El jardín del exilio

2 enero, 2018

Adiós a Lolita

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 8:46 pm
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LolitaEntre los que pertenecemos a una generación cuya madurez se gestó en los mimbres del siglo XX a menudo nos preguntamos, con un deje de nostalgia que denuncia los años que vamos acumulando encima, por qué ya no se producen grandes películas o grandes obras como antes. Parece una propensión natural del ser humano, llegadas ciertas etapas de la vida, caer en esa falacia tan recurrente y reafirmativa de que todo tiempo pasado fue mejor. Tampoco se trata de eso, pero es cierto que la incertidumbre que ha traído consigo el presente siglo, derivada del agotamiento de un modelo socioeconómico y cultural que hasta ahora confería sentido a nuestras vidas, ha hecho añicos el paradigma tan aceptado de un progreso lineal del que cabía esperar siempre un futuro mejor. Estamos comprobando en tiempo real que aquellas distopías imaginadas no hace mucho por la literatura, lienzos de un futuro plausible pero distante, cada vez se proyectan hacia épocas más cercanas, hasta el punto de preguntarnos si ya no estaremos viviendo de facto en alguna de ellas.

En definitiva, las amplias avenidas del progreso que nos conducían de forma inexorable a un futuro brillante, de repente se han desdibujado. Así pues la decepción ha dado paso a una abrupta ira e indignación, pero inmediatamente después, de forma ineluctable, también al miedo. Y de ahí al pánico no hay más que un paso de baile. Sucede que a la gente, cuando se ve sometida a un estado semejante de aprensión, le da por hacer muchas tonterías. De pronto la desconfianza mutua y la tensión se disparan, el mundo se puebla de enemigos taimados a los que hay que combatir para protegernos de sus oscuras garras; de pronto el mal se camufla subrepticio entre los aconteceres más elementales del devenir cotidiano y los medios para combatirlo nunca parecen suficientes, se hace imprescindible restringir, regular, vigilar obsesivamente; de pronto todo el saber de la humanidad acumulado a lo largo de los siglos parece no servir de nada, bienvenida otra vez la superstición y la superchería, bienvenida, pues, la postverdad. Hay que andarse con cuidado: cualquier declaración a día de hoy es susceptible de ofender a cualquiera, de ser multada o de ocasionar una pena de prisión. Hay que tomar cuidado con lo que se publica en las redes sociales, y qué no decir de hacer un chiste que invada el terreno de lo políticamente correcto, la religión del mundo moderno. La esfera del humor, particularmente, atraviesa por momentos tenebrosos, ya son unos cuantos los humoristas que han sido condenados por la Justicia. Es la peor señal posible, atentos: el mal no es sino la ausencia de sentido del humor, se trata ni más ni menos que del rasgo que mejor nos define como seres humanos en la acepción más positiva del término. Así que imagínense.

Mientras la sociedad asimila con asombrosa naturalidad el pronunciado retroceso que nos están imponiendo en materia de libertades individuales y valores democráticos —nos tragamos cuanto nos echen encima y más—, convengamos en una cosa: este ambiente enrarecido en el que nos encontramos inmersos no es el más propicio que se diga para la creación artística. Más bien es el terreno abonado para la mediocridad rampante de la oferta cultural que nos rodea, alimento de un público totalmente desquiciado y al borde del colapso neurótico.

Estos días terminé de releer Lolita, de Vladimir Nabokov. Sin lugar a dudas, una de las cimas literarias del siglo XX. Una creación extraordinaria, una exquisitez de principio a fin, una prosa sofisticada y prodigiosa, una trama compleja, estimulante, de una profundidad psicológica inaudita, en definitiva, un manjar para los amantes más exigentes de la literatura. Cuando cerré la última página (si es que tal cosa puede predicarse del uso de un e-reader) me invadió la triste certeza de que en la actualidad Lolita no sería posible.

Encarecidos amigos: Nabokov no era pedófilo, tampoco un pervertido. Tan solo usó su genio creativo para explorar sin complejos las posibilidades estéticas, incluso poéticas, que le brindaban unos personajes que se desenvuelven en una relación harto inusual, asimismo chocante: el amor obsesivo de un profesor de literatura maduro, culto, aquejado de las secuelas psicológicas de un amor fatídico e inconcluso de su juventud, por una nínfula de doce años. No es una obra fácil ni cómoda de leer, el autor pone al lector contra las cuerdas y lo reta a enfrentarse a sus prejuicios y a los de una sociedad basada en la superficialidad de las apariencias vacías, tanto como, no en grado menor, a sentir cierta empatía por un protagonista cuya salvación se intuye imposible de antemano. La maestría de Nabokov consiste precisamente en que, pese a todo —y para nuestro estupor—, consigue arrancarnos una nota de ternura por tan oscuro personaje.

Pero, ay, ahí está el problema: hoy en día nos vemos en la incómoda tesitura de tener que justificar circunstancias que hasta no hace mucho eran del todo obvias… Y ello, siento decirlo, solo puede significar que nuestra capacidad mental e intelectual han mermando a pasos tan agigantados que ya cuesta reconocernos. Pobres de nosotros. Es evidente que hemos entrado de lleno en una época de acelerada decadencia, la cosa va casi por horas, cuesta abajo y sin frenos.

Resulta curioso: tanto más avanza la tecnología cuanto más retroceden la cultura, la libertad y los derechos humanos. ¿No se suponía que era al contrario? Distopía.

En fin, querida Lolita, mi más sentido adiós. Quizá acabes engullida sin remedio en la caótica tempestad de estos tiempos oscuros.

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4 comentarios »

  1. Estoy totalmente de acuerdo con tu escrito, muy bien resumido y expresado.
    Hace ya mucho leía que en música hoy en día es difícil inventar algo, porque casi todas las melodías, acordes, no recuerdo cual era la palabra… posibles, ya estan empleadas.
    El miedo esta en los que controlan este mundo que se va, temen al mundo que viene y quieren que nos auto destruyamos en una carrera precipitada hacia un precipicio, como aquellos caballos que se arrojan a un acantilado huyendo de algo que no se sabe muy bien que es, o esas ballenas que quedan varadas en la playa cuando pierden su norte..
    Nos machacan por todos los medios, de forma constante con todos los peligros que nos acechan, quieren que aceptemos todas las normas, reglas, ordenes que ellos inculcan,… sino, todo será mucho peor, será el fin, bajar la cabeza asentir y seguid por este camino que no lleva a ninguna parte… o mejor dicho lleva al fin.
    La humanidad solo le queda romper la linea, la revolución, buscar un nuevo camino, independiente del que nos quieren imponer porque no saben , o no quieren que recorramos el otro camino donde ellos(los que controlan el mundo) perderán ese control. No se si muchos de nosotros nos daremos cuenta y seremos capaces de despertar(palabra muy en uso en nuestros días) de esta pesadilla en que hemos convertido nuestra sociedad.(Con tragedias,desgracias, cataclismos, salvajadas,incesantes,.. Desconectemos los Medios de comunicación!!!, desconectemos sus altavoces!!

    Comentario por Carles CC — 3 enero, 2018 @ 11:33 am | Responder

  2. Muy reflexivo, y conmovedor, espero que Lolita se haya ido al supermercado y vuelva pronto o que venga algún día.

    Comentario por Caco — 4 enero, 2018 @ 9:06 am | Responder


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