El jardín del exilio

25 junio, 2018

Mi ciudad en la encrucijada

Filed under: Articulos — Iván Bethencourt @ 4:42 pm
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Transporte colectivoDespués de haber transitado por la ciudad de Los Ángeles, mucho podría hablarles de la enormidad y desmesurada extensión de sus avenidas, de cómo se pierden en la lejanía del horizonte en ambos sentidos o se sumergen bajo la piel de la inconmensurable barrera de cemento coralina de sus edificios para volver a aparecer en serpentinas caóticas más adelante, hasta donde alcanza la vista. O quizás cómo, en algunos cruces de avenidas principales, a los cuatro carriles por calzada que conforman la vía se le añaden otros cuatro más a cada una para permitir que los vehículos puedan girar a derecha e izquierda, llegando a sumar un total de dieciséis interminables carriles… Pero lo que realmente llega a impresionar es el hecho de que, a determinadas horas, las avenidas, todas y cada una, están tapizadas a lo largo y ancho de una impresionante marabunta de coches, en lo que es un caos indescriptible y monumental. Kilómetros y kilómetros de retenciones.

Por lo que observo, la ciudad de Los Ángeles ha llevado hasta las últimas consecuencias el ideal individualista en su versión más extrema, ese que niega las soluciones colectivas por puro complejo narcisista y que abunda en la creencia del otro como potencial enemigo, de cuya presencia hay que protegerse, ya saben, con el fetiche de un arma de fuego en la mano y el ritual subsiguiente de a ver quién saca más rápido (o la tiene más grande). Tal cual: un individuo, un coche. Por supuesto, no faltará el típico que con todo su palurdismo urbanita reclame al alcalde una solución, que habrá de consistir, porque hablamos de individualismo, en la construcción de más carriles para los vehículos a motor, ensanchamientos, circunvalaciones, etc. ¿Cuántos carriles más harían falta en las principales arterias de Los Ángeles para que pudieran absorber su descomunal volumen de tráfico? ¿Treinta? ¿Cuarenta? Imagínenselo. Sería ingestionable. En resumen, estaríamos hablando de un imposible, no habría forma de solucionar el problema del tráfico en una ciudad tan poblada sin una apuesta decidida por el transporte público con carriles exclusivos dedicados a su uso, en detrimento, eso sería inevitable, del coche privado. No hay otra. No obstante, resulta desalentador comprobar cómo una parte importante de la población es incapaz de vencer su bisoñez ideológica, y asimismo el modo en que el neoliberalismo ha colonizado nuestras mentes.

De vuelta a mi ciudad (su nombre es lo de menos, podría ser una cualquiera, casi todas participan de las mismas disyuntivas), me encuentro con el déjà vu de unas calles atestadas de coches, pero también de autobuses. Esta es la diferencia, los sucesivos gobiernos municipales han apostado, aunque moderadamente, por el transporte público. Hay autobuses en gran número, luego, ¿cuál es el problema? Bueno, pues que en cierto sentido es peor que en Los Ángeles… Veamos.

En primer lugar, el transporte colectivo está muy mal diseñado. Una de sus principales carencias consiste en la ausencia de intercambiadores en los barrios. Se trata de un error garrafal, porque de este modo todas las líneas del servicio confluyen en el centro de la ciudad, y eso inevitablemente incrementa el volumen del tráfico, es decir, objetivamente empeora la situación. Y lo hace porque los autobuses no tienen carriles exclusivos por dónde circular, pasan a engrosar las retenciones y embotellamientos de unas calles ya bastante saturadas de antemano. Eso, a su vez, tiene el efecto de desincentivar el uso del transporte público. Si al final tardas más en autobús que en tu coche, acabas decantándote por tu coche. Es de cajón.

En el fondo el problema sigue siendo el mismo que en Los Ángeles: la bisoñez ideológica, esa perorata de que hay que incentivar los mercados, las ventas, el consumo… En definitiva, nadie tiene el valor de plantarle cara al vehículo particular (y a todo lo que representa en nuestra escala de valores). En vez de eso, los políticos se embarcan en campañas cuyo eje central giran entorno a la intencionada demagogia del café para todos. Más coches, porque la economía local depende mucho de la ventas en el sector, más autobuses para, supuestamente, facilitar la movilidad sostenible y, sí, también más carriles bici para que la gente se desplace optimizando recursos. Lo malo es que ni siquiera los carriles bici están interconectados entre sí, tan solo te llevan de una zona concreta a otra zona concreta sin más posibilidades de conexión.

Y esta es la encrucijada a la que se enfrentan muchas ciudades en el mundo, no solo la mía. En la coyuntura actual, y en general, de la grandes ciudades hemos llegado al siguiente e ineludible escenario: o se apuesta por el coche o se apuesta por el transporte colectivo. Las dos cosas no pueden coexistir en el mismo tiempo y espacio. Y apostar por el vehículo particular ya sabemos adónde nos lleva. De modo que, siendo realistas, en zonas densamente pobladas solo nos queda el transporte colectivo.

Sí, ya lo sé, sería mucho más cómodo (y satisfactorio para nuestro ego) que cada uno pudiera usar su coche y hacer lo que le venga en gana. Pero así son las soluciones democráticas (colectivas, por cierto): un pésimo arreglo para todos en aras de evitar males aún peores.

(Qué difícil resulta vender soluciones en las que se exigen sacrificios personales, aunque sea para lograr un bien que a la postre redunde en beneficio de todos; los valores democráticos no pasan precisamente por su mejor momento…)

 

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1 comentario »

  1. Coincido. Aquí en LPS la crítica de unos cuantos a la Metroguagua (liderado este movimiento por Ciudadanos) va por ahí; porque se entiende un ataque al coche privado. No hay más. Después, la realización real del proyecto, los itinerarios concretos, se pueden criticar. El cómo se hace. La anterior coorporación implantó los trasbordos sin tener que abonar el segundo trayecto. Hay una apuesta por el transporte colectivo público y la disminución del impacto locomotor en nuestro día a día. Y es de agradecer. No os parece?

    Comentario por ricardo — 26 junio, 2018 @ 10:36 pm | Responder


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