El jardín del exilio

15 enero, 2018

Aquellas pequeñas cosas que un día dimos por hechas

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 4:07 pm
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Prisión para la menteLa ignorancia no tiene tanto que ver con la falta de datos o de un conocimiento concreto —en ese aspecto cada uno pecamos de ella en alguna medida— cuanto con el presuntuoso convencimiento de que todo lo que necesitamos saber se circunscribe a un pequeño círculo cuyo centro converge en nosotros mismos, convertidos en una especie de agujero negro. El ignorante eleva la pierna y el alcance de su meada le sirve para trazar la frontera del universo, todo lo que pueda haber allende le resulta absolutamente prescindible.

La ignorancia es lo inmediato sin atender los costes que conlleva, es estar ciego a los lazos que nos unen con los demás y a las consecuencias de nuestros actos, es vivir en un presente desconectado del pasado y el futuro, es concedernos la importancia de la que carecemos, mucho más allá de la humilde mota de polvo que en realidad somos. Es lo vulgar, lo mezquino, lo insignificante, lo banal. La oscuridad y la destrucción.

El ignorante no necesita la verdad, él solo se basta, se la crea a su medida y la difunde fervorosamente convencido. Su terreno, su complaciente ciénaga: la postverdad, la prostitución del lenguaje cuya red de significantes dota de sentido a cuanto nos rodea.

La ignorancia nos está devorando, y no necesariamente —o no solo— a causa de la escurridiza astucia de una exigua élite que mueve los hilos desde la sombra y nos somete con sutileza a sus intereses. Como reza aquella certera máxima: no achaquemos a la inteligencia lo que puede ser explicado por la estupidez… El colapso intelectual de nuestra civilización ha colonizado todas las capas de la sociedad, lo cual constituye casi con seguridad el único acontecimiento democrático del que podemos disfrutar plenamente en nuestros días.

Uno de los mejores exponentes de esta ignorancia postmoderna de la que hablamos podemos hallarlo en el colectivo antivacunas, cuya lógica perversa tiene la virtud de ofrecernos una síntesis de la burda distorsión en la que se asientan sus postulados. Los miembros de este colectivo miran a su alrededor y, desde la privilegiada atalaya que le proporciona el Primer Mundo —así autodenominado, por sus santos uebos—, dictaminan que, como no divisan niños aquejados de enfermedades contagiosas en el radio de tres manzanas, las vacunas no pueden sino provenir de una conspiración juedo-masónica o algo parecido.

Se trata de la misma lógica que justifica ciertos recortes sociales: por ejemplo, como la gente (del Primer Mundo) cada vez goza de mejor salud eso solo puede significar que sobran médicos…

Los británicos decidieron aplicar una idea parecida con el brexit. Sí, pensaron, las cosas han mejorado bastante, pero ¿por qué tenemos que transferir fondos a la Unión Europea? Sería mucho mejor no hacerlo… obviando la suma de millones de pequeñas cosas que benefician a la sociedad británica precisamente por hacer parte de las instituciones comunitarias —al modo británico, of course—, esas pequeñas cosas insignificantes que se van forjando día a día sin que nos demos cuenta…

Subiendo un nivel, nos encontramos con el ínclito Donald Trump. Vaya, ¿por qué va EE.UU. a desperdiciar su dinero (su amado dinero) en mantener estructuras como la ONU? ¿Acaso no gozan los americanos de paz en su territorio? ¿Qué más les hace falta? Los demás que se las arreglen, aunque muchos de los problemas que sufren provengan de cosas como el comercio de armas o la contaminación medioambiental promovidas por su política. Por cierto, ¿alguien ha dicho «cambio climático»? Bah, todo el mundo sabe que el aire acondicionado esta para algo, además de suponer una gran oportunidad de negocio para las empresas… En fin, ¿qué puede salir mal?

Cuando nos levantamos por las mañanas y dejamos de hacernos preguntas, cuando miramos a nuestro alrededor y de repente nada nos sorprende, empezamos a presumir que «las cosas son así», que vienen dadas del modo en que las vemos y ya está. Lo cierto es que la realidad es engañosa, tras su epidermis se esconde una cantidad infinita de pequeñas causas y efectos que viajan por todo el universo desde tiempo sin principio y que, no obstante, casi como si se tratara de un milagro, de vez en cuando convergen en puntos concretos del espacio y el tiempo para hacer aflorar los fenómenos sensibles, para hacernos aflorar a nosotros… Entonces te das cuenta de que la realidad es extremadamente compleja y rica en matices: si nos preguntáramos en profundidad qué somos en verdad veremos que es muy difícil encontrarnos como algo totalmente acabado o definido, porque cada partícula que nos conforma está íntimamente ligada a todo lo demás —y los demás— que, a su vez, sostiene nuestra existencia.

En el momento que ignoramos o negamos conscientemente estas implicaciones entre nosotros y el mundo —todas esas pequeñas cosas que nos mantienen a él conectados— el trasfondo que llena nuestras vidas se transforma en un simple decorado de cartón piedra donde proyectamos los ciegos y vanos deseos de un ego diminuto, condenándonos a vivir desde entonces una fantasía que no es más que una prisión para la mente y, por tanto, a estrellarnos hasta el infinito contra el muro de la realidad —de la que nos creemos engañosamente «libres»—.

Así les sucedió a los independentistas catalanes. Inmediatamente después de declarar la independencia unilateral de Cataluña, sus ojos no podían dar crédito, pues sucedió algo extraordinario, es decir: no sucedió absolutamente nada, la vida y la rutina cotidiana de todos los habitantes de la región continuó exactamente igual que antes. La realidad les cayó encima como un jarro de agua fría: se habían olvidado de todas esas pequeñas cosas que tenemos la manía de dar por hechas pero que son innumerables y que, por habitar en todos y cada uno de los recovecos de nuestra existencia, se nos vuelven invisibles.

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3 comentarios »

  1. Esta vez no, no estamos de acuerdo,, en el tema de las vacunas y del independentismo catalán esta claro que no concordamos, y en el tema del Brexit y Trump. Aquí podemos estar de acuerdo en que ni el Brexit ni Trump solucionan nada, antes lo contrario crean y van a crear problemas y muy graves. Todo y así yo pienso que cuando en un cuerpo surge una furúnculo como el Brexit o Trump nos indica que en ese cuerpo hay algo que no funciona correctamente y lamentablemente esto es así, el “establishment norteamericano esta podrido” y esa por muchos admirada UE también.
    Nuestra sociedad cada vez esta marginando a un mayor número de población por mucho que los medios nos digan que cada vez vamos mejor, será mejor para unos cada vez menos y peor para unos cada vez más.
    Yo solo sé que no sé nada.

    Comentario por Carles CC — 16 enero, 2018 @ 12:00 pm | Responder

  2. Coincido contigo. Sobre todo en la seguridad de nuestros propios postulados, ignorando los de los demás y sus realidades. Saludos.

    Comentario por ricardo — 11 marzo, 2018 @ 10:28 am | Responder


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