El jardín del exilio

12 marzo, 2016

Ni ser ni no ser (¿entonces qué?)

Ser o no ser

Fue quizá el príncipe Hamlet, el inmortal personaje creado por Shakespeare, quien mejor resumió la cuestión central de la existencia humana con su icónica y, podríamos añadir, desesperada frase: ser o no ser. Es decir, y ni más ni menos: ¿qué somos en realidad? O, lo que es lo mismo, ¿qué no somos? Más aún: ¿por qué deberíamos ser o, en su caso, no ser? De modo que, planteado en estos términos, queda claro que estamos abocados a una cosa o a la otra. He aquí la cuestión, he aquí nuestra condena inapelable.

El problema del ser (en definitiva, qué son las cosas en sí mismas y, por extensión, cada uno de nosotros) ha ocupado a la filosofía occidental desde sus inicios, fue el tema por excelencia del clasicismo griego. Son célebres las muchas disquisiciones y teorías de los filósofos clásicos alrededor de este espinoso asunto. Sin embargo, en mi humilde opinión, la filosofía oriental ha resuelto con mayor solvencia el dilema del ser. Para el Budismo, en concreto, los fenómenos no son más que una confluencia de causas complejas que emergen ante nuestros sentidos, adquiriendo de esta guisa una existencia aparente: aquella que le otorga nuestra percepción. Es decir, por detrás del ser no hay nada, no hay una entidad a la que podamos identificar, más que como una mera apariencia etiquetada por nuestra mente. (more…)

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15 octubre, 2013

Repensando el individuo

InterdependenciaA nuestras pretensiones de libertad existencial, a la que normalmente aspiramos en su más amplia expresión (o eso quiero pensar), acaban oponiéndose limitaciones tan lógicas y de andar por casa como el contexto social e histórico o nuestra constitución física y biológica. Al final, terminamos por darnos cuenta, la vida humana es un fenómeno cuyas posibilidades de libertad, en caso de que seamos capaces de ejercerla de algún modo, se enmarcan en un escenario limitadísimo de extrema fragilidad y brevedad. Somos menos que una mota de polvo. Aunque, eso sí, con la peculiaridad de poder pensar por nosotros mismos (aunque no siempre aprovechemos esta singular capacidad como debiéramos). Y eso, pese a todo, nos convierte en entes extraordinarios. Quizás únicos.

Ahora bien, la circunstancia que más condiciona la visión que tenemos del mundo, de lo que somos como personas y hasta de nuestra propia vida —en una palabra: el ejercicio que hacemos de nuestra libertad—, con todo lo que ello conlleva, es la fórmula de la que echamos mano a la hora de interpretar y definir qué es la realidad. “¿Una fórmula?”, me contestarás, “¡yo no utilizo ninguna fórmula!, simplemente me limito a abrir los ojos y a mirar lo que hay”. (more…)

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