigos.

    Lo mejor que podemos hacer, ya que la unidad ahora mismo no es posible, es hacer lo mejor que uno pueda a modo individual, hasta que la masa algún día despierte.

    Comentario por yaizabr — 3 diciembre, 2016 @ 10:58 am | Responder

    • Gracias, hermanita, por tu comentario y aportaciones. A veces la cuestión no es que los cambios vayan a paso de tortuga sino que la vida humana es muy corta.

      Comentario por Iván Bethencourt — 3 diciembre, 2016 @ 12:20 pm | Responder

      • Si! Es muy corta para un individuo pero la vida sigue para otros…, esto es una cadena de acontecimientos.

        Comentario por yaizabr — 3 diciembre, 2016 @ 2:57 pm

  2. Hola Ivan , decirte que el articulo es muy bueno , creo que deberia ser publicado en algun periodico , no es broma lo digo en serio . Habla de algo que no se comenta , y es una pena que estos escritos que tu escribes con ntanta calidad no lo pueda leer muchisima mas personas , sty segura que se quedarian encantados. bst y felicidades de nuevo. esta genial

    ________________________________

    Comentario por Teresita Rodriguez Grimon — 3 diciembre, 2016 @ 11:42 am | Responder

  3. Lo que dices en el articulo tampoco afecta a la salida del Samsung Galaxy 10 no o el Iphone 8??

    Comentario por Caco — 3 diciembre, 2016 @ 1:27 pm | Responder

  4. gran articulo gracias

    Comentario por Caco — 3 diciembre, 2016 @ 1:28 pm | Responder

  5. Al pueblo dale pan y circo y se acabó!!

    Comentario por yaizabr — 3 diciembre, 2016 @ 3:06 pm | Responder


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