El jardín del exilio

25 octubre, 2017

El sueño de La Alhamabra

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 4:39 pm
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mocárabesLo de hacer turismo cada vez lo llevo peor, si me apuran les diré que no existe nada más impostado y presuntuoso. Y aun, si me apuran un poco más, que estamos triturando el planeta con el objetivo de convertirlo en un inmenso parque de atracciones en el que dar rienda suelta a nuestra inabarcable voracidad de consumir sensaciones y experiencias superficiales, masificando y gentrificando los espacios hasta desposeerlos de su verdadera esencia, paradójicamente esa misma que tanto ansiamos aprehender (aunque luego nos conformemos con su versión comercialmente adulterada). En fin, parece ser que apenas existe ya un lugar en el ancho mundo cuyas esquinas se encuentren libres de tiendas de souvenirs y restaurantes de comida rápida, razón que me conmina a pensármelo dos veces antes de emprender un viaje.

He de asumirlo de este modo, lo mío es el exilio por vocación…

Sin embargo un compromiso ineludible me llevó a Granada, y por ende, de forma inevitable, a La Alhambra. Acudí al emblemático monumento asumiendo todas las precauciones imaginables, imbuido de una renuencia funesta que se alimentaba del recuerdo de vivencias anteriores en otras partes del mundo de las que ha quedado más que nada un regusto agridulce. Las hordas de grupos conducidos por afanosos guías turísticos y el tamaño de la cola en el acceso me hicieron temer lo peor.

Decidí tomarme las cosas con calma. A medida que me fui internando en las entrañas de los Palacios Nazaríes lograba aislarme paulatinamente del bullicio, obviar las agobiantes aglomeraciones, adquirir cierta habilidad y paciencia para sortear el campo de visión de quienes se hacían selfies o apuntaban infatigables sus cámaras hacia alguno de los infinitos detalles decorativos que nos rodeaban. Entonces sucedió, lo que se suele decir: me atrapó el duende. De algún modo mis sentidos despertaron al sutil espectáculo que los elementos arquitectónicos desplegaban ante ellos con intencionada maestría. El delicado juego de sombras creado por los mocárabes en las bóvedas, a modo de exquisitas estalactitas, formaba una misteriosa simbiosis con el murmullo cadencioso del agua de las fuentes —cuyo musicalidad se había dispuesto de forma deliberada en todas las estancias— y la luz difuminada que se filtraba por entre las ricas filigranas que adornaban los arcos que sostenían las deliciosas puertas y balaustradas. Finos brocados de yeso —con un nivel de detalle digno del mejor orfebre— se extendían a lo largo y ancho de las paredes como si una tupida y voluptuosa enredadera hubiera tomado cuenta de las mismas. Restos de pigmento me permitieron hacerme una idea de cómo los tonos de las distintas salas contrastaban unos con otros y añadían suaves matices a la experiencia del observador. Nada estaba hecho al azar. Los techos de madera artesonados, los versos de poesía árabe y del Corán que se fundían con los motivos vegetales, la estudiada perspectiva y superposición de los arcos que añadían gráciles efectos ópticos…

La Alhambra es una obra sin igual, no exagero cuando les digo que posiblemente no volveré a contemplar nada tan hermoso. El refinamiento alcanzado por sus artistas nos habla de una civilización cuyo ideal de belleza se extendía desde lo más elevado a las cosas más sencillas; La Alhambra está construida con elementos sencillos, no le hace falta más. Se trata de una obra poética, serena y vibrante a la vez. Refleja la poesía inefable de la vida.

Pienso en estas cosas mientras me dejo absorber por tanto prodigio. Me viene a la mente que La Alhambra no alcanzó a ser incluida entre las siete maravillas del mundo contemporáneo, siendo superada en las votaciones por monumentos como el Cristo Redentor de Río de Janeiro. Alguien tiene que decir esto: la gente no tiene ni puñetera idea.

Regreso al centro de Granada y, como cualquier turista, me adentro en el singular encanto de las zonas antiguas. Está claro, desde hace casi un siglo apenas hemos sido capaces de edificar cualquier cosa que merezca la pena ser conservada. Hemos atestado las ciudades de edificios horrorosos, mamotretos cuadrados de cemento —fríos, impersonales— que no transmiten absolutamente nada, ni albergan la más mínima intención de hacerlo.

Haríamos bien en fijarnos en nuestros edificios modernos, ellos revelan como ningún otro elemento en qué se ha convertido nuestra sociedad. Hemos desterrado el arte y la poesía de nuestras vidas, hasta el punto de que nos vemos obligados a acudir a los museos para apreciarlos… Cuesta imaginar algo más triste que esto, nos hemos encerrado en un insulso y feroz utilitarismo materialista que sepulta a varios metros bajo tierra cualquier intento de romper la férrea monotonía, la aplastante uniformidad, que necesita el sistema para vaciar nuestras vidas de contenido y forzarnos a llenarla de objetos y experiencias de consumo. Si fuéramos capaces de dotar a nuestra cotidianeidad de un sentido más artístico y creativo, es posible que muchos no se sintieran compelidos a tomar por asalto, como una marabunta, el patrimonio cultural por el mundo afuera. Es solo una suposición.

Lo cierto es que ninguna otra época de la historia ha sido tan pródiga en recursos y medios técnicos como la actual, pero por desgracia carecemos por completo de la elevada aspiración intelectual y espiritual que sería menester para concebir algo lejanamente parecido a La Alhambra. No seríamos capaces. Lo cual, como decía mi abuela, es como tener todo y rascarse el culo.

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3 comentarios »

  1. El arte ´son habilidades, con conocimientos, es tiempo, el tiempo es dinero, hoy en día no hay ni dinero, ni tiempo, ni tiempo para aprender una habilidad o un conocimiento. La vida se nos escapa de las manos.Si aprendemos algo tiene que ser rentable antes de acabar de aprenderlo… De ahí nuestro mundo
    Igual el turismo, el turismo es tiempo, es dinero, son carreras por verlo todo, haber estado en todos los sitios y en ninguna parte.

    Comentario por xiricc — 25 octubre, 2017 @ 5:37 pm | Responder

  2. Muy buen artículo, reflexivo y crítico. Me ha gustado bastante.

    Comentario por Caco — 2 enero, 2018 @ 7:04 am | Responder


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